Unidad para los cambios

Por Manuel Hernández Villeta jueves 2 de febrero, 2017

Los problemas de la juventud dominicano no ocurren por ser un segmento social que cae en desgracia individual; es el sistema que está corroído y necesita un relevo. Es erróneo y fuera de contexto considerar que la falta de oportunidad únicamente toca a los que están entre los 18 y los 25 años. Toda la sociedad está carcomida y necesita que se cambien las piezas que colapsaron.

Es faltar al rigor de análisis científico decir que se está en crisis porque se es joven, o que los caminos están cerrados para los de la primera generación. Todos tenemos un stop al frente. Los problemas del viejo, del pobre, del joven, de la mujer son los mismos. Es que la sociedad no responde a las necesidades de los ciudadanos.

La lucha por la mejoría de la vida no puede estar delimitada a la mujer, al joven, no, tiene que verse de una forma global. Los fuera de la producción no se pueden buscar por la edad o el color de la piel, sino por las causales de una economía donde unos se hacen ricos y los otros más pobres.

Hay jóvenes que tienen problemas para conseguir el primer empleo, pero las puertas de entrar a los medios de producción se les cierran a las mujeres al llegar a los 35 años y a los hombres a los 40. Es difícil que a una persona de más de 35 años a 40 años se le faciliten las oportunidades para conseguir un trabajo nuevo.

La experiencia solo cuenta por la permanencia en el puesto donde labora, o por el contrario, cuando en el caso específico del área a que se dedica se necesita a una persona con una visión específica. El título universitario en un joven no es el fin del camino, sino el primer paso en la senda del futuro. Tiene que acumular experiencias desde abajo. Se puede ser bueno en los estudios, pero incompetente en el desarrollo de la vida diaria.

Se puede ser un joven con ideas viejas, y un adulto con capacidad de hacer cambios permanentes y adecuarse a los nuevos tiempos. Hay que estudiar a fondo las causas sociales, económicas y políticas que le cierran la oportunidad de una vida decente a la mayoría de los dominicanos. De seguro que se verá que las puertas no están cerradas por la edad o por el sexo, sino que los excluidos no cuentan.

La lucha por cambios en esta sociedad corroída tiene que llevarla a cabo cada dominicano. Juntos en una marcha sin tregua, sin pausas y sin entretenimiento. Esa es la única forma de lograr un mundo mejor para todos. La unidad es necesaria para lograr el desarrollo integral de la sociedad. Sin esa unidad todos nos jodimos. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

 

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