Un mismo corazón y una misma voz

Por Víctor Corcoba Herrero lunes 7 de octubre, 2019

(EL JARDÍN QUE NOS CIRCUNDA NO ES PARA ENFRENTARNOS;

 SINO  PARA EMBELLECERNOS)

 A los ojos de la vida, todo vive, nada fenece.

Las aguas nos regeneran,  los aires nos alientan,

mientras los campos se pueblan de emociones,

y se repueblan en hondo haz de sentimientos,

emanados de nuestra hondura de níveos latidos,

que han de reconducirnos hacia un vivir amando.

Hay que volver a las raíces de la bondad,

a tomar la verdad como lámpara que nos guía,

para divisar el amor y para dejarse amar,

que este camino es para hacerlo en comunión,

para vivirlo conectado al verso de la creación,

tomando como curso los brazos de la Cruz.

Hagamos silencio en soledad con la palabra,

salgamos a escuchar la voz sin voz de Dios,

la que habita en nuestras habitaciones internas,

dejémonos brotar hasta rebrotar en su ternura,

partamos hacia otro estilo de morar en la tierra,

que se encarne en la virtud y se reencarne en mí.

 

No hay mayor firmeza que la de abrirse camino,

ni mejor facultad que la de dejarse reconciliar,

hallar el pulso de la hospitalidad en uno mismo,

para encontrarse consigo, y  poder reencontrarse

siempre junto a los demás, abriendo horizontes,

destruyendo muros, reconstruyendo hogares.

 

Retorne a esta morada de la tierra con el cielo,

el sosiego para todos los moradores andantes,

que la quietud nos resucite el ánimo de cohabitar,

de existir para poder asistir al otro, al que transita

a nuestro lado, por muy heterogéneo que sea,

pues reforzando vínculos, se robustecen los seres.

 

Ese espíritu que soy y que somos, ha de quererse,

demanda concebirse como un corazón en paz,

suplica espacios armónicos en todo el mundo,

ora por retoñar en el poema sin fin del Creador,

y también labora, como trovador en guardia,

recogiendo mil loas, acogiendo las glorificaciones.

 

 

Por Víctor Corcoba Herrero

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