Un riesgo muy arriesgado

Por Carlos McCoy

Ya sea pleonasmo, redundancia, repetición, reiteración o el concepto gramatical que se le quiera dar a esa frase, la verdad es, que los que planificaron este asalto al Capitolio de los Estados Unidos de América, centro del poder del país más poderoso del mundo, o son unos perfectos irresponsables o no tienen la mínima idea del desastre que hubieran podido causar en esta nación con ese desatino.

La terrible situación que se presentó en el edificio del congreso en Washington DC. Capital de los Estados Unidos y que el mundo vio en vivo y a todo color por televisión y otros medios de difusión, nos ha dejado estupefactos.

Ver como dos mil policías, armados y supuestamente super entrenados, pues su misión es resguardar uno de los edificios más significativos del armazón gubernamental de esta nación, se dejaron avasallar por una multitud de manifestantes, que tuvieron la audacia de llegar hasta las oficinas de Nancy Pelosi, presidente de la Cámara de Representantes, sentarse en su escritorio y desfachatadamente subir las piernas en el mismo, era una fantasía de tal magnitud, que ni las mentes extremadamente prolíficas hubieran podido concebir.

Pero, aunque se reportan cinco muertos, entre ellos un oficial de servicio en el recinto y más de una docena de heridos, a nosotros lo que no da verdadero pánico es, la posibilidad de que pudiera haber sucedido una desgracia de dimensiones catastrófica por la irresponsabilidad compartida de aquellos que se suponen deben salvaguardar la seguridad de este país y los fanáticos que les siguen.

Muchos han especulado que si esta multitud hubiera sido conformada mayoritariamente por afroamericanos y latinoamericanos, la policía habría reaccionado de otra manera y las victimas se contarían por decenas.

Pero nuestra especulación va enfocada en otro escenario. Se imaginan ustedes si en esa incontrolable turba se hubieran infiltrado media docena de terroristas talibanes, del Isis, de Hezbolá, Al Qaeda o Hamas, armados con metralletas y granadas de mano. ¿quién hubiera evitado que llegaran hasta donde se encontraban los senadores, que en ese momento estaban reunidos para certificar la votación de los colegios electorales?

Una vez esos terroristas alcanzaran ese lugar, donde también se hallaba el vicepresidente Mike Pence, ¿cuál hubiera sido el siguiente paso? Conociendo como actúan estos criminales desalmados, podemos asegurar que hoy estaríamos recogiendo muchos cadáveres y quizás, enfrascados en una sangrienta confrontación ciudadana, cuya secuela pudiera derivar hasta en una conflagración mundial.

Este triste capitulo de la historia de esta gran nación hay que investigarlo a fondo y castigar severamente a los responsables.

La justicia tiene que actuar con energía y sin demora.

 

POR CARLOS McCOY

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