Un país para todos

Por Carlos Martínez Márquez lunes 24 de junio, 2019

’Quien tenga poder sobre los medios, controlara la mente sobre el resto’’. Jim Morrison

Cada día al despertar, me pongo de pies y doy mis primeros pasos hacia la ventana frontal de mi alcoba; ahí logro observar la insipiente luz del sol que se anida en mis parpados, unos pájaros que cantan y auguran un mejor pronóstico de lo que a continuación suceda. Recorro como de costumbre, las páginas de los diarios, tratando de saltar lo que menos afecte mi  estado emocional, mi catarsis me vale para fortalecerme, para enfrentar en las calles los desaciertos y desilusiones.

Llevo días procesando la insolencia  y el sistemático bombardeo de eventos indeseables, de ver cómo nos llegan en cascadas, generando escombros laberinticos que no logramos apartar de nuestro diario vivir.

Las opciones dadas a la población a través de los medios, es que seamos eclécticos, y aprendamos a lidiar con ese licuado de trago amargo de criminalidad y delincuencia y por otro lado, la incertidumbre de la política que influye en la vida cotidiana. Este mes de junio, ha sido un mes para nada, un cuento de hadas. Los resultados han puesto el país de rodillas. ¡Cuánto desearía, que esto no tenga mayor repercusión en lo sucesivo! El tema de las muertes en los hoteles y lo acontecido con David Ortiz, me ha dejado acongojado…tratando de buscarle sentido a todo este combo de eventos negativos. Los medios de comunicación son instrumentos poderosos que ejercen una influencia en el ciudadano, manejando de manera subliminal lo que es correctamente político, a veces soslayando los hechos que se consideran no es de importancia para la población y otras veces, si (…) cuidando las líneas eufemistas y demagógicas y todo tipo de nimiedades lingüísticas, con el fin de influir en el cerebro de los demás.

La sociedad no está exenta de elegir libremente de cómo piensan de manera autónoma y que jamás creen estar condicionados por lo que otros dicen. A decir verdad, que en la actualidad, estamos siendo abrumados por los medios de comunicación. ‘’Aquello que no aparece en los medios, no existe’’, y sin embargo, aquello que no existe, si lo dice los medios, ya existe: en síntesis, los medios tienen el poder de controlar nuestra visión acerca de la realidad; pero no deja de ser preocupante por la penetración de influencia en el pueblo.

Pienso que el país debe ponerse en cuarentena, así, ayuda a bajar las tensiones y preocupaciones  generadas, a través de los sucesos acontecidos en las primeras semanas y con el preludio de un verano sofocante e implacable. Invito a la sociedad en general, a un cambio de actitud, en procura de mejorar el civismo que hemos dejado atrás, vayamos al rescate por el  respeto al ciudadano, aprendamos hacer valer nuestros derechos, al libre tránsito, al esparcimiento y sana recreación, crear consciencia de que el turista, es un apéndice importante en el desenvolvimiento de nuestra economía, que el mismo siempre tenga la plena satisfacción de volver a visitar nuestra casa.

Lamento profundamente que lo acontecido, es algo que tal vez no podemos controlar en el momento, pero que sí, podemos prevenir, mediante políticas responsables y de carácter urgente, para que tengamos la certeza de que hechos como estos, no vuelvan a reeditarse en el futuro. Los medios de comunicación, seguirán jugando su rol, al margen del daño colateral que esto genere a la población. Y esa es su responsabilidad, de salvaguardar la salud mental y paz espiritual de la opinión pública.

El país necesita un respiro. Los contribuyentes tienen derecho a demandar del estado, mejores propuestas que tiendan a dinamizar la integridad de todos. Los integrantes de los cuerpos de seguridad del estado, necesitan mejorar sus condiciones de vida, que con salario de hambre no pueden ejercer un trabajo digno que no los tienten a caer en la corruptela, que cuando les llegue la edad del retiro, tengan una vejez decente e hijos educados. La igualdad de condiciones debe ser horizontal; (‘’los primeros en ser servidos en la mesa, son nuestros hijos, y el estado debe estar en condiciones de garantizarles una vida digna, a nuestros policías’’).

¡La paz para todos!

 

Por: Carlos Martínez Márquez

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