Tregua de Duterte con la Iglesia católica tras llamar a Dios “estúpido”

Por EFE lunes 9 de julio, 2018

EL NUEVO DIARIO, MANILA.- Después de llamar a Dios “estúpido” y burlarse de algunos dogmas cristianos, el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ha tendido la mano a la jerarquía de la Iglesia católica del país, molesta por las ofensas a una religión que profesa el 86 por ciento de los filipinos.

Duterte mantuvo este lunes una reunión privada de unos treinta minutos con el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Filipinas, Romulo Valles, y se comprometió a “una moratoria en sus declaraciones sobre la Iglesia”, confirmó el portavoz presidencial, Harry Roque.

Malacañang, sede de la Presidencia filipina, ha dejado claro, no obstante, que “el cese en el lenguaje hostil” debe venir de las dos partes y que Duterte no dudará en arremeter contra la Iglesia de nuevo si se siente amenazado por sus líderes.

Fue a finales de junio cuando el polémico presidente, de 73 años de edad, enojó a cristianos de todo el país al cuestionar el concepto del pecado original y referirse a Dios como “estúpido” por haber creado perfectos a Eva y Adán y después tentarles con la fruta prohibida.

Lejos de disculparse ante la oleada de críticas que desataron sus palabras, Duterte ha seguido atacando en las últimas semanas a la Iglesia católica, a la que tachó de “hipócrita” y cuya influencia en la sociedad filipina consideró “espeluznante”.

Incluso prometió dimitir si alguien lograba probar la existencia de Dios haciéndose un selfie con él, en tono de sorna.

Sin aportar prueba alguna, el portavoz presidencial llegó a afirmar la semana pasada que algunos obispos y sacerdotes católicos estaban implicados en un complot con la guerrilla comunista para expulsar a Duterte del poder.

Antes de la reunión de Valles con Duterte, la Conferencia Episcopal emitió hoy una carta pastoral en la que instaba a sus fieles a ser “pacificadores” en “tiempos de crisis” y los convocaba los días 17, 18 y 19 de julio a unas jornadas de “oración, ayuno y limosna por aquellos que blasfeman contra Dios”.

“Pasemos unos días de oración y penitencia invocando la justicia y la misericordia de Dios sobre aquellos que blasfeman su nombre, que calumnian y dan falso testimonio, y que cometen asesinato o justifican el asesinato como un medio para combatir la criminalidad en nuestro país”, dijo el vicepresidente de la Conferencia, el obispo Pablo David, al leer la carta pastoral ante la prensa.

Citando el Evangelio de San Pablo, el obispo subrayó que “la estupidez de Dios es más sabia que la sabiduría humana y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza humana”.

La Iglesia ha sido muy crítica con la guerra contra las drogas impulsada por Duterte, una campaña que ha costado la vida de miles de personas y que tildaron en febrero del año pasado de “reino del terror”, a lo que Duterte respondió tachando a los obispos de “hijos de puta”.

Fue ese episodio el que empañó la relación inicialmente buena entre el Gobierno y la jerarquía católica, especialmente con su presidente, Romulo Valles, que es arzobispo de Davao, ciudad de la que Duterte fue alcalde durante 22 años en distintos periodos.

“La Iglesia respeta la autoridad política, especialmente de los funcionarios elegidos democráticamente, siempre que no contradigan los principios espirituales y morales básicos que apreciamos”, matizaron los obispos en la carta pastoral de hoy.

Entre esos principios básicos se refirieron “al respeto por lo sagrado de la vida, la integridad de la creación y la dignidad inherente de la persona humana”.

“No somos líderes políticos y ciertamente no somos opositores políticos al Gobierno”, subrayaron en la misiva, reiterando su compromiso con la separación entre Iglesia y Estado.

Fuentes de la Conferencia Episcopal han recordado que la Iglesia a lo largo de su historia ha coexistido con innumerables formas de Gobierno y siempre ha trabajado con ellos “por el bien común, especialmente de los más desfavorecidos”, aunque se trata de una colaboración “crítica”.

Las controvertidas palabras de Duterte sobre Dios no sólo indignaron a la jerarquía católica, sino también a otros grupos religiosos como el Consejo de Iglesias Evangélicas, que también ha sido invitado a Malacañang a una cara a cara aún sin fecha con el presidente filipino.

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