Una mirada política hacia El Bronx

Por Rolando Robles viernes 20 de septiembre, 2019

La movilidad social de Nueva York, ha hecho que los dominicanos fijemos el rumbo hacia la “nueva tierra prometida”, el condado de El Bronx. Al igual que los judíos en su momento, nos dirigimos hacia el Este; y cruzar el río Harlem nos ha resultado tan traumático como para ellos lo fue, atravesar el mar Rojo.

Sin embargo y hablando con justeza, debo decir que mas que “prometida”, El Bronx es la tierra “obligada”, no sólo de los dominicanos sino, de todos los migrantes que aspiran a seguir viviendo en Nueva York, aunque no sea en ese Manhattan de hace 50 años, cuando llegamos por primera vez.

La diferencia con los judíos es que, nosotros migramos por muy diferentes motivos y que nunca contamos con un Moisés que nos organizara el viaje y tampoco con un Josué que conquistara Jericó. Y que bueno que a así sea, porque no venimos en son de guerra y mucho menos con intenciones de conquista.

Hemos llegado al Bronx en masa, pero, sin un solo dirigente, y si alguna vez tuvimos a alguien que nos representara, fue tan fugaz su presencia, que hoy nos sentimos huérfanos de mando. De hecho, los interlocutores mas afectivos para nosotros, en este “condado de la salsa y el merengue”, no han sido precisamente de nuestro origen.

El censo de 2020 mostrará que seremos unos 400,000 los quisqueyanos residentes. Es decir, casi el 30% de la población total, y, en consecuencia,

superamos cualquier otra etnia. Pero, este avance será únicamente en el sentido poblacional, no así, en la representación en los estamentos de cogobierno.

Si damos una mirada al asunto con mas precisión, comprobaremos que la relación entre población y representación, es totalmente asimétrica; que no guarda proporción alguna. Y esto debe -cuando menos- generar algún tipo de preocupación, tanto en el liderazgo, como en la comunidad misma.

 

Veamos el asunto en detalles. En la Asamblea del Estado de Nueva York, al Bronx corresponden ocho miembros y sólo dos de ellos son de origen dominicano (25%). De ocho concejales, ninguno de ellos es dominicano. Los senadores estatales son cuatro y tampoco hay uno que sea de origen quisqueyano. De igual forma, en el Congreso Federal, en Washington DC, El Bronx tiene dos representantes, e igualmente, ninguno de ellos tiene ascendencia dominicana.

Lo que intento, no es iniciar una cruzada contra los oficiales electos que no sean dominicanos sino, todo lo contrario. Proponer una agenda de trabajo que nos permita laborar mancomunados, de manera que, los mejores servidores públicos reciban el apoyo de la pujante comunidad dominicana que vive y está moviéndose hacia El Bronx.

Estoy convencido de que, con la instalación de una “mesa de negociación político-comunitaria”, donde se reconozca la presencia dominicana en el borough de El Bronx y los grandes aportes que hacen y seguirán haciendo los dirigentes de otros grupos nacionales, lograremos la inserción eficaz y armoniosa en el escenario político social de ese pujante y prometedor condado.

Los servidores públicos deben representar a sus comunidades, al margen de la etnia o nacionalidad a que pertenezcan. Sin embargo, cuando un grupo nacional cualquiera representa un porcentaje tan significativo de la población, las aspiraciones individuales se desbordan y se hace necesario e imperativo, que se planifiquen las acciones, de forma que, el beneficiado principal sea el pueblo que reside en la circunscripción correspondiente.

Los tiempos no son de imposiciones, ni conquistas, ni pirateos políticos, ni de “tierra arrasada”. La época de Atila y sus huestes, ya es parte de la historia. Lo que se impone es la “negociación”, con equidad y sentido de la “proporcionalidad” y respeto a los “derechos adquiridos” de los actores político-comunitarios.

¡Vivimos, seguiremos disparando!

Por ROLANDO ROBLES

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