Una libertad sin rehabilitación podría convertirse en otra prisión

Por Felix Correa sábado 29 de diciembre, 2018

Sin duda alguna la mayoría de las personas que se encuentran en las cárceles de nuestro país se debe a que han cometido un delito, sea cual sea, pero si ese delito requiere que el imputado cumpla una condena, a menos que no justifique a través de los tribunales su inocencia, de seguro que va a parar a prisión.

El grave problema radica en que una persona que se encuentre encarcelado, al momento de verse libre de los barrotes vuelva a cometer el mismo hecho u otro que requiera volver al calabozo. Si hacemos un sondeo en nuestro sistema penitenciario con relación a los internos nos encontraremos con un gran número de presos que han estado anteriormente encarcelados.

Es precisamente que no tenemos un sistema de rehabilitación dentro de los centros de reclusión de República Dominicana; con el agravante de que en las mismas cárceles se planean, robos, atracos, estafas, asesinatos; entre otros hechos delictivos; lo que nos da un termómetro para medir que realmente en vez de sanos y rehabilitados, salen con un grado más agudo de sus dolencias.

Significa esto que muy lejos de intentar resolver el problema delictivo de aquí, castigando con prisión a un imputado de un delito, lo que hacemos es que dicho individuo se haga más fuerte pero en su vicio que lo llevó donde está.

La prisión no sólo debe ser un castigo que prive de libertad a una persona por el delito per se, sino que el objetivo primordial de alejar a una persona de la sociedad es precisamente que esta persona al momento de ser liberado pueda reintegrarse a vivir como una persona normal, e incluso que salga de ese centro de reclusión recomendado para que pueda conseguir un trabajo, que sea beneficiado desde el punto de vista financiero, pueda comprar y adquirir productos sin ninguna discriminación.

Sin embargo, lo que vemos es totalmente diferente y este sistema va en contra de los mismos prisioneros ya que son rechazados por la sociedad, aun reciban un certificado de buena conducta por un impuesto de seiscientos pesos, la vida cotidiana se lo niega y esto lo empuja a realizar lo que posiblemente lo empujó a prisión.

Con lo antes dicho me quiero referir al caso tan sonado del cantautor Antonino Peter De La Rosa, mejor conocido como Omega el Fuerte, ya que vemos a todo un pueblo reclamando su libertad, aludiendo una serie de factores que pudieran ser válidos; sin embargo no he visto a ninguna de esas voces garantizando que al momento de que el famoso merenguero esté en las calles, deleitando a sus seguidores con su música no caerá en el mismo error y que esta libertad se convierta en una pesadilla por no haber una rehabilitación lo que ayude a reconocer que estaba equivocado y que es necesario que él deba restablecerse.

Lo más peligroso de todo esto es que nos unamos a gritar como el pueblo Judío que suelten a ese, sin tomar en cuenta de que ésta persona podría creerse que en realidad es inocente de lo que lo acusan y vuelva a cometer el mismo error.

Es verdad que en el país hay impunidad, es cierto que hay muchos sueltos que deberían estar presos, es real que hay muchos políticos que han desfalcado instituciones del Estado y están gozando de libertad, sin embargo si vamos a abrir las cárceles de una nación porque en las calles hay más delincuentes, entonces mis queridos amigos nos embromamos por no decir que nos Jodimos.

Por: Félix Correa

Anuncios

Comenta

Apple Store Google Play
Continuar