Un día como hoy triunfó la primera Revolución Socialista

Por Francisco Rafael Guzmán

Fue un día como hoy se produjo el triunfo de lo que fue la Primera Revolución Socialista, triunfo que se produjo en un país que no se había desarrollado como una potencia industrial, pero si tenía industrias sobre todo en la ciudad de San Petersburgo o Petrogrado. Fue en esa ciudad que se produjo el detonante de esa revolución, la huelga o paro en la fábrica o industria de neumáticos Putilov. Ese fue el detonante del movimiento social que condujo al triunfo de la revolución socialista en Rusia, ya que los trabajadores de esa industria veían irreconciliable sus intereses con la de los dueños de la fábrica que los explotaban a ellos.

Se formaron comités de fábricas y en los patios de estas los propios trabajadores formaban milicias armadas. En toda la ciudad de Petrogrado eran 40,000 el total de trabajadores armados de fusiles, integrando milicias. Pese a ello, algo que llama la atención de la Revolución de Octubre fue el poco derramamiento de sangre que hubo. Hasta poco después de tomar  el poder los revolucionarios tomar el poder, se ha calculado en 29 el número de muertos (Ernest Mandel dio esa cifra en una conferencia que dictó aquí en Santo Domingo).  Se calculaba para octubre de 1917 en 400,000 el total de afiliados en el partido Bolchevique, dirigido por Vladimir Ilich Ulianovsk (Lenin), quien se encontraba en Finlandia y regreso clandestinamente a Rusia en un tren alemán desde Helsinki, poco días antes del 25 de octubre de 1917.

Veamos las cantidad de trabajadores que participaron en huelgas políticas en algunos años, según Trotsky: 1903-87.000 1904-25.000 1905-843.00 1906-651.00 1907-540.000 1908-93.000 1909-8.000 1910-4.000 1911-8.000 1912-550.000 1913-502.000 1914 (primera mitad)-1.059.000 1915-156.000 1916-310.000 1917 (enero-febrero)-575.000.

Trotsky en su obra: Historia de la Revolución Rusa (Versión digital), en el Capitulo X: El Nuevo Poder, escribió en dos de los parrafos lo siguiente, cito:

“Las masas se fueron todas con los socialistas, a los que identificaban en su fuero interno con los soviets. No sólo los obreros y los soldados de las enormes guarniciones del interior, sino toda la masa heterogénea de pequeñas gentes de la ciudad, artesanos, vendedores ambulantes, pequeños funcionarios, cocheros, porteros, criados, eran hostiles al gobierno provisional y buscaban un poder más allegado a ellos y más accesible. Cada día era mayor el número de campesinos que acudía de las aldeas y se presentaba en el palacio de Táurida. Las masas se derramaban en los soviets como si entrasen por la puerta triunfal de la revolución. Todo lo que quedaba fuera de las fronteras del Soviet diríase que quedaba al margen de la revolución y que pertenecía a otro mundo. Y así era, en realidad: al margen de los soviets quedaba el mundo de los propietarios, revestido ahora de un color rosa grisáceo que le servía de contradefensiva.

“No toda la masa trabajadora eligió sus soviets, pues no toda ella despertó simultáneamente, ni todos los sectores de los Por los soviets sentíanse atraídos los elementos más activos que había en las masas, y sabido es que en los períodos revolucionarios la actividad es lo que triunfa; por eso, al crecer de día en día la actividad de las masas, el fundamento de sustentación de los soviets se ensanchaba constantemente. Era la única base real sobre la que se cimentaba la revolución. ”Oprimidos se atrevieron a creer inmediatamente que la revolución tocaba también a sus intereses. En la conciencia de muchos flotaba tan sólo una vaga esperanza’’.

Esto me confirma a mí, algo que sostengo de un tiempo a esta parte, es el hecho de que  ningún Estado socialista debió barrer con la pequeña propiedad, es decir, con el pequeño propietario de medios de producción, incluyendo a los campesinos y a los artesanos, hoy en día se incluirían pequeñas y micro empresas de servicios. Lo que debieron hacer los Estados socialistas era evitar que se convirtieran en burgueses, limitando sus inversiones y la explotación del trabajo ajeno, gravándoles con impuestos.

El estado de conciencia social  del pequeño propietario, con su pequeña empresa, es algo que debió tomarse en cuenta; se necesita un largo plazo para que la conciencia social pequeño burguesa se extinga, si no se la destruye con la violencia, lo que no es aconsejable, fue lo que al parecer hizo Stalin con la socialización de la propiedad territorial del pequeño burgués agrario.

Al parecer, en principio partidos como el kadete, el menchevique y el social revolucionario que querían pactar con la burguesía industrial y con otras de sus fracciones urbanas eran partidarios de la socialización de toda la tierra, algo a lo que se opusieron Lenin y sus partidarios bolcheviques porque entendieron que el proletariado urbano y los campesinos pobres (pequeños burgueses rurales) debían hacer una alianza para derrotar a la burguesía y a los terratenientes.

La revolución rusa triunfó el 25 de octubre por la alianza entre el proletariado y el campesinado. Si muchos soldados que venían del viejo ejército zarista apoyaron la revolución fue por su misma extracción campesina, descendían de familias de campesinos pobres y anhelaban un pedazo de tierra para poseerla con su familia. Esto contribuiría a que los soviets fueran de campesinos, obreros y soldados y por eso en sus inicios la revolución derramó poca sangre, pero luego con la resistencia de los que se oponían al nuevo orden socialista estalla la guerra civil y se hizo más cruenta.

Un prestigioso periodista norteamericano, John Reed, quien escribió la obra: Diez Días Que Conmovieron al Mundo, quien tenía para esa época una privilegiada renta anual de entre 15,000 y 30,000 dólares, simpatizó con la causa del pueblo y su revolución. Estuvo dos veces en Rusia y se entrevistó con Lenin, le llamaba la atención la falta de vanidad en este líder ruso. Murió después de un quebranto de la salud renal, fue enterrado con honores en la Plaza Roja.

John Reed le impresionó tanto la Revolución de Octubre que viajó dos veces y estuvo en Siberia, habiendo dejado sola a su familia, a su consorte de orígenes aristocráticos Luisa Bryan. Un dato curioso es que Reed fue orientador del sindicato llamado Trabajadores Industriales del Mundo, cuya siglas en ingles era IWW, habiendo sido amigo del magnate  Henri Ford I, precisamente a dicho sindicato pertenecían los trabajadores de la Ford Motor Company de la cual era propietario este último.

 

Por Francisco Rafael Guzmán F.

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