Un mal peor que Odebrecht

Por Roberto Paulino Miércoles 8 de Marzo, 2017

La invasión de ilegales haitianos de manera pacífica, es un mal peor que los sobornos de Odebrecht, pero eso no los estamos viendo debido a que hay un interés marcado en fastidiarle la vida al presidente Danilo Medina.

 

Aunque la solicitud de que se pare la corrupción y la impunidad es algo valido y razonable, no es menos cierto que la misma está revestida con un tinte político con el que se piensa sacar muchas ventajas a favor de alguna parcela política.

 

Los dominicanos que acudimos a las urnas en todos los procesos eleccionarios, no los hacemos para darle una patente de corso a los funcionarios estatales o al propio presidente para que se robe y le dé mal uso a los recursos del Estado.

 

Votamos para que el país avance hacia el progreso, y sus recursos se destinen en obras y acciones sociales que beneficien a todos, no para que se beneficien unos cuantos avivatos, la corrupción y la impunidad no es bien para ninguna nación.

 

Ahora dejar de lado el apoderamiento de la patria como lo han venido haciendo por décadas los nacionales haitianos, en su mayoría ilegales, eso sí llora ante la presencia de Dios, nos estamos entreteniendo mucho en otras cosas y no estamos prestándole la debida atención a esa invasión haitiana.

 

Febrero y marzo, dos meses en donde se recuerda nuestra independencia y el nacimiento de dos de los libertadores de nuestra patria, nos trajeron la desagradable noticia, de que varios pueblos del

sur han sido abandonados por los dominicanos, siendo ocupados esos territorios por los haitianos.

 

¿Cómo es posible que esto esté sucediendo? Solo vemos denuncias de la masiva presencia haitiana en barrios y campos, no estamos haciendo nada al respeto para detener ese mal, todo se queda en simple denuncias.

 

Pedernales, Jimani y Montecristi, son vivos ejemplos de cómo los dominicanos abrumados por la miseria, han tenido que abandonar sus casas y sus tierras, que más luego vienen hacer ocupadas por familias haitianas.

 

Me asombro al ver a cientos de haitianos cada mañana dirigirse a trabajar en mi provincia San Juan, a una empresa llamada Maguana Tropical, la cual lo recoge en autobuses en los distintos barrios de la ciudad y los campos, para llevarlos a recolectar vegetales.

 

En nuestros hospitales cada año nacen cientos y cientos de niños haitianos, cuyas madres no retornan a su país de origen, se quedan en el nuestro, es la invasión pacifica del vientre materno lo que ellos están haciendo, y nosotros, muy bien gracias.

 

Los hechos delictivos y las afrentas a nuestros símbolos patrios no se hacen esperar por parte de esos nacionales haitianos, nuestra bandera la pisotean y la queman, y en ocasiones izan la de ellos sustituyendo la nuestra.

 

Violaciones, asaltos, robos, asesinatos y enfrentamientos con nuestras autoridades es el diario vivir que tenemos que ver los dominicanos en los medios informativos, cometidos por muchos haitianos.

 

Y para colmo de esa desagradable y bochornosa situación, se agrega las peleas por los puestos de ventas en las calles con los venezolanos, ya son los haitianos los que deciden quien debe vender o no un producto en nuestras calles.

 

Que debemos hacer para detener esta invasión pacífica.

 

Sugiero que se someta y se apruebe una ley, en donde se establezca grandes multas y largos años de cárcel para quienes den cobijo, trabajo, transporte, trafiquen y alquilen viviendas a haitianos ilegales.

 

Esa misma ley debería contemplar que a quienes transporten haitianos ilegales, sus vehículos sean incautados y subastados los mismos, al igual que las viviendas alquiladas y de igual manera las

propiedades agrícolas pasen a ser del Estado si se encontraran en ellas laborando los ilegales haitianos.

 

Sería una ley que mucho la verán muy dura, pero es necesario proteger a nuestro país de que caiga bajo el dominio de nuevo de los haitianos, que como va la cosa, no será muy tarde, ya eso está como se dice al doblar de la esquina.

 

Aquí no hay mafia ni acciones corruptas, que genere más dinero que esa migración ilegal haitiana, se aprovechan algunos políticos, militares, sindicatos de transporte, motoconchistas, ingenieros, dueños de colmados, de fincas y de viviendas.

 

Por esa frontera bajo la complicidad de muchas autoridades, entra armas de fuego, drogas, contrabando de todos los tipos, estamos a merced de la peor acción corrupta e impune que se va a llevar por delante a nuestra nacionalidad.

 

Esa presencia de millones de haitianos ilegales, trae consigo la multiplicación de los mismos y la mezcla entre dominicanos que se aparean con ellos, dando lugar en la mayoría de los casos a un sin número de nuevos apátridas.

 

Esos nuevos apátridas, no son dotados de actas de nacimientos por ser hijos de ilegales que tampoco lo poseen, luego vienen las denuncias de sus gobernantes acusándonos de violentar los derechos humanos por negarnos a reconocerlos como dominicanos.

 

Le pido a los políticos, a los organizadores del movimiento verde, al gobierno de turno, que prestemos la debida atención a este problema, que si nos descuidamos, no vamos a quedar sin patria, sin ser libre y sin nacionalidad.