Ya ni el Jueves Santo se libra uno de los atracos

Por Letticia Feliz jueves 14 de abril, 2022

Ni el Jueves Santo, un día de la Semana Santa de esperanza y reflexión por el sacrificio que Jesús hizo en la cruz del Calvario por los pecados del mundo, los antisociales dejan de hacer lo suyo, o sea, robar.

Para esta clase de personas inescrupulosas, la soledad de las calles por estos días de asueto es el escenario perfecto para delinquir.

En el día de hoy, a pocos minutos de ser las 7:00 de la mañana, tomo un carro público en la ruta Delgado-Parque Independencia, específicamente en la calle María de Toledo, en el sector Villa Consuelo del Distrito Nacional, para dirigirme a mi lugar de trabajo, como de costumbre.

Al momento de abordar el vehículo en la parte de atrás, me fijo que habían dos personas, un señor medio mayorcito y una joven que aparentemente padece de obesidad porque ocupaba casi dos asientos, por lo que el chofer me dice que no iba a caber y que me pusiera en el asiento de alante.

Allí iba un hombre de elevada estatura, bien vestido y el único que respondió a mi saludo de buenos días con un «Buenos días, señorita», y sonriente pese a que íbamos como sardinas en lata.

Al estar ya dentro del carro, atesoro mi cartera entre mi cuerpo y procedo a pagarle los RD$35 al chofer. Luego de esta acción no pasaron 30 segundos cuando el conductor le dice al hombre que iba a mi lado que no puede pasar un cambio porque él estaba muy encima de la palanca.

En ese momento, por el movimiento un poco abrupto del pasajero, el asiento se mueve hacia atrás y la chica que estaba detrás grita: «¡Chofer, mi pierna, mi pierna, la tengo atascada, detente!».

El chofer se para en medio de la calle para que nos desmontemos, le digo que se orille para así poderme desmontar.

Cuando voy abrir la puerta no tenía el manubrio de adentro (nada nuevo en los carros públicos), por lo que tengo que moverme para poder estirar el brazo y abrir la puerta por la manija de afuera.

Sé que, en ese momento, al estar enfocada en abrir la puerta descuidé de vista mi cartera y fue el momento perfecto para que me robaran el celular.

Yo, muy ingenua al fin, salgo del carro, subo a la acera y veo que el hombre que estaba a mi lado no se desmonta y procede a tirarme los 35 pesos que le había pagado al chofer, mientras me dice que tome otro carro porque iríamos muy pegados.

Aún pasando todo esto, yo no caigo de que me habían robado y procedí a recoger el dinero, pensando que esto era algo muy extraño y ahí me fijo que el carro donde me había montado no estaba rotulado.

Me doy cuenta del robo de mi celular cuando llego a mi trabajo y ahí todo me hizo sentido.

Fue un robo perfectamente orquestado, con excelentes actores que deberían estar trabajando mínimo en unas de las películas de Roberto Ángel Salcedo (Robertico), fue un montaje perfecto, con un guion impecable.

Ya quedó en el olvido el viejo y conocido truco de arreglar el retrovisor. Los asaltantes de este tipo se están reinventando y hay que tener mucho cuidado con eso.

Puede que muchos digan que esto me pasó por no fijarme de que el carro no estaba rotulado, pero realmente no, esto me pasó por la gran cantidad de delincuentes sueltos que tiene mi hermoso país, personas que muchas veces salen a asaltar en grupos de amigos con la excusa barata de que no tienen con qué sustentar a su familia.

Aunque me siento triste e indignada, gracias a Dios preservaron mi vida y las otras cosas de valor que tenía en mi cartera no fueron sustraídas.

Pero ya sabemos que estos días ni tan santos son. Andemos con cuidado y optemos siempre por hacer el bien pese a las maldades de este mundo.

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