Trayectorias Literarias Dominicanas: Pedro Camilo

Por Ramón Saba jueves 25 de mayo, 2017

Nació en Salcedo, provincia Hermanas Mirabal, el 12 de marzo de 1947.

 

Narrador y médico. Estudió medicina en la Universidad Pedro Henríquez Ureña, en la cual obtuvo el grado de Doctor. Fue Director del hospital del municipio de Navarrete, Santiago. También dirigió el hospital municipal de Luperón, Puerto Plata. Fue Supervisor Nacional de Atención Primaria, del Ministerio de Salud Pública, con asiento en Santo Domingo. Ocupó la posición de Subdirector Técnico de Hospitales, del mismo ministerio. Impartió docencia en la Pontifica Universidad Católica Madre y Maestra. Es miembro del Taller literario del Ateneo Minerva Mirabal, de Salcedo; también del Taller literario Virgilio Díaz Grullón, de Santiago, así como del Grupo Literario del Cibao, del Ateneo Insular y de la Tertulia Literaria Cerrada que dirijo. Es seguidor de la corriente literaria del Interiorismo, que lidera el escritor y director de la Academia Dominicana de la Lengua, Bruno Rosario Candelier. Es de los narradores dominicanos que se insertan en la denominada Generación del 80, mejor conocidos como “Ochentistas”.

Pedro Camilo ha publicado las siguientes obras: Ritual de los amores confusos (cuentos), El caballito de cartón y otras crónicas de asombros (estampas), Chat (novela corta), La impecable visión de la inocencia (cuentos), Los espacios perdidos (cuentos) y Un hombre en Ruicala (cuentos).

Entre los reconocimientos y premios que ha recibido, podemos señalar haber obtenido el Premio Anual de Cuentos 1994 por su obra Ritual de los amores confusos; Mención de honor Casa de Teatro 1994 por su cuento Como viento en el arpa; Mención de honor Casa de Teatro 1996 por el cuento Memorias de Julio Denis; Segundo lugar Casa de Teatro 2000 por el cuento La impecable visión de la inocencia; Segundo lugar Casa de Teatro, más recientemente, por el cuento El sueño de Sísifo. En el marco de la XV Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2012, se le dedicó un día y se asignó una calle con su nombre. Durante la celebración de la XI Feria Regional del Libro Hermanas Mirabal, efectuada en Tenares en el 2015, fue objeto de un reconocimiento y la dedicatoria de una calle (Este homenaje lo compartí directamente con este querido amigo, ya que a mí se me hizo igual distinción en esa ocasión).

El periodista, escritor y crítico literario José Carvajal, expresa que “De Camilo leí en 2002 su primera novela “Chat”, la cual me pareció en aquel momento un texto novedoso en la narrativa dominicana, aunque un tanto arriesgado porque, como lo anuncia el título, toda la obra se desarrolla en diálogos por internet o lo que se conoce popularmente como “chateo”.

El ensayista y poeta José Rafael Lantigua, considera que en los cuentos de Pedro Camilo el argumento está para ser verificado y consumido, pero el juego narrativo configura un mundo que se moviliza entre coartadas psicológicas de distintos niveles, en cuyos bordes se sitúan aspectos comunes, mientras en sus centros se sitúan los hechos confluyentes de una tragedia inequívoca donde la conciencia del sujeto se estremece y espanta. Los relatos del escritor salcedense se construyen sobre un estilo de signos vivaces, donde, a la inversa de lo que Borges dijo de Cortázar, cada ordenamiento estructural tiene su acento y su palabra, su crónica y su universo perfectamente balanceados.

La poeta y narradora Ángela Hernández, Premio Nacional de Literatura 2016, asegura que las palabras de Pedro Camilo tejen un velo vivo; nos cubren de temblores eróticos y cotidianos encantos; misceláneas chispas de vertiginosos sentidos vitales, los de duración y la esperanza, suscitando un agridulce paladeo, un rumor de alas confundidas en los bordes del viento, un gusto profundo por una realidad que se disuelve en leve y pertinaz fragancia de jazmines.

En lo personal, voy a repetir por aquí lo que una vez publiqué en Facebook: “Estoy seguro que lo que diré aquí, ahora, no tiene nada que ver con su obra, pero no me importa, lo diré de todas formas… Pedro Camilo es por mucho, uno de los escritores dominicanos de trato más afable y uno de los que por su superba calidad humana, más admiro.”; a lo que de manera simpática pero enfática respondió el dilecto amigo y gran escritor nuestro Rafael Peralta Romero: “¿Por qué tanta timidez para expresar ese juicio sobre Pedro Camilo? Yo, no solo suscribo lo que dices, sino que diré más: Pedro Camilo es magnífico escritor y excelente persona”.

 

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un fragmento de un cuento de Pedro Camilo:

 

La nostalgia huele a menta

 

Cerca de la iglesia de Salcedo, en una casa de madera que ya desapareció, estaba el consultorio médico donde conocimos el fantasma de la muerte. Al pasar por la calle de enfrente o al entrar al modesto recibidor, podía observarse una mampara de madera que exhibía esta memorable inscripción: Dr. Román Bautista Brache. Médico General. Del otro lado de la mampara había sillas, mecedoras y una pequeña mesa de centro que tenía en su parte inferior una escupidera blanca, esmaltada. Colgando de una pared, un cuadro de mediano tamaño mostraba a un médico que trataba de salvar a una mujer de las poderosas garras de la muerte, personificada ésta por el consabido esqueleto.

 

Si traspasábamos la antesala, llegábamos entonces a la oficina del doctor Brache, y ahí podíamos contemplar una camilla de madera, una vitrina blanca cargada de instrumentos médicos, una silla para el paciente –ocupada con frecuencia por una persona humilde- y por último, un escritorio de caoba donde se acumulaban papeles, frutas, libros, revistas, literaturas y muestras médicas. Junto a este montón de cosas, distinguíamos la presencia invariable de un recetario repleto de fórmulas farmacológicas, entre ellas las correspondientes a las denominadas pociones A y B, auténticos medicamentos contra la diarrea y los vómitos.

 

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