Unidad para sobrevivir

Por Manuel Hernández Villeta martes 6 de abril, 2021

La iglesia católica exuda  músculos con motivo de la Semana Santa. Situación atípica en medio de la pandemia, de la violencia intrafamiliar y callejera y la lucha contra la corrupción. Presente está todavía el estilo de Nicolás de Jesús López Rodríguez, ahorra arropado por una neblina de conservadurismo.

La lucha para impedir los tres causales en la interrupción de los embarazos pone a la iglesia a pelear. Firme en la línea que viene desde El Vaticano, enfrentando a todos los que quieren el aborto. Es fuerte en todos los sectores mediáticos, y logra poner una pared ante las feministas.

Sectores de la  Iglesia católica tienen un glosario de aposentar en su seno acciones negadoras del principio cristiano. Los curas pederastas son el primer síntoma de la tolerancia y el atropello contra los inocentes. La jerarquía apoyó los desmanes y en otros casos volteo la mejilla para no ver, y se tapó los oídos para no escuchar.,

En el país hay dos sectores organizados que responden a líneas verticales: la iglesia católica y la guardia. Mientras la corrupción campea en la sociedad, los guardias son una referencia y un bastión en la lucha democrática. Cuando la Patria les reclama están presentes. No se olvide que la revolución de abril fue iniciada por los militares constitucionales.

Las denuncias de los asotanados  hay que tomarla en cuenta, sobre todo si salen más allá del rumor callejero. Los curas están diseminados por todo el país y hablan con millones de personas, escuchando sus quejas, sus alegrías, sus dolores. De ahí que es inaceptable cuando los religiosos, conociendo los males, están de espaldas ante las reivindicaciones nacionales.

A pesar de ser un conservador en lo que se refiere a la Teología de la Liberación, López Rodríguez fue un batallador  en la  búsqueda de soluciones de males ancestrales para el país. Defendió posiciones de clase en la etapa final de la guerra fría. Fue tradicionalista, cuando se imponían cambios trascendentales.

No se le puede pedir a la iglesia dominicana que siga el viejo camino sin retorno de Camilo Torres o  Los curas contestatarios  de los 70 que cambiaron el crucifijo por las metralletas. Pero hay que ser consistente en las denuncias, para que las soluciones afloren.

Los graves males de hoy devienen a que se destruyó el germen básico dela sociedad que es la familia. El hogar disfuncional comienza en el aborto y termina en la cárcel o el cementerio. La guadaña de la miseria agarra con sus uñas al depauperado, al muerto de hambre, a la clase media y a los adinerados.

Hoy se necesitan cambios económicos y sociales y la iglesia católica debe saber que los mismos se llevarán a cabo con ella o por otras vías. Hay que levantar el mansaje de redención de Cristo en medio de los infortunios. Sin temores, sin cobardías y sin los tradicionales amigos y enemigos favoritos. Unidad para sobrevivir. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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