Violencia racial

Por Manuel Hernández Villeta lunes 1 de junio, 2020

La discriminación racial, el desconocimiento intrínseco  del derecho a la libre expresión y considerar la vida como un objeto sin importancia, son de los hechos más abominables que se pueden dar en la humanidad. Por cientos de años, la lucha principal de mujeres y hombres ha sido por vivir en un régimen donde no exista la opresión.

El racismo en los Estados Unidos, el desprecio a minorías étnicas y el rechazo a una plena integración social de todos los ciudadanos, es uno de los gérmenes primarios de violencia que siempre ha llevado en sus fuero interno la sociedad norteamericana.

La muerte de un hombre común y corriente en Minnesota no es un hecho aislado. Es parte de esa polilla de discriminación racial que todavía está en segmentos minoritarios de la sociedad norteamericana. Sin embargo, esa insignificante minoría tiene fuerza, mantiene poder y casi siempre las autoridades son pusilánimes ante sus andanzas.

La forma en que miles de manifestantes salieron en las principales ciudades norteamericanas a protestar por la muerte de un hombre de color a manos de un policía blanco, es una muestra de que los estadounidenses rechazan esa forma de violar el derecho a la vida.

El color de la piel no puede ser objeto de exclusión social. El valor de mujeres y hombres no está en si es claro u oscuro, sino en sus principios y cómo actúan con responsabilidad ante los problemas personales y colectivos.

En Estados Unidos, Barack Obama fue elegido presidente  a pesar de ser un hombre de color, al igual que su señora. Enfocó acciones importantes para acabar con todo vestigio de rechazo racial y étnico, pero todavía ese mal sigue enraizado en lo más profundo de segmentos  sociales  que no aceptan la modernidad y el cambio.

La única, sangrienta y devastadora guerra civil que han vivido los norteamericanos, ocurrió cuando se proclamó la libertad de los esclavos, que en su mayoría eran negros. Para los patriarcas del Sur norteamericano los esclavos eran la base de sustentación de sus plantaciones, y prefirieron la terrible lucha interna, antes que dar libertad pura y simple.

El mártir de los derechos Civiles, el reverendo Martin Luther King, tuvo un sueño que todavía está pendiente, pero que va camino de convertirse en realidad. Todos los hombres tienen los mismos derechos y deberes, y es inaceptable que se les discrimine, explote y esclavice  por el color de su piel.

En medio de la pandemia, con mascarillas y guantes, la parte más sensible de la sociedad norteamericana rechazó la violencia racial, y la ejecución de escenas que violan los principios de convivencia pacífica.

Todavía el sueño del reverendo Luther King no se ha  convertido en realidad, pero si está comenzando a sepultar los viejos métodos  de un pasado que debe ser borrado por la justicia, el derecho y la paz en el mundo. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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