Trump a la francesa

Por Jonathan Gómez Miércoles 22 de Marzo, 2017

El continente europeo, a pesar de ser el segundo más pequeño en extensión territorial, ha sido caracterizado históricamente por una complejidad latente no solo en el ámbito histórico, sino también, en el ámbito cultural, económico, estratégico, geopolítico y lingüístico, entre otros. Dicha complejidad se ha reflejado históricamente en las relaciones internacionales de cooperación entre los Estados, así como en la búsqueda de aliados estratégicos.

En esa lógica, los Estados europeos devastados por los conflictos bélicos de la primera mitad del siglo XX, pusieron en marcha a través de la iniciativa francesa del entonces Ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Robert Schumann, y del economista Jean Monet, el proyecto supranacional de la “Comunidad del Carbón y el Acero” (CECA). Dicho proyecto promovía entre los países fundadores de Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos una cooperación económica y política con el objeto de poner fin a los conflictos bélicos que marcaron al continente, pero principalmente, promovía la apertura de una paz duradera en Europa, así como un período de estabilidad.

No obstante, de las coyunturas y los valores de paz, colaboración, solidaridad, cohesión y progreso que simbolizaba la CECA, la realización y evolución del proyecto se percibía como una utopía. Sin embargo, y, en base al gran avance económico y de mercado que representaba el proyecto, hacia 1973 países como Dinamarca, Irlanda y Reino Unido consolidaron la primera gran ampliación del proyecto económico.

Dicho proyecto, hacia 1993 desembocaría en la firma del Tratado de Maastricht, en el cual, la evolución de la CECA daría paso a lo que se conoce actualmente como Unión Europea, siendo ésta una unión monetaria y económica. El matiz que fortaleció dicha Unión, entre otras cosas, fue el constante crecimiento económico que derivaba de los acuerdos estratégicos que iban en consonancia con la liberación en materia aduanera y transacciones comerciales entre sus miembros.

En un contexto como el anterior parece impensable la ruptura de un proyecto de tal envergadura, así como el cuestionamiento de su futuro. Sin embargo, paradójicamente uno de los países fundadores y quien promovió el inicio del proyecto europeo, ahora lo cuestiona seriamente y amenaza desde el punto de vista político. Actualmente, la líder y candidata a la presidencia del partido de extrema derecha francés, Marine Le Pen, plantea dentro de su programa político la convocatoria a un referendo para un “Frexit”, emulando así la maniobra de salida realizada por Gran Bretaña en junio del 2016. En el hipotético planteamiento que la líder del Frente Nacional obtuviera la victoria en las próximas elecciones presidenciales, Francia, al igual que sucedió con Reino Unido, enfrentaría una de las más profundas divisiones tanto a nivel político como, a nivel social, sin mencionar los importantes costes e impactos que dicho planteamiento traería como consecuencia.

Retomando la experiencia del “Brexit”, podemos destacar primeramente que, el caso de Reino Unido mostraba una sociedad dividida, esto si tomamos en cuenta los resultados de la consulta, donde un 52% de ingleses se impusieron a un 48%. Asimismo, es posible señalar en retrospectiva que, el coste económico ha sido muy elevado, siendo este el causante de la caída y devaluación de la libra esterlina con respecto al euro, principalmente.

Esto sin mencionar que, el déficit comercial del Reino Unido ha aumentado de manera preocupante y, ha puesto de manifiesto la interrogante de diversas multinacionales sobre la posible retirada de inversión y negocios en el territorio inglés.

Por otra parte, en materia política, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, simbolizó la transformación del orden político a lo interno del sistema, comenzando por la dimisión, posterior al resultado de la consulta del Primer Ministro Británico, David Cameron. Igualmente, y de manera paradójica uno de los principales líderes y promotores del “Brexit”, Nigel Farage, tras el triunfo de su proyecto político decidió dimitir como líder de su partido alegando que cumplió son su objetivo, lo cual resulta contradictorio, y podría calificarse como quien “tira la piedra y esconde las manos”, ya que la victoria del Brexit le implicaría una serie de responsabilidades y consecuencias las cuales conllevarían a la voluntad de la sociedad a favor de la salida de la Unión Europea, el cumplimiento de las difíciles propuestas realizadas durante su campaña.

Retomando el caso francés y la hipotética victoria del Frente Nacional en manos de Marine Le Pen, es posible predecir un futuro incierto para Francia, para la Unión Europea y para el orden y el equilibrio de la organización mundial actual. Las primeras consecuencias ya son visibles, la sociedad francesa estando a un mes de la primera vuelta se muestra dividida a nivel político y a nivel social. Aunado a ese clima de incertidumbre, el escándalo fiscal mediante el cual el candidato a la presidencia por el partido de Los Republicanos, François Fillon y su esposa, se han visto envueltos, ha favorecido y aumentado el estremecimiento de la sociedad francesa. Sin embargo, Nicholas Sarkozy, antiguo mandatario de la República Francesa y miembro del partido republicano, optó por apoyar a Fillon tras una reunión en Paris, después de considerar que una retirada de Fillon pondría en bandeja de plata el triunfo a Marie Le Pen.

Paralelamente, la victoria de Marine Le Pen, simboliza una estocada sin precedentes al proyecto europeo, dicha embestida marcaría a la Unión Europea con heridas muy profundas y difíciles de curar, incluso, podría emerger la interrogante sobre un posible agotamiento o, en su defecto, replanteamiento de la dinámica y configuración del proyecto iniciado por Francia, seis décadas atrás.

Cabe destacar que la Unión Europea forma parte de un orden internacional, el cual está organizado en diferentes bloques mundiales, potencias y países emergentes, quienes marcan directrices en torno a la cooperación y colaboración en diversas materias y, en múltiples niveles de organización a través de acuerdos bilaterales y multilaterales, por lo que, un posible agotamiento, replanteamiento del proyecto europeo simbolizaría a su vez, una revuelta dentro del pensamiento sobre el orden, el funcionamiento de la organización mundial y una posible pérdida de liderazgo a nivel global.

No obstante, de los múltiples obstáculos que ha tenido que superar el proyecto europeo, la unión de la sociedad europea, ha manifestado su fuerza y su voluntad hacia una evolución favorable de la Unión Europea, el ejemplo más reciente ha sido el caso de Holanda, en donde también surgió, en las pasadas elecciones la interrogante euroescéptica sobre una posible retirada, sin embargo, tal interrogante no obtuvo la popularidad, ni el apoyo nacional e internacional.

Actualmente, todas las miradas de Europa y del Mundo están fijas en Francia y, en los ciudadanos franceses quienes participarán este próximo 23 de abril en las elecciones presidenciales de primera vuelta. En sus manos reside la importante decisión de elegir entre seguir confiando en la mayor apuesta que se ha hecho en la historia a nivel internacional o, tirar por la borda el avance que ha simbolizado el trabajo, el sacrificio y la confianza de todo un continente. En los ciudadanos franceses reside la decisión de entrada a una dinámica de incertidumbre e inestabilidad, o la continuidad con el proyecto que ha dotado al continente de un equilibrio, avance económico, social, de integración y sobre todo en materia de paz.