RESUMEN
Durante años, el análisis del turismo dominicano se concentró casi exclusivamente en cifras de crecimiento. Llegadas récord, ocupación hotelera y expansión aérea fueron los titulares recurrentes. Sin embargo, de cara a 2026, el debate debe cambiar de enfoque: ya no se trata solo de crecer, sino de consolidar un modelo turístico–inmobiliario más estructurado, diversificado y territorialmente equilibrado.
La República Dominicana entra en una nueva etapa, donde el turismo deja de ser un fenómeno concentrado en enclaves específicos y comienza a articularse como un sistema económico integrado, con el Este dominicano como su principal eje de expansión.
Cap Cana y el turismo de alto valor
Cap Cana representa, hoy por hoy, el ejemplo más claro de madurez del turismo inmobiliario en el país. Su fortaleza no radica únicamente en el lujo, sino en la integración inteligente de residencias, hotelería, marina, golf y turismo deportivo.
Eventos como el ATP Cap Cana, sumados a su infraestructura náutica y residencial, colocan al destino en un segmento donde el gasto promedio, la estadía prolongada y la inversión extranjera directa son significativamente superiores al promedio regional. Cap Cana no compite por volumen; compite por valor, y en 2026 se consolida como uno de los activos estratégicos más importantes del turismo dominicano.
Santo Domingo Bay y la reconfiguración de Boca Chica
En esta nueva cartografía turística, Santo Domingo Bay, ubicado en Boca Chica, juega un rol determinante. No se trata de turismo urbano capitalino, sino de un proyecto ancla para el reposicionamiento del litoral del Gran Santo Domingo Este, integrándolo al corredor turístico del Este.
Santo Domingo Bay combina desarrollo inmobiliario, vocación portuaria, turismo marítimo y proximidad estratégica al Aeropuerto Internacional de Las Américas, una ventaja logística poco común en el Caribe. Su impacto va más allá del turismo: implica revalorización del suelo, regeneración urbana y nuevas dinámicas de inversión en una zona históricamente subexplotada.
Este tipo de proyectos amplía el mapa turístico nacional, reduce presiones sobre polos tradicionales y crea nuevas oportunidades para inversión privada y empleo permanente.
Más capacidad, mejor distribuida
Los nuevos proyectos turísticos, inmobiliarios y de uso mixto permitirán al país incrementar su capacidad para recibir más de 500,000 turistas adicionales al año, pero con una diferencia clave respecto a ciclos anteriores: una mejor distribución territorial del crecimiento.
Destinos como Miches confirman esta tendencia. Con más de 900 nuevas unidades en desarrollo, que se suman a las existentes, el destino proyecta una capacidad adicional de 88,413 turistas anuales, sobre una base que ya superó los 300,000 visitantes en 2025. Miches deja de ser una apuesta futura para convertirse en un complemento real del Este dominicano.
A esto se suma la entrega, para finales de 2026, de 4,411 habitaciones bajo la normativa CONFOTUR, con capacidad para 414,000 visitantes adicionales, fortaleciendo la competitividad del país sin comprometer los incentivos a la inversión.
Cruceros, deporte y conectividad: los aceleradores
La decisión de MSC Cruceros de establecer La Romana como Home Port permanente a partir de 2026 consolida al Este como plataforma del turismo marítimo. Romper la estacionalidad y garantizar operaciones continuas impacta directamente en consumo local, servicios y empleo.
El turismo deportivo actúa como otro acelerador clave. Eventos como PGA Corales, Oceanman, ATP Cap Cana, el World Baseball Classic en Santo Domingo y los Juegos Centroamericanos fortalecen la ocupación hotelera, elevan el perfil internacional del país y diversifican el origen del visitante.
Todo este ecosistema descansa sobre una conectividad aérea sólida. Las alianzas con aerolíneas como TUI, Iberia, Air Europa, World2Fly, Neos, Discover y Edelweiss, responsables de más del 90 % del turismo europeo, garantizan más de un millón de asientos anuales para 2026, aportando estabilidad y previsibilidad al sector.
El verdadero reto de 2026
El desafío para la República Dominicana no es seguir sumando turistas, sino gestionar inteligentemente su expansión. Planificación territorial, sostenibilidad ambiental, infraestructura y coherencia entre turismo e inmobiliaria serán determinantes para que esta etapa de consolidación no se diluya.
Cap Cana y Santo Domingo Bay, desde realidades distintas pero complementarias, muestran el camino de un Este dominicano ampliado, más integrado y con mayor profundidad económica. Si 2026 confirma esta ruta, no estaremos ante un año récord más, sino ante el inicio de una fase estructuralmente más sólida para el turismo y la inversión inmobiliaria del país.
Por Joan Feliz
