Un dictador menos

Por José Flández lunes 18 de noviembre, 2019

Con sus recurrentes actuaciones inconstitucionales y anti democráticas, el ex dictador boliviano Evo Morales, hace tiempo que estaba atizando el ambiente para que se produjera la situación explosiva por la que ahora atraviesa el país suramericano.

 Morales, un chantajista experimentado, quien utiliza el tema racial constantemente para beneficiarse, acusa a los que lo adversan de racistas, dizque porque él es indígena, sin embargo gobernó dictatorialmente durante 14 años de abusos sin que nadie atentara contra su gobierno ni su origen racial se lo impidiera.

 Ahora bien, desde que comenzó a manipular para reelegirse de manera continua, por más de lo que le permitía la constitución, entonces fue que empezaron a surgir los problemas que finalmente lo llevaron al exilio. 

 Y es que la indignación se fue incrementando desde que el dictador izquierdista, al perder un referendo que le negó la posibilidad de una tercera reelección y que él mismo había organizado porque pensaba que lo ganaba de calle, de todas maneras se las arregló para forzar una aprobación a través de un parcializado Tribunal Constitucional.

 Ese fallo que el caudillo “cocalero” calificó “como una aspiración del pueblo boliviano”, le allanó el camino para postularse a un cuarto mandato, a pesar de que un 68% del electorado rechazaba una nueva reelección. Morales descaradamente señaló, que recibió la noticia con “gran sorpresa”, añadiendo que era un voto a favor de los “revolucionarios” y del “pueblo antiimperialista”.

Así fue que contra viento y marea se presentó a las elecciones de octubre 20 y cuando el conteo de los votos mostraba que iba a producirse una situación de segunda vuelta, se produjo una larga suspensión del conteo de 12 horas, para luego reiniciar con Evo Morales supuestamente ganando en primera vuelta a su contrincante Carlos Mesa.

Es por ello que decenas de miles de bolivianos se lanzaron a las calles en defensa de la democracia luego del descarado fraude que el régimen comunista montó para perpetuarse en el poder que ejerció ilegalmente por espacio de casi catorce años.

Hay que notar sin embargo, que si no es porque las fuerzas policiales y militares se negaron a reprimir las protestas y hasta hubo una integración activa a dichas protestas por parte de la policía y luego la sugerencia de parte de las fuerzas armadas de que Morales se hiciera a un lado para destrabar la situación, la renuncia de este no se hubiera producido.

En Venezuela por ejemplo, se produjeron por largo tiempo grandes y contundentes manifestaciones en contra de la dictadura castromadurista, pero allí nunca se produjo la coyuntura que si se presentó en Bolivia, por lo que tales movilizaciones no produjeron el efecto deseado y producido por la bolivianas.

De manera que de no darse una situación semejante, en Venezuela la dictadura perdurará por mucho tiempo, ya que sin el poder militar, derrocar una dictadura es harto difícil, por no decir imposible.

En resumen, mi opinión es que, aunque la participación militar fue determinante, en Bolivia no hubo golpe de Estado, lo que se produjo sí fue una rara coyuntura de singulares características y coincidencia de factores que difícilmente concurren en ocasiones excepcionales, como fue esa unidad de último momento entre la sociedad civil y las instituciones policiales y militares. 

Era evidente que el dictador populista había perdido el apoyo de gran parte de la sociedad, incluyendo a las fuerzas armadas, debido al descaro mostrado por el régimen en la violación flagrante y sistemática de las leyes y el orden constitucional, lo que se agravó con el muy evidente fraude electoral cometido abiertamente y sin ningún comedimiento, burlándose descaradamente del electorado y todo el país. 

Sin lugar a dudas, las fuerzas armadas bolivianas jugaron un importante papel al actuar solo apegadas a la constitución y a la democracia, evitando la perpetuación en el poder del régimen despótico dirigido por el ahora exiliado, Evo Morales. 

 Por José Flández

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