UASD debe investigar vacuna y antídoto del COVID-19 

Por Francisco Rafael Guzmán lunes 10 de agosto, 2020

Si el conocimiento es para cebarse de lucro aquel que lo atesora, sin prestar atención a la  vocación por el servicio al bienestar colectivo, no  vale tanto la pena. No solo de pan vive el hombre (el humano: hombre o mujer). Hay una canción de Alberto Cortes que dice: Pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo. A los grandes ricos les pega muy bien el estribillo de esa canción, a los que solo piensan en las grandes ganancias: los magnates de los bancos, los grandes especuladores en las bolsas de valores, a los grandes dueños de empresas de producción y comercio de servicios, a los grandes empresarios de las industrias del ocio, las grandes joyerías, grandes empresarios de las modas y a los dueños de empresas de grandes eventos.  ¿Por qué le cabe muy bien a cualquiera de ellos esa canción? Bueno, porque el COVID-19 cambiara el mundo. Ese cambio ya está en proceso, y el que dirige o aspire a dirigir, si no percibe la realidad así que renuncie pero para dirigir no es apto.

Una realidad que no podrá seguir y que es hija de la hegemonía del capital financiero y el neoliberalismo, la concentración de riquezas con la proliferación de empresas de servicios. Unos cuantos de esos grandes magnates han estudiado en Harvard y algunas cuantas universidades más y han sido meritorios, lo que no justifica su enriquecimiento desmedido. Los 20 personas más ricas del mundo son: Jeff Bezos (116,280 millones de dólares), Bill Gates (US$ 113,500), el francés Bernard Arnault (US$ 106,200), el norteamericano  Warner Buffet (US$89,180), el norteamericano Mark Zuckerberg (US$ 79,400), el espanol Amancio Ortega (US$68,000 millones), el norteamericano Larry Pagge (US$65,200 millones), el ruso de  nacimiento Sergey Brin (US$63,300 millones), los norteamericanos Carles Koch y Julia Flesher Koch (con una fortuna de US$62,100 millones cada uno), el mexicano Carlos Slim (US$61,500 millones), el Hindú Mukesh Ambani (US$59,500 Millones), la francesa Francoise Beltencourt (US$ 59,300 millones), Larry Ellison (igual que el anterior US$59,300 millones), el norteamericano Steve Ballmer (US$58,500 Millones), el norteamericano  Rob Walton (US$54,400 millones), el norteamericano Jim Walton (US$53,300 millones), la norteamericana Alice Walton (US$53,380 millones), el chino Jack Ma (US$47,100 millones) y Jacqueline Badger Mars (US$42,900 millones). Todas estas fortunas de estos 20 multimillonarios del mundo ascienden en dólares a la colosal cifra de 1,374, 440, 000,000, o sea, un billón trescientos setenta y cuatro mil cuatrocientos cuarenta millones de dólares. Un billón es un millón de millones, o sea, un millón de veces un millón.  A  mi entender con esa cantidad se paga más de 20 veces la deuda del Estado dominicano. El mundo no puede seguir así.

El Mundo está abocado a un proceso de cambio, sea cuales sean los resultados del azote de la enfermedad, porque como quiera que sea hay un antes y un después. Los mercados no van a ser los mismos de antes y las actividades como el turismo tardarán mucho tiempo en recuperarse. Esta es una realidad que deben entenderla las autoridades de la UASD, resultado de lo cual será un horizonte prometedor en lo académico, caminando por atajos y desechando los vericuetos, siguiendo el buen sendero en la producción de conocimientos científicos. De ese modo, poner los conocimientos al servicio de la humanidad, primero que pensar en los lauros individuales de los investigadores  y el derecho de patentes (aunque es justo el merecimiento del mérito individual de quien crea), que al igual que -en el caso de los antídotos- la farmacopea internacional, se convierten en un óbice para las curas de los pacientes. Los efectos del COVID-19 han puesto al desnudo, con la realidad de la crisis sanitaria, la no viabilidad de la sociedad de manejarse como se ha estado manejando porque requiere de un cambio sistémico.

En artículos anteriores lo ha estado escribiendo el autor de este artículo. El modelo económico tiene que ser destruido, porque no es posible seguir manteniéndolo sin una hecatombe de la población. La existencia de la especie y la preservación de la vida en el planeta están por encima de los intereses de los grandes privilegiados. Al neoliberalismo hay que destruirlo para salvar al planeta.

Entonces: ¿Qué debe hacer la UASD como universidad del Estado, pública y autónoma? Por sus características y porque ha sido fiel a la tradición del modelo de universidad occidental al manejarse con capacidad de autogobernarse, debe abocarse a la investigación para la producción de conocimientos científicos, para poner estos al servicio de la población dominicana, haitiana, caribeña y del mundo. Investigar bien los movimientos del virus de la pandemia del COVID-19 en el ambiente exterior al ser humano y en el plasma o en el torrente sanguíneo, su carga proteínica, capacidad de resistencia al ambiente para mantenerse activo y su capacidad reproductiva. Debe investigar la producción de un fármaco (vacuna preventiva) capaz de producir los agentes que impidan las entrada del virus activo a la sangre humana; además, la academia debe investigar como producir antídotos para curar la enfermedad en los pacientes, en estos que ya se han contagiado del virus y padecen síntomas de la enfermedad o síndrome. Entendemos que el gobierno actual ha mostrado indiferencia con la universidad del Estado, coherente con esa postura frente a la universidad del Estado dominicano, ha evidenciado no ser el ejemplo de un buen jefe de  la cosa pública.

Ahora bien, las autoridades de la academia estatal deben seguir asumiendo los roles que han asumido y ser más tesoneros en la producción del conocimiento científico, a través de la investigación, para dar solución a los grandes problemas que enfrenta la humanidad. Así es como deben asumir las altas autoridades de la UASD su compromiso, con responsabilidad y poniendo en primer plano la razón. Si no hay condiciones en lo inmediato para iniciar lo docencia virtual por la masificación tan grande, postergar el inicio de semestre y producir el conocimiento necesario.

Al país y al mundo  la UASD debe ofrecer soluciones a los problemas con sus aportes del conocimiento producto de investigaciones, para la prevención y la cura del coronavirus. ¿Puede la UASD llegar descubrir la vacuna y los antídotos del COVID-19? Claro que puede, ya ha demostrado que puede hacer importantes hallazgos, con el descubrimiento en la flora de la Española de la planta que contiene la molécula que combate varios tipos de canceres, la cual pertenece a la familia de la asteraceae,  siendo nativa de este país.

Es urgente enfrentar la pandemia, porque no es un juego de muchachos. Hemos pedido alrededor de 20 médicos, por ser héroes en la defensa de la salud de la población, como en el pasado ocurrió con otras enfermedades. Danilo ha sido un presidente indiferente a la UASD y hasta parece que guarda un resentimiento con ella, por lo dijo un profesor uasdiano, pero si es así parece que su conducta no es la propia de su investidura. Sin embargo, en estos momentos la universidad del Estado debe dar cuenta de que se preocupa mucho de los problemas nacionales, ahora sobre todo por el problema de la salud.  Debe investigar en salud para dar solución a los problemas que genera la pandemia del COVID-19.

Debería plantearse la solución de problemas con la finalidad de poner fin a los efectos de la pandemia. Es un orate, llámese ministro de turismo, empresario o lo que sea, el que crea que hay que abrir el turismo y este se puede recuperar rápido en la gran demanda que tenía. Bueno, hay imágenes de que la playa de Boca Chica estaba llena de turistas, si es real, probablemente eran criollos en su mayoría. Los infectados pueden ser muchos.  Es necesario que la investigación social tome relevancia en la UASD, pero no para concluir en la apertura de la economía, sin primero buscar antes la solución a la crisis sanitaria y ni sin pensar que no es posible la solución a las grandes injusticias (lo que urge) sin un cambio sistémico del modelo económico, el que fue impuesto hace más de tres décadas. Los economistas no pueden seguir reflexionando sobre los recursos y el crecimiento o no de la economía, sin pensar  en la solución de las injusticias, porque la realidad nos da en la cara. Forzosamente las economías de los Estados, al parecer, se tendrán que manejar por un tiempo no muy breve en un estado de casi autarquía. Los sociólogos debemos pensar que la reflexión no conduce a otra salida que a la de un cambio sistémico, al colapso de la hegemonía del capital financiero, por no hay solución a problemas sociales ancestrales si no es así.

El pueblo diría que la pandemia ha provocado un parto (en sentido figurado) que para el capitalismo, como sistema, ha sido un duro golpe en su matriz. El pueblo dice en la madre. Ahora bien, no podemos pensar que en lo inmediato se pueda destruir el capitalismo, pero si es posible destruir ahora al neoliberalismo, el estado de la conciencia social permite destruir la hegemonía del capital financiero.

No quiero terminar este articulo sin loar a los héroes de la ciencia de la salud, a los médicos y paramédicos, por el desprendimiento de muchos de ellos en esta pandemia. Los médicos que han fallecido producto del COVID-19 en nuestro país, aparentemente ascienden a 19 y un odontólogo, porque al parecer no han incluido a las enfermeras en un listado de 17 médicos un odontólogo, pero después de eso murió el Dr. Rojas de Moca y un ortopeda en San Francisco de Macorís. La UASD debe llamar a sus investigadores de las Facultades de Ciencias y Ciencias de la Salud a investigar para dar solución al COVID-19 y no llamar apertura de clases, porque se buscaría un problema  un problema y lo van a tener otras entidades. Las autoridades deben pensar en la decisión de la UNAM de no abrir clases por ahora en México.

 

Por Francisco Rafael Guzmán F.

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