Una modesta propuesta que podría mejorar la educación básica y de paso la universitaria

Por José Santana Guzmán

Se debe revisar con calma la malla curricular y ajustarla a los nuevos tiempos. Esta revisión implicaría la inserción de textos escolares más prácticos y más didácticos

La adquisición plena de la competencia escritora en las personas, se debe iniciar mediante la práctica sistemática, constante y rigurosa de la escritura, pero desde los inicios de la escolaridad, que es, en definitiva, lo que va a garantizar la creación en el futuro adulto o adulta el hábito o arte de escribir, y por supuesto, también la costumbre de leer.

Sin embargo, en nuestro currículum de nivel primario –en el área de Lengua Española– podemos observar, que se encuentran incluidos esos tópicos a modo de mediadores curriculares mediante textos periodísticos. Por tanto, habría que formularse la siguiente interrogante: ¿quienes facilitan estos aprendizajes en la escuela están dotados de los conocimientos necesarios para ellos?

La respuesta o parte de ella nos la brinda la maestra Nathalie García, quien considera al respecto, que esos mediadores curriculares no se trabajan por encima, sino que se le debe dar el carácter de seriedad que deben tener. Asimismo, la experta en lingüística textual cita como ejemplo los textos periodísticos que se utilizan en el nivel secundario, los cuales, asegura deben trabajarse con el rigor que llevan, esto es, enseñar al estudiantado el respeto por las normas de la escritura, el uso adecuado de los nexos, los conectores lógicos, ya que estos últimos son quienes aportan la lógica al texto. Por consiguiente, estas deficiencias e incoherencias se ven con frecuencia en muchas redacciones de las noticias que sirven algunos de los periódicos de circulación nacional.

Argumenta, en tal sentido, que la ausencia de una enseñanza de esta naturaleza redunda en deficiencia sobre redacción en los bachilleres, a los cuales se le dificulta, por esta situación, elaborar un texto con coherencia y cohesión, ya que carecen de la capacidad mínima para elaborar un simple párrafo que posea esas dos importantes normas de textualidad.

Por consiguiente, una buena medida para subsanar esta situación a mediano y a largo plazo, sería mediante la inserción de textos educativos fáciles de manejar por parte del personal docente, especialmente del área en cuestión, lo que garantizaría la comprensión progresiva del estudiantado. Así tendríamos a futuro una renovación efectiva de la comprensión, tanto de la escritura como de la lectura, así como del aprendizaje de la lengua.

Recordemos esta máxima: a escribir se aprende escribiendo; a leer se aprende leyendo. En resumen, la clave está en priorizar más el hacer.

Por José Santana

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