Valor, decisión y estrategia de Duarte para consumar nuestra Independencia

Por Angelito Manzueta de la Cruz jueves 9 de noviembre, 2017

Juan Pablo Duarte nació un 26 de enero de 1813 en el sector de Santa Bárbara, en la calle del Caño, hoy Isabela Católica. Sus padres fueron el comerciante español Juan José Duarte y la criolla Manuela Diez. Recibió una enseñanza adecuada, de mano de maestros dedicados y de padres que tuvieron, la decisión de orientarlo y de educarlo desde la niñez.

Cuando Juan Pablo cumplió sus 15 años de edad, sus progenitores los enviaron a E.E.U.U. y a Europa a continuar sus estudios. En los Estados Unidos perfeccionó el inglés e inició estudios de geografía universal de parte del profesor W. Davis; en Paris estudió francés y tuvo conocimiento de los ideales de los protagonistas de la Revolución Francesa; además en su recorrido por Inglaterra y Barcelona, obtuvo aprendizaje de historia, derecho, de técnica de milicia y guerra.

En el año 1832 regresó Duarte al Puerto de Santo Domingo, al recibirlo sus familiares, el Dr. Juan Manuel Balcácer cita en su obra a Duarte, que uno de sus viejos amigos, le preguntó al joven recién llegado, que más le había impresionado  en Europa y Duarte les contestó. ¨Que la forma de gobierno propio y la libertad en aquellos Estados.¨ Esto nos muestra que el hoy padre de la patria vino con la determinación desde el primer momento, de luchar para obtener nuestra independencia.

Duarte, que en su recorrido por E.E.U.U. y Europa se había empapado de la corriente liberadora e independentista, que se había desarrollado en el viejo continente y que se desarrollaba en América, trazó como estrategia a su regreso a Santo Domingo una serie de planes , que exponemos: ingresa, junto a otros compañeros al ejército del gobierno de Boyer con el fin de tener entrenamientos y puestos de mandos, organiza la sociedad secreta La Trinitaria, como instrumento político de liberación; también crea las sociedades La Filantrópica y La Dramática, instrumentos culturales que le servirían como puntos de apoyo en la difusión de sus ideales. También formó una alianza de la Trinitaria con el movimiento de la Reforma que en Haití dirigía Charles Herard, enemigo político de Boyer para derrocar a este y facilitar así el proceso de independencia.

El valor incuestionable de Duarte, se puso de manifiesto,  solo con su decisión de emprender el proyecto de independencia, esto si analizamos que la nación haitiana había consumado su proyecto de creación de su Estado en 1804 y que la revolución de independencia haitiana había servido de ejemplo al resto de pueblos americanos que anhelaban independizarse,  que por lo tanto gozaba de la admiración y el respeto de esos pueblos; además si tomamos en cuenta que ninguna otra isla cuenta con dos estados; también si tomamos en cuenta que Jean Pierre Boyer gobernaba Haití desde 1818, con un gran apoyo, económico, político y militar y que había ocupado nuestro territorio desde 1822.

A pesar de todos estos desafíos, Duarte emprendió sin titubeos esta misión ardua, disponiendo de los recursos económicos de su familia, sino también arriesgando su vida,  las de sus familiares y compañeros, para construir la patria hermosa que hoy disfrutamos.

La alianza de la trinitaria y el movimiento de la reforma, dio sus frutos al caer derrocado Boyer en 1843, pero el nuevo líder Haitiano Charles Herarad conocedor de las intenciones independentistas de los trinitarios, vino a perseguirlo apresando a Mella, Duarte pudo escapar saliendo al exilio forzoso, dejando a Sánchez que había enfermado al frente de la Trinitaria.

Los trinitarios dirigidos por Sánchez consumaron los esfuerzos libertarios, al proclamar el 27 de febrero de 1844 nuestra independencia.

Duarte, fue una figura sin sombras, con mente preclara que es honra de la patria, con su ideal sacrosanto armó la plataforma que produjo nuestra independencia; es por sus legado que todos los dominicanos, en especial: funcionarios públicos y privados, maestros, profesionales, comunicadores y todos hombres y mujeres de bien estamos en la obligación de valorar y resaltar sus ideales, dedicación,  para que le sirvan de ejemplo a las presentes y futuras generaciones.

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