Un Museo de Béisbol en el estadio de La Normal

Por Enrique Alberto Mota lunes 11 de junio, 2018

Cuando se habla del béisbol profesional dominicano, es imposible dejar de mencionar el estadio de La Normal, como uno de sus principales escenarios, único en el período comprendido entre los años 1951 y 1954.

Como ha publicado El Nuevo Diario en más de una oportunidad, ese estadio acusa un franco deterioro tanto en las graderías y  dependencias interiores como en el terreno de juego donde se produjeron imborrables hazañas deportivas que aún están frescas en la memoria de los más adultos dominicanos y de las cuales tienen referencia las generaciones más jóvenes a través de emotivos relatos hablados o escritos.

¿Por qué, entonces, no convertir ese destartalado estadio en un Museo del Béisbol Dominicano?

Las autoridades han prometido en reiteradas ocasiones que intervendrían—como se dice ahora—esa instalación deportiva, e inclusive fijaron para el pasado mes de mayo el inicio de esos trabajos, pero todavía, ya a mediados de junio, todo permanece igual.

El  vetusto estadio presenta varias ventajas para convertirlo en un Museo del Béisbol Dominicano, como son, por ejemplo, el mismo hecho de haber sido el único escenario de las contiendas de un período, donde prevaleció el romanticismo, una de las más bellas páginas de la historia deportiva de la República Dominicana.

Se aprovecharía también su excelente ubicación. El parque está enclavado en uno de los sectores más populosos de la Capital, en el cruce de dos grandes avenidas, que son recorridas por vehículos del transporte público, y muy cerca de una de las estaciones del metro de Santo Domingo. Además de que a través de esos medios podrían tener acceso al museo y a practicar el deporte los habitantes de los sectores donde opera el nuevo sistema de teleférico.

Es importante el fácil acceso al lugar para los visitantes al museo o para los jóvenes que deseen practicar en el terreno de juego, en vista de que el béisbol se ha convertido en una fuente de reivindicación económica para muchas familias dominicanas cuando lograr que sus hijos sean firmados para la pelota profesional. .

Hay material abundante que se podría exhibir en el Museo, como fotografías, recortes de periódicos y útiles deportivos de la época así como se podrían erigir estatuas de algunos de los principales jugadores que vieron acción en ese parque y elaborar posters alusivos a los grandes protagonistas de ese béisbol romántico y de las situaciones que allí se produjeron.

Los visitantes al museo podrían deleitarse con gráficos, videos y relatos alusivos a jugadores nacionales y extranjeros como Tetelo Vargas, Diómedes—Guayubín—Olivo, Pepe Lucas, Olmedo Suárez, Enrique Lantigua, Terry MacDuffie, Alonso Perry, Willard Brown, Tite Arroyo, los Grillos Báez, Perucho Formental, Bel Arias, Emilio Cueche, Enrique Reynoso, Sugar Cane, Tian Tineo, Manolete Cáceres y tantos otros que escribieron algunas de las más bellas páginas del béisbol dominicano.

(Solo mencionamos algunos de los jugadores que participaron en los torneos que se celebraron en el estadio de La Normal. La exclusión de otros no quiere decir que los consideramos menos representativos de la pelota de esa época)

Se podrían exhibir también fotografías, videos y otro material relacionado con los más sonados acontecimientos de los jugadores de la actualidad, como, por ejemplo, la exaltación de jugadores dominicanos al Salón de la Fama de Cooperstown.

Como en todos los museos, habría guías que tendrían a su cargo mostrar y explicar a los visitantes todo lo existente en el lugar. Y se expenderían bebidas y alimentos que facilitarían una permanencia prolongada de los visitantes.

Todo lo que se exhibiría ahí sería un material interesante hasta para trabajos escolares y universitarios, ya que el béisbol es parte importante de la historia del país.

Asimismo, en un remozado terreno de juego se podrían celebrar torneos de distintas categorías.y servir como un lugar apropiado para muchos jóvenes de diferentes ligas que deseen ejercitarse.

El Museo del Béisbol Dominicano se convertiría  en un lugar donde la familia dominicana podría pasar momentos de recreación, y en un atractivo para numerosos turistas procedentes de los Estados Unidos de América, Canadá, México, Venezuela y Puerto Rico, entre otros países donde se practica ese deporte.

Y se podría cobrar una modesta suma de entrada, que serviría para el mantenimiento del lugar y para el fomento de otras actividades deportivas.

El Museo del Béisbol Dominicano se convertiría, además, en parte de una estrategia de promoción de la pelota profesional dominicana, emulando así los esfuerzos que hace en ese sentido Major League Baseball y que tanta falta le hace al llamado Deporte Rey en el país.

 

Por Enrique A. Mota (Tuto Mota)

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