El caudillismo: Un mal necesario en el país

Por José Núñez martes 22 de agosto, 2017
  • El caudillismo que surge en los años del 1800, es decir durante el siglo XIX en Hispanoamérica, por sus características se califica como un fenómeno político y social, el cual consiste en la llegada de líderes carismáticos que controlan el Estado o los partidos, cuya forma de acceder al poder y llegar al gobierno adopta diferentes modalidades, entre ellas las informales.

Se dice que el caudillo es una expresión de los intereses y la capacidad para resolver los problemas comunes. Incluso fue clave para que apareciera la figura del dictador y para las luchas entre los partidos políticos anticuados y pasados de moda, los llamados decimonónicos.

Entre las causas de la llegada del caudillismo a la República Dominicana podemos citar la ausencia de consenso político, la escasez de liderazgos sólidos, la inexistencia de una clase gobernante y las propias debilidades de las organizaciones políticas.

El fenómeno político del caudillismo se afianza en nuestro país en el año 1861, con la figura de Pedro Santana y la anexión España, lo que provoca luego la guerra restauradora y la segunda independencia de la República, que abarcó desde 1863 al 1865, con la salida del último hombre del ejército español.

La figura del caudillo, ciertamente continúa afianzándose con la era denominada Segunda República, y ésta (el caudillismo) tiene entre sus dos principales representantes en esta etapa al héroe de la Restauración, General Gregorio Luperón y a Buena Ventura Báez, líderes de los partidos políticos Azul y Rojo, colores que eran prácticamente su única diferenciación, ya que en términos de planteamientos ideológicos no existieron tales diferencias.

Todos estos años, desde finales del siglo XIX  hasta el XX, fueron una verdadera viacrucis política en el territorio dominicano, caracterizada por los cambios de gobiernos de todas las calañas; efímeros, dictatoriales, fraudulentos, democráticos…, siendo el más recordado, el del dictador Ulises Hereaux (Lilís), por ser el de mayor duración en esta etapa, ya que abarcó el período desde 1877 hasta el 1899, es decir, 22 años.

Toda esta era social y política descrita anteriormente en el país, toma un nuevo rumbo con la invasión de Estados Unidos del año 1916 al 1924.

Por todo lo dicho, decimos, el caudillismo en nuestra nación ha sido a través del devenir histórico, un mal necesario en los partidos, el cual nos persigue aún hasta nuestros días, ya que cuando el caudillo ha salido del escenario político sin importar las causas, en el corto, mediano o largo plazo los acontecimientos que se desarrollan en estas organizaciones así lo delatan.

En este contexto, observamos lo que sucedió con el Partido Dominicano cuando fue ajusticiado su líder y caudillo Rafael Leónidas Trujillo, el 30 de mayo del año 1961, un tirano de marca mayor, su desaparición física también se llevó su organización política.

Siguiendo en el orden del párrafo anterior, continuamos ilustrando estos planteamientos con la situación que se vivió y se vive en el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) después de la muerte del doctor Joaquín Balaguer el 14 de julio del año 2002, el cual ha ido de mal en peor, caracterizada por conflictos internos, renuncias, expulsiones, transfuguismos y divisiones, hasta convertirse en un partido de un digito en el recuadro electoral, con tendencia a seguir reduciéndose y quedar disminuido a una ínfima expresión.

Esa es la realidad monda y lironda en el PRSC después de la era política del doctor Balaguer.

Veamos ahora la situación del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) post Peña Gómez,  donde no ha habido un solo instante de tranquilidad y los conflictos internos son su modo operandi, inclusive parece en ocasiones que estas rebatiñas les dan energía a sus dirigentes, ignorando que esto provoca una desarticulación lenta pero segura.

Con la desaparición física de este fogoso e intelectual líder político dominicano, el 10 de mayo de 1998, José Francisco Peña Gómez, en el PRD parece que entró una desgracia, lo cual queda evidenciado en lo que fue el buey que más halaba en la era de este carismático dirigente y en lo que es hoy esa organización, por supuesto apalancada con sus acostumbradas divisiones, fuentes por excelencias junto a los conflictos y pleitos internos del debilitamiento en los partidos.

En el caso del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), cuyo ideólogo, líder y guía,  fallece el 1 de noviembre del 2001, el profesor Juan Bosch, en honor a la verdad, sus discípulos han sabido sortear la situación, aunque en el camino han convertido una estructura política cualificada en una maquinaria electoral; borraron del mapa peledeísta la formación y educación de sus cuadros, los locales en las ciudades y comunidades prácticamente son cosas del pasado, muchos dicen que el estar en el poder es la única razón que los mantiene unido.

Los dirigentes de la cúpula morada también  parece que olvidaron el siguiente planteamiento del Profesor Juan Bosch: El PLD tiene que ser un Partido de militantes, y lo primero que se requiere para ser militante de un partido es aceptar su posición ideológica sin titubeo, y en una estructura masificada y sin  educación política, esto es un imposible.

Pero por lo que se vislumbra y con una disciplina resquebrajada, la lucha por el liderazgo, corrientes externas que quieren más servirles a sus dos líderes principales (Danilo o Leonel) que comprometerse con el PLD, y los azuzamientos de algunos por protegerse, intentando poner los dos hombres fuertes a chocar, todo apunta a que su división significativa ha tardado un buen tiempo, pero que el azar del caudillo cuando desaparece físicamente de los partidos y del país no los dejará exentos.

La aparición del caudillismo moderno en el país a partir del 1930, y su desaparición en el 2002, representada básicamente en Rafael Leónidas Trujillo, Joaquín Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez, nos lleva a decir que, después de sus muertes, donde éstos ejercieron sus liderazgos, entra el mal; el debilitamiento de la organización política y hasta su desaparición.

En conclusión, nuestros caudillos, sin importar las etapas parecen un mal necesario o que entre el caos.

 

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