Un mundo de pensamiento androides

Por Carlos Martínez Márquez Miércoles 15 de Marzo, 2017

‘’Si Dios no existiese sería necesario inventarlo’’ Voltaire.

El ser humano siempre deberá procurar estar alejado de las tentaciones y del oprobio que nos estigmatiza, como la entidad genética, más vulnerable y voluble a las consecuencias, que enfrentamos en los avatares de nuestro existir.

Somos seres excelsos, sustentados, por el buen uso del razonamiento aplicado a la ciencia y cuyos resultados han sido favorables para transferirlos al bien común de la humanidad; pero tenemos una debilidad inmensa que no trascienden a la filosofía aplicada en el sentido común, cuya resulta es enigmática y de contrasentido. ¿Cómo hemos sido capaces de mejorar aspectos vitales de actualidad, para generar manifiestos, que antagonizan con lo imposible, y no hemos sido capaces de mejorar la calidad espiritual, en donde actuar en la vida con humildad, es algo cuestarriba para una inmensa mayoría, que se muestra tan distanciada de las oportunidades para mejorar la especie, y no tengamos una sociedad global de ensueños? Esto, sí que es raramente irracional.

El ‘’nihilismo’’ al que se refiere Nietzsche, era un llamado al desprendimiento de los falsos valores del hombre, que son aquellos los que nos llevan a la ruina y al deterioro de la vida y la existencia. Ese nihilismo podemos cambiarlo, mejorando nuestra cultura espiritual más sosegada y menos desgastada. Hay una tendencia en pleno siglo 21 de la desvalorización, carencias de ciertas metas y falta de respuestas al ‘’Por qué’’. Somos tan radicales a no contemplar los cambios que no tiendan a perderse la ‘’fe’’ en el verdadero mundo sin que perdamos el optimismo. Reitero, lo que dice el gran filósofo y pensador más aventajado del siglo pasado, de que hemos matado a Dios. Todos nosotros los hemos asesinado y que lo único que prevalece a ese espíritu son los templos.

 

La sociedad global esta descarriada por las inmensas incongruencias de la raza. Lo difícil que es manejar nuestras emociones y concepciones de la vida. El irrespeto es un cálculo oscuro de antivalores que nos deja en situaciones complejas. Entiendo que la homogeneidad de la buena convivencia debe ser un comportamiento estandarizado conforme a generaciones que derivan de cuestiones nobles. De que la buena voluntad del hombre no está en cuestionamiento; es solo que estamos siendo más ambiciosos, más androides y menos humanos.