Una finca de sus políticos: Dominicana

Por Rolando Fernández lunes 13 de noviembre, 2017

Basta un simple análisis imparcial, como una observación exhaustiva en algunos segmentos sociales del ámbito nacional, para uno darse cuenta de que este país se puede considerar como la propiedad a explotar, desde hace años, por parte de un grupo selecto de personajes, denominado “casta politiquera local”,  que siempre recibe los auspicios de los sectores económicos de poder nuestro, y algunos extranjeros además, para de ordinario ir en busca después de que se les permita aumentar sus patrimonios.

Aquí todo es gerenciado desde esos poderes regentes, de forma tal que cuánto se produzca solo tenga un destino final, el Estado particularizado compuesto, y sus adláteres trepadores, como oportunistas, soportes diversos por lo regular durante los procesos electorales electivos.

El pueblo en general no es usufructuario de los recursos que proporciona esta hacienda territorial, sino un obrero para explotar, como el burro de carga destinado a tributar los cuartos que demandan los políticos, para enriquecerse ellos, sus familiares, como los amigos.

Esos, en adición a los provenientes de los préstamos concertados, que incluyen los que hipotecan la soberanía nacional, y todos como parte del gran legado que se habrá de dejar a las futuras generaciones, para que paguen, o “se las lleve el diablo”, como se dice.

El gasto social, por ejemplo, es lo que menos importa a los gobiernos, salvo excepciones, poder cubrir necesidades generalizadas del pueblo, y las muestras están de sobra: carencias de todos los tipos de servicios públicos básicos, entre otras cosas, se tienen en este país.

Y, mientras tanto, los inversionistas de la política, como los empresarios “conchupantes” de otras áreas, vienen disfrutando de la tierra bendita que este pueblo pone en sus manos cada cuatro años;  donde tienen  que pagarse  por los combustibles los precios más caros de toda el área del Caribe, e iguales tarifas abusivas por la factura eléctrica que se recibe;  con un servicio que solo resulta eficiente para los ricos, y, en base a una Ley General de Electricidad que nada aplica para los usuarios sin padrinos, los pendejos.

Los “reyes del mambo” son los políticos mandantes de turno; con una seudo oposición en busca de sustituirles, y solo para venir a hacer lo mismo, servirse con la cuchara grande, en un “quítate tú para ponerme yo”.

Ahora, se ha concretizado en el país un gran movimiento adicional que viene vendiendo la idea de estar luchando contra la corrupción y la impunidad, producto en gran medida de esa tenencia finquera aludida con anterioridad, cuyos resultados solo han sido hasta el momento, la obtención de grandes marchas callejeras en señal de demostración, ¡sí!; pero, ¿qué en verdad se ha logrado para castigar, o disminuir esos flagelos?, ¡nada!, a pesar del tiempo transcurrido.

Ni es previsible su “fructividad” positiva, debido al gran cáncer que ya esas prácticas constituyen, y que requieren de cirugías mayores, de acciones más contundentes; no es solo estar vociferando públicamente, ni bandereando, sino hasta recurrir a acciones de fuerza en caso de ser necesario, si en realidad se tiene la intención del combate en favor de este pueblo, y tomando en consideración la magnitud de los daños que tales desaprensiones le vienen provocando a la sociedad nacional.

Pero, ocurre que, la precitada iniciativa ni siquiera tiene una cabeza directora; carece de un líder que comande. Además, cuando se analiza desde fuera, y con imparcialidad suficiente, la composición del grupo, “Marcha Verde”, es fácil darse cuenta de que dentro del mismo hay participantes connotados que no califican para estar ahí, que desacreditan, por sus prontuarios bien conocidos, y queriendo ahora presentarse como ovejas mansas ante la población.

Además, también se observan otros “cara dura”, adeptos o ligados a corruptos de turno, muy bien anclados en el poder, contra los cuales se está tratando de luchar, aparentemente, ¡qué no es verdad que lo están haciendo de corazón, como se dice! ¡Es nada más pantalla lo que exhiben!

Se infiere por otra parte, que solamente hay preocupación por actos seleccionados en el orden de los que se trata. Se tienen algunos más, muy fehacientes a nivel nacional, para los que jamás se mira, y mucho menos se les menciona.

En esos está envuelta gente intocable, por la dadivosidad reciprocatoria que les caracteriza. Son diablos con sotanas blancas, que no se pueden atacar, o denunciar públicamente, pues se puede perder su padrinazgo protector, y hasta económico directo, o patrocinador de programas en algunos casos.

Es por lo expresado que, la administración de la finca llamada país para los políticos dominicanos, principalmente los de nuevo cuño, difícilmente les pueda ser arrebatada, salvo que este pueblo se empodere y recurra a cuántas acciones sean necesarias, sin importar su naturaleza, que le permitan liberarse de una vez por todas del yugo explotador, como de las prácticas dolosas, y depredadoras de los bienes nacionales, por parte de todos aquellos que le han venido gobernando durante los últimos lustros, con deseos de mantenerse en el poder; retornar los que se han pasado, y que ricos se fueron; o, los sustitutos con iguales proclividades, que están haciendo fila en el presente.

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