Una sociedad en retroceso obvio

Por Rolando Fernández sábado 14 de septiembre, 2019

Qué lástima, cuando en los países se desconoce todo sentido de autoridad obligatorio, para evitar el caos generalizado que siempre habrá de sobrevenir; donde todo el mundo quiera hacer cuánto le venga en gana, sin reparo alguno; y, se individualice el accionar solo en provecho propio, jamás pensando en los demás; que el asunto nada más sea buscárselas, como se dice popularmente.

¡Comprobable es esa realidad en Dominicana! Solamente tiene cualquiera que darse un paseo por algunas calles y avenidas de la capital, para verificar ese amplio mal; el desorden, y la falta de civismos a todas luces que se verifican.

Ver, entre otras cosas, la forma desaprensiva en que se ocupan las aceras peatonales en muchos lugares por los que se desplazan innúmeros grupos de personas de las de a pie, las cuales tienen que lanzarse hacia las peligrosas vías públicas para poder trasladarse de un lugar a otro; usar esas por las que se conducen vehículos livianos y pesados, en manos de choferes sin educación alguna, infractores connotados impunes de las normativas dictadas para regular las actividades del tráfico local.

Y, todo debido a que, por los pases habilitados no se puede caminar, en razón de que, están ocupados con extensiones de comercios en la zona; depósitos de materiales para construcciones; instalación de talleres de mecánica; y, mercados callejeros de productos diversos; también, por venduteros ambulantes exhibiendo mercancías variadas.

Lo que más se ha puesto de moda últimamente, son los expendios de productos diversos sobre las aceras, incluyendo rubros agrícolas y otros, sin ningún tipo de higienización para estos.

Lo más reprochable en el tenor de lo tratado es que, algunas autoridades municipales y policiales, como de Salud Pública, que serían de las más llamadas a combatir acciones indebidas como esas, defienden indirectamente sus comercios, por ser de las primeras que detienen sus vehículos para comprar allí; y, apoyan que esos informales hagan sus negocios con toda libertad en plenos espacios públicos, obstaculizando así otras actividades requeridas por la ciudadanía, y sin reparar en los riesgo probables implicados.

¡Qué país este, mamacita! Las flexibilidades ahora, sin importar que sean dañinas, son mayores que en otros tiempos, por encontrarse la nación en un año preelectoral. ¡Se necesitan esos votos, aunque el diablo se lleve al demonio! De ahí que, todo esté permitido.

Autor: Rolando Fernández

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