¿Y tú, que esperas?

Por Ricar Rodríguez miércoles 10 de abril, 2019

La comunicación es algo extraordinario. Desde que nacemos tenemos la necesidad de entender al prójimo y ellos a nosotros, esto para poder sobrevivir. Los teóricos en esta materia nos dicen que hay un sin numero de formas de hacer que llegue un mensaje de un punto a otro, la más fácil: por medio de la palabra.

Esas que escribimos y podemos codificar en sonidos para que otros bípedos las decodifiquen y así poder interpretarlas, es una de las cosas más asombrosa del ser humano. Si lo analizamos desde el punto de vista científico, la neurociencia nos dice que para poder emitir y recibir estas señales sonoras, nuestro organismo excita millones de neuronas, al igual que con la lectoescritura. ¡Asombroso!

Los que estudiamos y ejercemos la política sabemos la importancia de la comunicación, pero tenemos una muy especial valoración por la palabra, porque se hace imprescindible a la hora del activismo, democrático o no.

Democrático porque el poder tolera disidencia; antidemocrático cuando el gobierno intenta borrar del mapa cualquier tipo de acción opositora.

¿Y qué sería del país con las voces opositoras apagadas?

La respuesta a este cuestionamiento se puede parpar cuando el oficialismo cierra los programas de radio y tv que de una u otra forma cuestionan las acciones indebidas de un sector del poder; cuando no permiten que los partidos opositores participen en los espacios de toma de decisión, ni siquiera en minoría.

Entonces, los ciudadanos que decidimos hacer oposición desde la militancia en un partido político, y que prácticamente tenemos la prohibición de participar en espacios de poder, intentamos alzar la voz, de forma escrita y/o verbal en diferentes medios como periódicos físicos y digitales, en el transporte público, en el barrio conversando con los vecinos, en las redes sociales.

Sí tenemos que hacer señales de humo para transmitir nuestro mensaje, lo vamos a hacer, porque asumimos un compromiso más allá de lo personal, con una posición política en contra de todo el retroceso que significa estos 20 años de gobierno morado.

Estoy consciente de la responsabilidad que significa el poder, estoy dispuesto a pagar el precio de aportar para cambiar el rumbo que lleva nuestro país.

Si cada dominicano y dominicana toma la decisión de amar a su patria más allá de la comodidad de su posición socioeconómica, de aferrarse a la lucha por la democracia, podemos hacer que nuestro país sea mas justo, que los mas pobres puedan acceder a un sistema de salud humano, que los envejecientes no tengan que disponer de sus hijos para sostenerse económicamente.

Un país donde no tengamos miedo de salir después de cierta hora, que la droga no esté proliferada, que los casos grandes de corrupción no se vean viciados por el poder político del partido de gobierno.

Yo estoy luchando para que nuestras voces se escuchen, para que nuestras palabras tengan poder. ¿Y tú, que esperas?

Por: Ricar Rodríguez

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