Tunti Cáceres Michel: Un Joven de Valor Excepcional

Por Francisco Rafael Guzmán jueves 27 de junio, 2019

El autor  al  escribir es artículo debe aclarar que no le mueve un provincialismo cultural, porque de la misma manera que algo relativo a un mocano podría hacerlo con cualquier otro héroe que no sea la provincia Espaillat, provincia de la cual es oriundo. El que escribe ha dicho que Ulises Heureaux a (Lilis) fue asesinado a traición, independientemente de que fuera un tirano, no fue una acción de verdaderos héroes. Lilis fue asesinado en forma de emboscada, por eso en el escenario perdió la vida un limosnero que pedía limosna al Presidente, antes de este ser ultimado a tiros por los conjurados.

La muerte de Trujillo fue diferente, porque aunque fue sorprendido, los atacantes no le dispararon por la espalda -por lo menos en principio-, ni tampoco fue asesinado  visitando su amigo y acechado por el hijo de este, como fue el caso de Lilis. Este último experimentó algo equivalente casi a una traición, como le pasó al propio Ramón a (Mon) Cáceres  -ironía de la vida- que siendo presidente de la República fue asesinado por Luis Tejera y quizás alguien más, el hijo de uno de sus funcionarios, Don Emiliano Tejera. Jacobito de era hijo de Don Jacobo de Lara, siendo el local del almacén comercial de este y su entorno el escenario de lo que se ha conocido como el ajusticiamiento o magnicidio de Lilis. En el caso de Trujillo la cosa fue diferente, el escenario del atentado no fue el mismo.

El reconocido líder ya fallecido Juan Bosch dijo en alguna ocasión que admiraba mucho a los héroes del 30 de Mayo, pero sobre todo al teniente Amado García Guerrero. Ciertamente si se valora en su justa dimensión a los héroes del 30 de mayo, el verdadero héroe fue Amado García Guerrero. No actuó como un resentido pero si por convicción, aunque si actuaba como alguien  que estaba indignado moralmente con la dictadura. Los bajos instintos de los torturadores le pusieron a matar un presidiario, llegando al colmo del cinismo de hacerle creer al teniente Amado que había matado su cuñado, cosa que no era cierta. No importa a quien matara, fuera cuñado o no esto lo maculaba, pero los héroes a veces tienen que pagar ese precio. Fue algo que sólo podía saldarlo -como lo saldó- con su participación en el atentado para poner fin a la vida de Trujillo y con ello a   poner fin a la noche ignominia, a la era de tanto oscurantismo. Esa era de tanto oscurantismo la vivió -aunque era muy joven en 1961-  Luis Manuel Cáceres Michel y pese a que no era un desharrapado por tradición familiar no podía estar tranquilo y aceptar la dictadura.

Tunti estaba en el grupo que conspiraba contra Trujillo, pero la noche del asesinato no participó, ya que por algún motivo no viajó de Moca o de donde se encontrara hacia La Capital, donde fue el escenario del magnicidio contra “El Jefe”. Era una suerte empleado, como capataz, de las empresas o aserraderos de Antonio de la Maza Vásquez, uno de los principales participantes en el atentado que puso fin a la vida de Trujillo. Sin embargo, al igual que el Teniente Amado, el valor de este joven lo coloca por encima de cualquiera  de los demás  complotados, algunos de los cuales pudieron haber sido protegidos. Cuando estaba preso, después de esconderse en los campos de Moca, le dio la respuesta que se merecía Radhamés Leonidas Trujillo Martínez, cuando este le dijo: “Caramba, Tunti, ¿Quién me hubiera dicho que tu ibas a participar en una conjura para matar a papá?… Tunti Cáceres lo taladra (como carpintero taladra la madera en los aserraderos: FRGF) con la mirada; y en gesto de valor jamás igualado  se agiganta al responder: ¡Y qué! ¡Bien muerto está!… ¡Ojalá resucitara para matarlo otra vez!” (Esto apareció un artículo de Alfonso Acosta Félix, el autor no anotó el número). Tunti sabía que lo iban a matar, murió dignamente como mueren los héroes, aunque no se le reconozca como lo que fue: un héroe sobresaliente.

Al hijo menor del sátrapa le respondió el héroe, porque de ese modo responden los héroes, el que no fue y no podía serlo fue Ramfis Trujillo, hermano de Radhamés, que fue quien lo asesinó cobardemente a él y a los otros del Grupo 30 de Mayo que hicieron el complot para matar a Trujillo. Ramfis era un desquiciado mental, Radhamés y casi todos los demás miembros de la Familia Trujillo fueron unos desquiciados también, tal vez pudo haber alguna excepción, pero sería muy rara.

El autor conoció a un señor, también empleado de Antonio de la Maza, el cual le confesó que cuando Tunti se escondía, antes de ser entregado a Ramfis y  su cohorte de criminales por un funcionario del recién decapitado régimen, él era quien le llevaba la comida a su escondite. Los familiares más cercanos a Tunti habían sido apresados y no los soltaban si no entregaban a Tunti. Fue asesinado como los otros que estaban presos, los que nunca fueron apresados entre todos los conjurados fueron: Imbert Barreras, Amiama Tió, García Vásquez y Severo Cabral. ¿Estarían o no protegidos por alguien o por algún poder todos estos o casi todos estos conjurados que no sufrieron  ninguna tortura o cárcel?

La Era de Trujillo debe seguir siendo analizada y por qué no, puede haber un museo de los objetos instrumentos de las torturas de los Trujillo para educar a la generación joven actual en lo que no debe ser, pero no un museo para loar La Era. Enseñar que la Era de Trujillo no podemos reeditarla. A parte de las faltas de libertad de tránsito, libertad de opinión y casi no había libertad de asociación en la Era de Trujillo (excepto para las asociaciones recreativas, como los nazi en Alemania, porque había un control casi absoluto del ciudadano), había mucha pobreza y miseria, pese a todo lo que se quiera decir de las obras materiales de Trujillo. Era un capitalismo de Estado que, por lo restringido del proceso de acumulación de capitales y la casi absoluta restricción de libertades, es sui generis y con la excepción de la Alemania nazi -tal vez- jamás se ha visto otra dictadura así en ninguna otra parte del planeta.

Para tener una idea de lo que fue la Era de Trujillo aquel no viviera para razones de edad, además de ver la película “El Teniente Amado” debe verse una foto en que aparecen Tunti Cáceres y Rubén Lulo (ambos fallecidos) -entre otros- que aparece en una obra del Dr. Gómez Bergés, Balaguer y Yo, editada por el Archivo General de la Nación. Estos  jóvenes aparecen  compartiendo colillas de cigarrillos en los años 50 en un restaurant de Moca, lo que da una idea de las restricciones tan grandes al consumo que tenían incluso personas que no eran pobres, personas que no pertenecían al proletariado o al campesinado, imaginémonos el consumo de estas últimas clases sociales por donde andaba.

 

Por Francisco Rafael Guzmán F.

Anuncios

Comenta