“Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo vanidad”

Por Rolando Fernández lunes 10 de julio, 2017

¡Cuántos creerán que la puerta del Cielo en realidad está en la Tierra! Ingenuidad extrema, por no llamarle ignorancia, e ímpetus vanidosos detrás de ésa, que son puestos cada vez más en evidencia por parte de un gran segmento de la especie humana;
Obviamente, son aprovechados esos en el marco de las manipulaciones mercadológicas, denominando así a un cementerio, que solo sirve para depósito allí de los despojos mortales que abandonan las entidades espirituales desensarnantes, en su momento justo.

Jamás sirve ese sitio para entrar nadie a tan elevado plano de conciencia – Cielo – cuando es abandonado el “hábitat” terrenal transitorio para expresar corrientes de vida. Todo es mercadeo y manipulación pura. ¡Qué nadie se llame a engaño!
Claro es que los hombres (general) no tratan de indagar y concienciarse sobre su real esencia; lo que realmente son, entidades espirituales con un ropaje carnal; que esas pertenecen a otro nivel en el Universo, no a la Tierra.

“El Espíritu es el principal componente del ser, preexistente con relación a la cuna, preside todo el fenómeno de la vida biológica y sobrevive al deceso celular”. Obra: “DEPRESIÓN, CAUSAS, CONSECUENCIAS Y TRATAMIENTO”, de Izaias Claro.

Lo físico carnal, cuando por circunstancias prematuras de naturaleza kármicas debe cesar en sus funciones (muere), o se convierte en inservible para fines de Expresión Divina, siendo objeto del mismo proceso, por igual hay que dejarlo en el lugar a que corresponde, lo terrenal; se transforma rápidamente allí en desperdicios putrefactos, y luego en osamentas, que después pasan a ser simple polvo.

Es el desconocimiento cabal sobre lo espiritual esotérico, respecto de tal realidad innegable, por un lado, como el apego obvio a los cánones de estilo, los que provocan el estar trasladando cadáveres de un camposanto a otro, tras considerar el elegido de mayor clase, mucho mayor lujo, y ostentación por supuesto; verbigracia del “Cristo Redentor” a la “Puerta del Cielo”. ¿Qué sentidos tiene la decisión, que no sean esos?
No es cuestión de “espacio digno”. ¡Para las osamentas humanas todos los son!, y sin distingo alguno de pertenencia otrora. Ahora, donde jamás debe faltar “un lugar selecto” para recordación y honra de los “prohombres” que ya han partido, es en los corazones, y las mentes de sus deudos y admiradores; de todos aquellos que reconocen sus aportes a las sociedades.

Aquí tenemos, por ejemplo, un Panteón Nacional, donde a su debido tiempo deberían ser llevados, por decisión soberana, y para distinción póstuma, los retos mortales de los más connotados ciudadanos de este país, que lo merezcan, claro está, por sus obras, sin importar el género a que hayan correspondido. ¡Sí habría justificación entonces para trasladar sus esqueletos, o huesos humanos!

El “Cementerio Cristo Redentor” no se le debe menospreciar. Lo que sí procede es exigir amplia seguridad en su interior. Aunque haya allí difuntos que pertenecieran a las capas bajas sociales entre nosotros, también se tienen en el lugar las tumbas de hombres y líderes muy destacados de esta nación, donde se acude a rendirles los cultos merecidos, sin problema alguno.

Solo como referente, ese camposanto ha sido por años la última morada de personajes tales: doctores Joaquín Balaguer, y José Francisco Peña Gómez, entre otros, que al margen de simpatías políticas o no, siempre habrá que sacarles sus comidas aparte en esta nación, y fuera de aquí, por las condiciones bastante sobresalientes que les adornaron durante sus existencias físicas.

Cuando se está en presencia de procederes en correspondencia con lo aquí tratado, es obvio que, todo se desprende de lo dicho por el Predicador: “Vanidad de vanidades, todo vanidad”. Eclesiastés 12:8, Sagrada Biblia. ¡Reflexiónese pues!

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