Un camino entrampado

Por Iván Canals

Los eventos que vienen produciéndose en los últimos días en el Congreso Nacional y en sus alrededores, indudablemente que han ido de forma escalonada sembrando un clima de incertidumbre e inestabilidad en el seno del pueblo. Resulta sorprendente y contraproducente que luego de venir experimentando avances significativos en el orden institucional e ir consolidando una democracia que tanto ha costado desde nuestra fundación, el país esté atravesando en una situación tan traumática como la actual.

Las imágenes que circulan en los medios donde se observa como fuerzas policiales y militares limitan el paso y el libre acceso a los legisladores, dificultando que estos puedan cumplir con sus funciones y responsabilidades ordinarias; para las cuales fueron elegidos por el voto popular es alarmante, ver como el primer poder del Estado está siendo restringido y limitado por un cerco de seguridad que se mantiene desde hace varios días, como si fuera Siria, Afganistán o Sudán del Sur, una de las zonas más violentas de este siglo. Definitivamente, que esto no es más, que una aberración que pone, de por sí, a nuestra vapuleada imagen en una contexto mucho más dificultoso y delicado debido a los ataques y a la campaña negativa de la cual está siendo víctima a nivel internacional.

Presionar, y coartar a los legisladores el poder cumplir con sus tareas libremente y sin ataduras, tal y como expresa la Constitución haciendo uso de acciones retrógradas, es de suma preocupación ya que atenta severamente a la democracia.

Lo fundamental para que una democracia sea sólida y prevalezca en el tiempo, es la separación de los poderes del Estado, y la independencia de los mismos, sin que jamás, uno influya o presione al otro en la toma de decisiones. Cuando la influencia de un poder ya sea por ambiciones particulares o por cualquier otra, interfiere de forma abierta o sigilosa en otro, lamentablemente estamos cayendo en un estado de degradación institucional que abren las puertas al caos y la inestabilidad que genera como resultado desasosiego e inseguridad, tanto a la ciudadanía como al sector empresarial. Escenario que se debe de evitar de cualquier manera, por los daños que esto pudiera ocasionar a nuestra economía.

La voz del pueblo hasta el momento ha sido ignorada. No han sido suficientes los reclamos, ni mucho menos las protestas pacíficas de sectores de la sociedad, que vienen enarbolando una lucha, reclamando a viva voz que impere el respeto a la democracia y a la Constitución, y que de una vez y por todas, se cierre este funesto capítulo que tanto intranquiliza y erosiona a la sociedad.

Los pasos que se están dando actualmente en el país conjuntamente con el panorama sombrío y convulso que estamos viviendo, indefectiblemente que le deja al pueblo en sus manos como única opción el salir a las calles a levantar su voz de forma civilizada, fruto de las desacertadas decisiones que se vienen ejecutando en contra de la voluntad y el sentir del pueblo. Tal y como dijo la Escritora y novelista estadounidense Libba Bray “No hay nada más aterrador que la inmutabilidad del que cree que tiene razón.” Hoy más que nunca se hace imperioso que predomine la sensatez y el diálogo respetando los límites del poder, al igual que la Carta Sustantiva, que es el pacto político, social y económico que garantiza nuestros derechos.

Seguir transitando este camino convulso, desestabilizador y devastador por demás, para la democracia y el Estado de Derecho; es un juego muy arriesgado y peligroso, que entrampa a sus promotores hoy por hoy, y que puede tener como resultado un costo muy alto a pagar, según los niveles de impacto que genere una eventual crisis, que podría estar viviendo la República Dominicana en cualquier momento.

Por: Iván Canals.

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