Trayectorias Literarias Dominicanas: Juan Sánchez Lamouth

Por Ramón Saba jueves 6 de abril, 2017

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Ramón Saba

Trayectorias Literarias Dominicanas

Ramón Saba Iván García Guerra

Nació en Los Mina, Santo Domingo, el 24 de junio de 1929 y falleció en el 18 de noviembre de 1969, con apenas 39 años de edad, debido a problemas hepáticos provocados por el alcohol y su estilo de vida desordenado.

Poeta a carta cabal. Proveniente de una cuna muy humilde, desde corta edad mostró su inclinación por la poesía, la cual cultivó cual el más versado representante de este género literario, a pesar de sólo haber completado un quinto grado de educación básica. Su gran amor por la lectura, y teniendo a César Vallejo como su ideal poético, rompió con todas las barreras de la extrema pobreza y la vida bohemia que le servía de marco vivencial, sobreponiéndose a las adversidades para desarrollar una línea que escapaba de lo ordinario y nadaba entre las formas cultas de la poesía.

Fue víctima de la discriminación, tanto por su origen social como por el color de su piel, y podría decirse que estas aberraciones raciales fueron aprovechadas por él como matices para que sirvieran de marco conceptual a su obra. Supo transitar con cautela entre las faldas de la dictadura del sátrapa Rafael Leónidas Trujillo Molina, quien le obsequió una humilde morada, luego que el tirano fuera advertido del gran poeta que era Sánchez Lamouth. Fue un cantor que se caracterizó esencialmente por pregonar en su obra el dolor del pueblo. Los que le conocían y le escuchaban hablar de su aldea, sabían que se refería a su natal Los Mina. Debo destacar que tres de los escritores que más conectaron empáticamente con él fueron los laureados Premios Nacionales de Literatura, Mateo Morrison, Diógenes Céspedes y Andrés L. Mateo.

Juan Sánchez Lamouth formó parte de Los Independientes del 48, cuya línea escritural coincidía con la denominada Generación del 48, compartiendo espacios con otros grandes de literatura quisqueyana como Marcio Veloz Maggiolo, Rodolfo Coiscou y Ramón Francisco, entre algunos más. Es considerado hoy día como el más importante de nuestros poetas malditos.

En su haber bibliográfico se pueden apreciar los títulos poéticos Brumas (que fue su primera obra, publicada en el 1954); Elegía de las hojas caídas y 19 poemas sin importancia; 200 Versos para una sola rosa; Memorial de los bosques; 50 cantos a Trujillo y una oda a Venezuela; Canto a las legiones de Trujillo y otros poemas; Los perros; Otoño y poesías; Granada rota; El pueblo y la sangre; Sinfonía vegetal a Juan Pablo Duarte. Cabe acentuar que uno de sus poemas más resonantes entre los poetas nacionales que conocen su obra, lo es Canto al presentido petróleo de mi patria. Notables autores dominicanos recogen su obra en importantes antologías, como son los casos de Mateo Morrison, Miguel D. Mena y Franklin Gutiérrez, por sólo mencionar algunos.

 

Juan Sánchez Lamouth fue merecedor del Premio Nacional de Poesía Gastón Fernando Deligne, en su edición del 1964, por su obra El pueblo y la sangre. También fue objeto de reconocimientos por colegas suyos de gran notoriedad, como fueron los casos de Domingo Moreno Jimenes (Padre del Movimiento Postumista) y Franklin Mieses Burgos (figura cimera de la Poesía Sorprendida).

 

Entre las muchas anécdotas lúdicas que giran en torno a la memoria de Juan Sánchez Lamouth, Andrés L. Mateo narra una en la que estando nuestro poeta invitado en medio de una borrachera, le gritó a pleno pulmón a sus amigos suplicándoles que cuando él muriera, si le ponían su nombre a una calle, se orinaran en ella para refrescarle el camino.

 

El poeta Mateo Morrison afirma que los poemas políticos de Juan Sánchez Lamouth contrastan con muchas actitudes que tomó en su vida; por ejemplo, el poema Tarjeta presentación donde arremete contra la oligarquía, parece escrito por un radical y no compagina con las dedicatorias hechas por él a personeros de la reacción, en muchas de sus obras; sin embargo, sería injusto decir que no manifestó en su vida y en su obra, inquietudes sociales. La discriminación de que fue víctima racial y social, marcaron su obra.

 

Por otra parte, el poeta Benito Manuel, miembro activo del Taller Juan Sánchez Lamouth, es de opinión que desde que conoció la obra de ese insigne poeta, penetró en él como un volcán, por lo cual se define como Lamouthiano de los pies a la cabeza, considerando a Sánchez lamouth, uno de los grandes poetas dominicanos, un cantor del dolor y la tristeza, dueño de unas metáforas e imágenes poéticas extraordinarias.

 

Finalmente, el escritor Andrés L. Mateo cuenta con tristeza que Sánchez Lamouth se aparecía temprano los domingos, con una bolsa en la que llevaba dos Malta Morena (Bebida conocida como alimenticia entre los dominicanos) y un tarro de leche condensada, con el rostro tomado por el orgulloso dolor que no se declaraba. El desamparo era en ese momento, la trama de su vida, pero como Petrarca y Virgilio, tenía su musa inspiradora que era la carne de su pensamiento. Se llamaba Margarita y estaba postrada en un sanatorio de tísicos, como corresponde a cualquier novia de un poeta maldito. Ataviado con la única vestimenta impecable que le conocía, lejos de toda broma ritual, se despedía para ir a ver a Margarita como si se marchara a cumplir una misión en la que la gloria emboscaba al amor.

 

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un poema de Juan Sánchez Lamouth:

 

Aldea

 

Aquí están los cerezos

aburridos de pájaros.

Aquí las lagunas

muriéndose de sol

aledaño a esa hilera

de ranchos sin pintura

se ve el campo enfermizo

de un viejo agricultor.

Son tan pobres las gentes

que moran esta aldea,

aquí sólo se siente

la esencia del dolor

para desayunarse

se toman un ¡Dios mío!

y ahí que se acuestan

nomás llenos de sol.

 

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