Un debate ideológico desenfocado

Por Víctor Manuel Peña lunes 11 de marzo, 2019

Por razones de conveniencia electoral de cara al 2020 en Estados Unidos se está llevando a cabo un debate raro y extraño si tomamos en cuenta cómo se ha desarrollado históricamente el ejercicio de la política en esa nación.

Hablamos de la política interna, porque en materia internacional la guerra fría fue una eterna confrontación ideológico-política entre Estados Unidos y la exUnión Soviética, las dos superpotencias de ese período de la historia mundial.

Donald Trump, que no es un teórico y que no tiene ningún  dominio de la teoría política ni de la historia de ésta y de la política en general, ha iniciado, orientado por sus asesores, un debate de cara al 2020 tratando de desacreditar al Partido Demócrata al tildar de socialistas a los demócratas.  Pero al mismo tiempo Trump intenta incidir en la configuración del contexto electoral de cara al 20 e incidir también en la escogencia de quien será su contraparte como candidato presidencial por el Partido Demócrata.

Históricamente tanto demócratas como republicanos han subordinado, en sentido general, su accionar en la política a los dictados y códigos de la filosofía del pragmatismo, es decir, han ideologizado muy poco su accionar en lo que respecta al ejercicio de la política en el plano interno.

En las sociedades europeas, en cambio, sí que ha tenido mucha fuerza el debate ideológico desde el siglo XIX, sobre todo desde la segunda mitad de ese siglo, cuando se estructura y aparece la teoría marxista en la historia de las ideas en el mundo.

En Estados Unidos nunca ha habido, desde 1776 hasta hoy, una confrontación central entre capitalismo y socialismo en el plano interno en lo que respecta a la lucha por alcanzar el poder de la nación.

¿Es verdad que Bernie Sanders es socialista y que los demócratas todos son socialistas?

Nada más falso que ese desvencijado juicio.

La política interna en Estados Unidos siempre se ha debatido entre demócratas y republicanos; los primeros siempre han sido ultraconservadores o conservadores y los demócratas siempre han sido liberales en el lenguaje político estadounidense. En realidad y en definitiva, viendo el asunto desde la perspectiva de la esencialidad, la lucha política interna en Estados Unidos siempre ha sido una confrontación entre conservadores, unos llamados republicanos y los otros llamados demócratas.

Y Trump lo que pretende es trasladar a Estados Unidos el monstruo que representa el “socialismo” del dictador Maduro en Venezuela.  De lo que se trata es llenar de miedo al pueblo estadounidense sobre la posibilidad de establecer en Estados Unidos un socialismo al estilo de Maduro por parte de los demócratas si llegasen al poder en el 2020.

¡Cuántas falsedades y disparates hay en esas estrambóticas pretensiones políticas de Trump!

Primero, el socialismo nunca ha existido en Venezuela ni siquiera cuando Hugo Chávez fue presidente. Chávez hablaba delirantemente del socialismo del siglo XXI, un concepto que enunciaba en sus discursos pero que nunca construyó ni esbozo conceptualmente o teóricamente.

El socialismo nunca ha existido como sistema social en Venezuela.  Aún con la retórica encendida del socialismo del siglo XXI de Chávez, Venezuela fue y sigue siendo una sociedad capitalista como es Estados Unidos.

Maduro es un dictador que no tiene ni idea de lo que es el socialismo y que llegó a la Presidencia de Venezuela por la bendición equivocada de Chávez y de los Castro.

Señor Trump, en Venezuela no hay socialismo real, por consiguiente, no ha sido el socialismo que ha llevado a Venezuela a la ruina total. Han sido las torcidas e incorrectas políticas públicas aplicadas por la dictadura de Maduro las que han llevado ese país sudamericano al cadalso o al gólgota.

Aunque Bernie Sanders ha cometido el error craso de no criticar la dictadura de Maduro, sino de defenderla, él nunca ha planteado establecer el socialismo en Estados Unidos como sistema social. Él es sencillamente un demócrata que aboga por políticas públicas –básicamente políticas sociales- en Estados Unidos que favorezcan a la clase media y a los más vulnerables o necesitados en la sociedad estadounidense.

Esas políticas públicas de alto contenido social, es decir, altamente progresivas por el lado de los impuestos y del gasto, por las que lucha y propugna Bernie Sanders no son, jamás, una consecuencia o expresión de la aplicación del socialismo real. Es posible lograrlo en una sociedad capitalista avanzada como ha ocurrido en la Europa occidental y nórdica en cuanto al desarrollo del estado del bienestar.

Los partidos identificados con la socialdemocracia en los países capitalistas de Europa hace tiempo que dejaron de plantearse la construcción del socialismo real en esas sociedades capitalistas, sino que su lucha ha estado centrado en la construcción del estado del bienestar en esas sociedades capitalistas.

También el estado del bienestar exige, para su funcionamiento y operatividad, que esté vigente un sistema tributario altamente progresivo.

La Europa capitalista logró avances importantes en la construcción del estado del bienestar pero ese estado se ha venido deteriorando desde hace tiempo, sobre todo a partir de la crisis de la deuda pública que estalló en el 2011.

Se han hecho “reformas” al sistema de seguridad social, seguro de salud y seguro de pensiones, que han limitado enormemente las reivindicaciones logradas por los trabajadores y por la clase media, es decir, han sido reformas muy negativas que han agravado las desigualdades sociales y la distribución y redistribución regresiva del ingreso y de las riquezas en Europa.

Los demócratas estadounidenses, incluyendo a Bernie Sanders, ni siquiera son socialdemócratas al estilo de la mayoría de las naciones capitalistas desarrolladas y de mediano desarrollo de Europa, mucho menos al estilo de las naciones nórdicas del viejo continente.

Los demócratas estadounidenses podrían aproximarse a la socialdemocracia europea en sus pretensiones políticas pero están muy lejos del socialismo real, aparte de que sus genes están formados y moldeados por el constitucionalismo y la democracia liberal vigentes en Estados Unidos.

En síntesis, el socialismo real nunca ha constituido un peligro para la sociedad estadounidense porque los partidos que existen nunca han cuestionado ni cuestionarán las verdaderas esencias de la sociedad capitalista.

El bipartidismo en Estados Unidos ha sido creado a imagen y semejanza de esa sociedad capitalista e imperialista.

El actual debate político en Estados Unidos es un falso debate ideológico.

El socialismo histórico, concebido y desarrollado en el marco de la teoría marxista de la economía y de la evolución histórica de la humanidad, se asume como la negación y la antípoda del capitalismo. Por lo general, desde el punto de vista teórico, el socialismo debe entronizarse allí donde el capitalismo haya alcanzado mayores niveles de desarrollo.

Pero fue en la Rusia zarista, nación en la que predominan las relaciones feudales de producción, lo que significa que el capitalismo era incipiente y estaba en una posición subalterna, donde se estableció por primera vez el socialismo vía el impulso de una revolución de la misma naturaleza por parte del Partido Bolchevique que dirigió Lenin hasta su muerte.

El establecimiento de la primera sociedad socialista en la nación menos desarrollada del mundo en términos capitalistas negó en los hechos la prognosis marxista.

Una nota discordante y contrastante es que en los países donde el capitalismo ha estado más desarrollado –Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Alemania y otros- no se ha establecido de ninguna manera el socialismo como alternativo al capitalismo.

Históricamente está archidemostrado que el socialismo como régimen social se ha establecido en aquellas sociedades donde el capitalismo ha estado menos desarrollado –Rusia, China Popular, Cuba, Vietnam, Somalia, Corea del Norte, la exYugoslavia, Hungría, Rumanía y otros-.

Todo lo anterior nos indica, además, que el socialismo no se ha establecido ni se va a establecer por generación espontánea en ningún país en el mundo.

Aparte de las condiciones objetivas o materiales, es necesario que de manera consciente y voluntaria las clases subalternas y los pueblos asuman un permanente proceso de lucha en pro de la construcción de una nueva sociedad asumida por una vanguardia política y social.

Es un proceso muy dinámico, con altas y bajas, victorias y derrotas, en el que han contado la voluntad de hierro de los participantes, la ciencia, el conocimiento de la historia y una prospección y proyección correcta del futuro.

Pero ante el fracaso histórico del socialismo en la mayoría de los países en los que se estableció ese régimen social, el mundo en desarrollo ha tenido que buscar alternativas de crecimiento y de desarrollo en el contexto de la globalización.

Con excepción de China Continental, y eso que esa nación tuvo que aplicar estrategias para desarrollar la economía de mercado y beneficiarse del desarrollo de la ciencia y de la tecnología a través de la captación de inversión extranjera proveniente de los países capitalistas desarrollados del mundo desde principios de los 70, los demás países del mundo donde existía el socialismo han devenido en sociedades muy atrasadas en lo económico, en lo científico-tecnológico, en lo social y en lo institucional, incapaces de competir face to face en los mercados internacionales con los países capitalistas desarrollados y de mediano desarrollo del mundo.

La exUnión Soviética se autoliquidó porque se retrasó en el desarrollo de la ciencia y de la tecnología, asumió estrategias equivocadas como la guerra armamentista y espacial y descuidó la modernización de la economía y de la sociedad en términos de no ofrecer solución adecuada a los problemas económicos y sociales en lo que respecta a la generación y a la distribución y redistribución de las riquezas producidas.

El mundo se mueve actualmente en una dirección y en una perspectiva distante del socialismo histórico. El fracaso de la nueva izquierda en América Latina, por ejemplo, y los cruciales problemas de la socialdemocracia europea –que nunca se ha planteado como estrategia la sustitución del capitalismo por el socialismo- acentúa esa tendencia en dirección contraria al socialismo histórico.

Es muy lamentable que en esta etapa de la historial universal el mundo esté dominado y regenteado por los partidos y movimientos de la derecha ultraconservadora y ultrapopulista en el contexto del capitalismo y de la globalización.

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