Una sociedad robotizada

Por Rolando Fernández miércoles 1 de mayo, 2019

Es lo que, con muy poco temor a equívoco, puede decirse con respecto a la población dominicana; al grueso de la gente aquí, observable indiferente a todas luces, en el marco del innegable deprimente escenario, que se ha venido presentando en el país desde hace ya algunos años. No se ostenta rubor poblacional alguno. Evidentemente, es una actitud ciudadana casi generalizada, la cual más notoria se torna cada vez.

Y todo, como se puede advertir, debido a la falta de raciocinio verdadero, o de capacidad pensante media, crítica, objetiva, que se exhiben con cierto grado de desfachatez; al igual que, la no preocupación por los derroteros futuros que le esperan a este país, producto de los pensares oportunistas, y las ejecutorias desaprensivas de un buen número de personas, de esas que se han destacado a nivel de los sectores políticos y económicos regentes, locales y extranjeros, desde hace varios lustros.

Obviamente, la presupuestada penetración cultural permitida, e incidente, no cabe duda, como la alienación inducida a través de cuántos medios disponibles se tienen localmente, han hecho blanco perfecto en jóvenes, adultos y envejecientes nacionales, convirtiendo a muchos de ellos en “robots” carnales; en seres impensantes, narigoneables con toda facilidad

Ya el grueso de aquellos, solo está atento a la llamada música urbana, degenerativa; el estar hablando sandeces por un celular(chateando), o digitando mensajes; al uso de las conocidas tabletas; el estar escribiendo y publicando disparates en las redes sociales; como, haciéndoles coro a los políticos farsantes que se gasta la nación, a cambio de las migajas electoreras que dejan caer a los desposeídos,  en pos de que les ayuden a mantenerse, o alcanzar  el poder .

Y, para completar, ahora los poderes que regentean la sociedad mundial andan detrás de que se legalice, en muchas Repúblicas, de la que no escapa la nuestra, el uso de la etiquetada “marihuana medicinal”, algo que ya ha ocurrido en algunos países. ¡Gran gancho, dicen los que piensan!

Están enfilando decididamente los cañones anestesiantes con tal propósito, obteniendo la adhesión de algunos galenos que lo entiende como favorable; con determinados beneficios científicos en el orden de una mejor salud para la gente, en términos del combate a ciertas afecciones humanas; y, otras argumentaciones relativas que se esgrimen, tales son: el tipo, y ciertos componentes de la referida planta, ya identificados, según ellos.

Es obvio que, independientemente de cuán beneficiosa pueda resultar la utilización del alucinante, o alucinógeno, de que se trata, subyacen detrás otros objetivos de naturaleza comercial propiamente; como, promotores de una mayor enajenación, o atolondramientos humanos, a los fines de facilitar más eficientes narigoneos, manejos extendidos con amplitud y consistencia. ¡Nadie se pierda; el caramelo no es tan dulce como se quiere vender!

Además, esa es una acción asociada con la salud de hombres y mujeres, que debe estar supeditada a países con verdaderos controles de seguridad social, y estricta supervisión de calidad, respecto de todos los medicamentos que se usen en el área de que se trate, máxime, cuando de drogas tan evidentes se trate.

Claro, eso es en el caso, vale recalcar, de que, la intención pura en su totalidad, esté dirigida solo en lo concerniente a la medicación científica, por completo, que es la gran duda que se tiene en este caso, por entenderse las justificaciones que se externan, como un disfraz embaucador más.

En el sentido de lo anterior expresado – seguridad y controles requeridos -, sería muy osado decir, que esas cosas se tienen en Dominicana, terruño que, no se está quedando fuera de los blancos escogidos por los mandantes innegables, dentro del cuestionable proyecto mercantil-alucinador en curso, ideado fríamente.

Luego, hay que poner los pies sobre la tierra; y, sincerizarse previamente aquí, para no correr todos los riesgos probables implícitos, en relación con la salud de nuestra gente, por una parte; y, por la otra, para que adrede, no se siga robotizando la sociedad dominicana, con los consecuentes   daños mayores que el nuevo invento podría acarrear para el país, en un futuro no muy lejano.

 

Autor: Rolando Fernández

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