Victoria de Luis Abinader: ¿Estrategia o suerte?

Por Borja Medina Mateo sábado 1 de agosto, 2020

La victoria del presidente electo, Luis Abinader Corona, tiene (y tendrá cada vez más) múltiples elementos de análisis para comprender a qué correspondió que fuera él quien pusiese fin a los 16 años de hegemonía peledeísta. Eso, por supuesto, supone luces y sombras, fortalezas y debilidades, pero, sobre todo, muchos retos. Aun así, avanzaremos algunos puntos interesantes para reflexionar sobre la dinámica político-electoral de la República Dominicana, especialmente, sobre tres: 1) El candidato 2) El partido y 3) La campaña electoral. En esta ocasión, sobre el punto número uno.

El Candidato

En primer lugar, Luis Abinader, como figura política en ascenso, es un producto extremadamente manejable para el marketing político de hoy día. Es decir, en su historia personal se conjugan cualidades que permiten la creación de una narrativa política que logre captar la atención del electorado, por ejemplo: 1) Origen familiar/¿quién es? (hijo del dirigente político José Rafael Abinader); 2) Las causas permanentes de su padre respecto de la educación y de la ética e integridad como principios de la función pública, lo que podría ser igual a decir: valores necesarios para combatir la corrupción administrativa (tema preponderante en el imaginario colectivo dominicano de la actualidad); y 3) participación partidaria activa y ascendente en los momentos más críticos del PRD y lo que hoy es el PRM.

El primero de estos tres elementos, guarda especial singularidad. Puesto que, José Rafael Abinader, era conocido popular y generalmente como “Abinader” y estuvo gravitando en el escenario político local en posiciones de primer orden desde la Era de Trujillo. Esto significa que, en el desarrollo de la democracia dominicana y en la mentalidad de la población, el apellido Abinader ha estado presente.

Sin embargo, no ocurrirá igual con los hijos, nietos y familiares de expresidentes y dirigentes políticos que ahora inician formalmente su carrera política, por la sencilla razón de que lo sonoro en este caso es el apellido y en los casos actuales los nombres han sido los predominantes. O sea, para ellos no existirá esa base en el inconsciente popular de la que pudo servirse Luis Abinader. Pues, con su salida, muchas personas habrán escuchado el apellido, sin jamás haber visto su cara. Pero, por simple asociación, le ha favorecido bastante.

También se recuerda que, Abinader padre, además de haber sido ministro de finanzas en diferentes gobiernos perredeístas, fue Senador por la provincia de Santiago y tuvo un proyecto presidencial que tenía como estribillo: “Abinader, gana y gobierna con él”.

En el segundo aspecto, es sabido que la política debe nutrirse de causas. José Rafael Abinader fundó la Universidad O&M (causa por la educación), participó de manera activa en el desarrollo de la industria turística con proyectos hoteleros de inversión privada, y, en su quehacer político, sostenía constantemente un discurso sobre la ética en la función pública (lucha frontal contra la corrupción: el principal hándicap de la marca PLD). Esto, naturalmente, es a lo que su hijo Luis Rodolfo se adhiere al momento de incursionar en la política vernácula.

Sobre la tercera cualidad, cabe destacar que en el año 2005 fue electo vicepresidente nacional del Partido Revolucionario Dominicano justamente después de esa organización haber sido desplazada del gobierno central por el Partido de la Liberación Dominicana. Es decir, el inicio de su ascenso a la primera línea en las filas del PRD ocurre en forma paralela a lo que, para sus correligionarios y para él mismo, debió ser el enquistamiento del peledeísmo en las esferas del poder por dieciséis años consecutivos. Por tanto, su carrera ha sido construida en momentos de desventaja política, lo cual, supone algún nivel de trabajo político, de esfuerzo personal y de sacrificio humano.

Siete años más tarde, en el año 2012, fue candidato vicepresidencial junto al ex presidente Hipólito Mejía, quienes por apenas tres puntos porcentuales, fueron derrotados por un Partido de la Liberación Dominicana gobernante y unido. Lo que no fue así en el PRD, ya que el Ing. Miguel Vargas Maldonado, quien había sido candidato presidencial en el 2008 y aspiró nueva vez en la contienda interna del 2011, no se integró a la campaña electoral de su partido.

Dos años después, en el 2014, fruto de la confrontación interna de ambos grupos en el PRD, se funda el Partido Revolucionario Moderno con Hipólito Mejía y Luis Abinader como sus líderes. Los mismos, en el año 2015, compitieron por la candidatura presidencial y resultó electo Luis Abinader con un 70% de los votos. Así, concurrió a la campaña nacional en el 2016 y obtuvo un 35% del sufragio.

Todo lo anterior indica que, sin lugar a dudas, Luis Abinader no es un presidente electo por azar, sino, más bien, fruto de la construcción de un perfil político altamente mercadeable y, por consiguiente, de un candidato que cultivó el éxito que hoy exhibe.

AUTOR: BORJA MEDINA MATEO

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