Traumas históricos

Por Luis Eduardo Díaz Franjul jueves 24 de agosto, 2017

Como son las cosas en nuestro país prefiero el uso de la palabra Estado en vez de Gobierno ( no gobierno en singular aunque si gobiernos en plural, de ser el caso) a sabiendas de que el Estado perdura y los Gobiernos pasan. Y como si nada pasara, desde el transcurso de su existencia partiendo de la fundación de la República en 1844, el Estado dominicano muchas veces se hace o suele hacerse el pendejo. La constante creación de riqueza material (obras de infraestructura, bienes y servicios) de parte de los sectores público y privado es lo que debe prevalecer para eliminar la desigualdad. Al hablar de pobreza no tanto me refiero a la clase pobre para ver si de una vez por todas dejamos de satanisar o empujar hacia el abismo esta condición social. Más bien me refiero a la “igualdad económica” que debe prevalecer frente a un crecimiento económico distanciado del bienestar nacional, del bien común, para que la carga de los ciudadanos no sea tan pesada debido al costo de la vida y el desempleo, cosa que solo la riqueza material puede resolver en la medida en que crece la población.

En cuanto a la productividad pública, sea por cuenta propia o en sociedad con los sectores productivos de valor agregado (sector privado formal) no hay razón para estos sectores u horizontes de grandeza estén distanciados, al menos que el populismo, clientelismo y mesianismo sigan haciendo estragos en los países pobres o en vías de desarrollo como el nuestro, lo que obnubila la razón de ser del Estado para crear riqueza partiendo de sus propias entrañas, pues si hablo de otra cosa entonces vienen los “dimes y diretes”, que defiendo tal o cual cosa, que estoy ubicado en tal y cual sector, que defiendo tales y cuales intereses, etc. A esto se la llama “Quehacer Político” como veremos más adelante.

El Estado post-Trujillo, llamado con el transcurso del tiempo “Estado Social y Democrático de Derecho”, tuvo la oportunidad de maximizar la productividad del Estado y/o Sector Público gracias al “Patrimonio Empresarial del Estado de la Era de Trujillo” que hizo de la República Dominicana el Gobierno más rico de América al ser el Estado el dueño de la maquinaria productora del país al término de la dictadura. De la productividad de esa maquinaria dependió por muchos años el nuevo Estado y el pueblo dominicano, pero como dije antes el nuevo Estado no maximizó esa productividad y hoy día es muy poco lo que queda de ella. Esa maquinaria es la que algunos políticos llaman “Las cuatro C” (Corporación Dominicana de Empresas Estatales/CORDE, el Consejo Estatal del Azúcar/CEA, la Corporación Dominicana de Electricidad/CDE y Corpohotels), sin dejar pasar por alto el Banco de Reservas y el Banco Agrícola. Se trata de la riqueza material creada por el “Estado de la Era de Trujillo” para diferenciarla de las obras de infraestructura que se crearon en 30 años de dictadura.

Teniendo en cuenta lo anterior, la salida de los Trujillo del país en noviembre de 1961, el Consejo de Estado, el golpe de Estado a Juan Bosch, el Triunvirato, Las Manaclas, la Revolución de Abril de 1965, la intervención militar norteamericana de ese año, Los Palmeros de 1972 y el desembarco guerrillero Playa Caracoles de 1973, decidí bordear ciertos asuntos de las ciencias sociales a partir de 2012. Siempre he dicho que la historia dominicana es un “conversatorio de loros”, una especie de circunloquio folclórico que le impide revisarse a si misma. Esto me indujo a plantear el “Pragmatismo” como categoría de investigación para la interpretación de acontecimientos históricos que pudieran revelar contradicciones, y el “Común Denominador” como herramienta de investigación para la interpretación sectorial de la historia. El propósito es proyectar un dinamismo que evite el secuestro de la historia donde la tergiversación se debate entre la realidad y la fábula.

Partir de la muerte de Trujillo en 1961 existe un común denominador llamado “Quehacer Político” que se usa de manera activa, pasiva o soterrada para describir el pasado. En el caso de la Era de Trujillo muchos confunden al personaje con la historia, no con los resultados, si lo vemos como punto de partida de la metodología de investigación y del análisis objetivo. Esto no significa que los resultados justifiquen al personaje sino a la propia historia como disciplina o ciencia social. Es la manera de ver si el impacto de los hechos fue positivo o negativo desde el punto de vista económico y social, al menos que se trate de un “trauma histórico” que al parecer predomina en el ambiente.

La riqueza material dejada por Trujillo, conocida también como “Patrimonio Empresarial del Estado de la Era de Trujillo”, no tanto en materia de grandes obras de infraestructura sino como bienes y servicios, fue la que describimos antes. Ese patrimonio se conoce hoy con el nombre de “Empresas Públicas de Bienes y Servicios – Financieros y No Financieros”, algo totalmente distinto al dinero líquido dejado por Trujillo a sus familiares a la hora de su asesinato la noche del 30 de mayo de 1961. En esa noche la maquinaria productiva, a diferencia del dinero líquido dejado por Trujillo, generó grandes beneficios al Estado dominicano,  para no mezclar el agua con el aceite. De todas maneras, para los que les gusta el can, no hay diferencia alguna entre la corrupción administrativa del Estado de la Era de Trujillo (1930-1961) – corrupción de un solo hombre -, y la del “Estado Social y Democrático de Derecho” (1961-2017) – corrupción de varios hombres. Se trata de la misma cosa solo que la diferencia es una cuestión numérica.

El 8 de junio de 2017 el economista-historiador Bernardo Vega puso en circulación el libro “Quiénes era los ricos al final de la dictadura de Trujillo?” en acto celebrado en la Academia Dominicana de la Historia. A raíz de esto José Rafael Lantigua publicó el artículo “Los ricos de Moca al final de la Era” (Diario Libre, 12/8/17) donde señala que la fortuna de Trujillo a la hora de su caída rondaba el 42% del Producto Interno Bruto (PIB). Algo extraño pues una cosa fue la fortuna líquida que dejó Trujillo y la otra la “Riqueza Material Estatal y/o Pública” con la que se quedó la República Dominicana cuyo PIB nunca ha sido objeto de cálculo, ni en el “Estado de la Era de Trujillo” ni en el “Estado Social y Democrático de Derecho”. Mejor dicho de un PIB Estatal traducido en riqueza material conocida como “Patrimonio Empresarial del Estado de la Era de Trujillo” y/o “Empresas Públicas de Bienes y Servicios – Financieros y No Financieros” como se conoce hoy, para llamar a las cosas por su nombre.

En la República Dominicana nunca se ha calculado el PIB Estatal sino el PIB de los sectores productivos de valor agregado, es decir del sector privado formal (y en parte el informal), como regularmente se ha estado haciendo a partir de 1966 después de un período de inestabilidad política (1961-1965). El PIB es un índice o “Común Denominador” que mide la productividad del sector privado. Representa la riqueza material (bienes y servicios) de la nación. El PIB no representa un sector público que nunca ha calculado el valor de su riqueza material. Aquí entra en acción el PIB (Común Denominador) si queramos comparar, por ejemplo, la productividad del “Estado de la Era de Trujillo” con la del “Estado Social y Democrático de Derecho”. Recuerdo al lector que estamos hablando del Estado como “Sector Público”, de la productividad del Estado como sector público. Para empezar habría que saber que cual es el verdadero valor de los bienes o activos del Estado para generar riqueza partiendo de sus propias entrañas, como aquella riqueza que generó el “Estado de la Era de Trujillo”. Por lo tanto el “Estado de la Era de Trujillo” si conoció cuales fueron sus verdaderos bienes y activos.

La conclusión es que el “Estado Social y Democrático de Derecho” no es productivo sino que depende mayormente de los sectores productivos de valor agregado y/o sector privado cuya riqueza material se conoce como “Empresas Privadas de Bienes y Servicios – Financieros y No Financieros’. Son precisamente estas empresas, junto con la ciudadanía, las que mayormente nutren los ingresos (impuestos directos e indirectos) del Presupuesto General del Estado, siendo mínimo, por no decir invisible, el aporte al presupuesto de las “Empresas Públicas de Bienes y Servicios – Financieros y No Financieros”. Otros ingresos que rodean el presupuesto son los empréstitos y donaciones internacionales y los bonos soberanos o globales, lo que se conoce como “Deuda Pública”, cuyo pago de capital e interés dependen del presupuesto, no de la productividad del sector público (Ref./Google”: PIB 2.0 – Pacto por la Productividad”).

Esa riqueza líquida (impuestos directos e indirectos) que se observa en el Presupuesto General del Estado se deriva de la productividad del sector privado, estimada en un monto que sobrepasa los RD$500,000 millones para 2018, según la Dirección General de Presupuesto. La riqueza líquida que se llevaron los familiares de Trujillo tuvo su fuente o en los beneficios del “Patrimonio Empresarial del “Estado de la Era de Trujillo” o en el dinero líquido dejado por Trujillo producto de la corrupción administrativa en 30 años. Sugiero pues al señor José Rafael Lantigua comparar estos datos para ver si la fortuna de Trujillo alcanzó el 42% del PIB a la hora de su muerte, para no confundir la corrupción con la riqueza material del “Patrimonio del Estado de la Era de Trujillo”. Contando con esto último el nuevo Estado demostró con el tiempo su incapacidad de generar riqueza partiendo de sus propias entrañas, si queremos abrir un nuevo capítulo en la historia que no confunda la corrupción administrativa con la riqueza material del Estado Social Democrático y de Derecho que tenemos desde 1961 a la fecha, el que todavía no ha calculado el PIB Estatal.

 

Por tanto todo se reduce a la riqueza material del país develada en el PIB del sector privado, visto de manera clara y precisa todos los años, ante la ausencia del PIB del sector público. De esta manea evito confundir a República Dominicana con “Alicia en el país de las maravillas”, novela esta que  mezcla la fábula con la realidad. Una cosa es el bienestar nacional consecuencia de la productividad pública, privada o público-privada, y la otra el bienestar o riqueza de los hombres, sea en el Estado de la Era de Trujillo o en el Estado Social y Democrático de Derecho”, donde la corrupción es la misma cosa o cosa contraria a ganarse la vida con el propio esfuerzo o el sudor de su frente.

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