¿Transfuguismo?

Por Jesús M. Guerrero martes 7 de mayo, 2019

Inicio este escrito con la siguiente frase de Arturo Frondizi, cito: “Cambié mi postura porque prefiero renunciar a una actitud intelectual irreal, que mantenerla en desmedro de los intereses del país.”

El transfuguismo en política para la gran mayoría únicamente es que un dirigente de un partido político pasa apoyar otro, lo que es un error al generalizar todo cambio de postura de un ciudadano que participa en el ejercicio político, al catalogarlo como tránsfuga. Podemos ver los diferentes tipos de transfuguismo que explica María Alejandra Perícola, profesora de Teoría del Estado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, cito: “Lo que determina la condición del tránsfuga es que no ocupa la ubicación parlamentaria que le corresponde desde el punto de vista electoral, no asume la banca del partido por el cual accedió. Hay dos tipos de transfuguismo, uno que se da al inicio, y otro que es sobreviniente, cuando se cambia de bloque después de haber asumido.” Lo desglosa desde el punto de vista congresual, de legisladores que pasan de un partido a otro en medio del ejercicio de sus funciones.

Sin embargo, no todo cambio de visión política deviene por prebendas o conflictos internos. En algunos casos, simplemente existe una desconexión o un golpe de realidad respecto a lo que se creía y los que supuestamente trazan las líneas partidarias son un fraude. Podemos nombrar altos dirigentes políticos que han cambiado de partido y no creo que podrían ser acusados de transfuguismo, como el caso del expresidente Jorge Blanco que pasó de la UCN al PRD donde alcanzó la presidencia y militó hasta el final de sus días y le agenció la enemistad de Ramón Tapia Espinal que como relata Jose Baez Guerrero en su libro Guzmán, su vida, gobierno y suicidio; Jorge Blanco y Tapia Espinal fueron muy cercanos mientras militaron en la UCN, pero al primero abandonar las filas de la UCN, Tapia le guardo rencor al punto de haber sido seleccionado por Balaguer, para representar al gobierno contra Jorge Blanco.

También el caso de Hipólito Mejía que inició en la actividad política en las filas del Partido Revolucionario Social Cristiano, organización que eventualmente fue absorbida por el partido reformista y de ahí surge su ideología, conocido como el Machete Verde y de la mano de Don Antonio Guzmán al ingresa al PRD, pero también durante la crisis interna del partido del jacho entre Jacobo Majluta y Peña Gómez, Mejía fue designado presidente del BIS por Peña Gómez, luego volverían al PRD; eventualmente escalando los resortes del poder y sumiendo al PRD en sus últimas dos grandes crisis que lo destruyeron y hoy lo vemos militando en el PRM.

Podemos ver el caso de la familia Abinader, de tradición perredeista aunque, siempre fueron la cabeza visible de la Alianza Social Dominicana (ASD), que al principio fue conocida como Alianza Social Demócrata fundada por Juan Isidro Jimenes Grullón en 1961 producto de su confrontación con Juan Bosch; hoy es el PRM y curiosamente fueron parte del Frente Patriótico para apoyar al PLD en 1996 junto al PRSC, FNP y el MIU. Aunque siempre fueron del PRD, pero 1996 fueron contrarios a Peña Gómez y aliados del PLD.

Esta el caso de Juan Bosch que al dejar de identificarse con el PRD, fundó al PLD en 1973 y el resto es historia conocida. Al no existir beneficios producto del cambio de partido no podemos catalogar como tránsfuga a todo aquel que abandone una organización con la cual no se siente empatía.

Incluso podemos referirnos a casos de políticos de las dimensiones de Winston Churchill, quien de 1900 a 1904 fue conservador y del 1904 al 1924 fue liberal, para luego retornar al partido conservador hasta el final de sus días y nadie lo recuerda por esto ni fue estigmatizado por su salida y retorno a la ideología conservadora. También podemos ver el caso de Hilary Clinton, que hasta 1968 fue republicana y luego ingreso a las filas del partido demócrata.

Es determinante de la relación representante y representado para incurrir en el transfuguismo, cito un fragmento del trabajo titulado El transfuguismo político, un elogio del tránsfuga de Ignacio Torres Muro, cito: “Que hoy una de las claves de los Estados democráticos es la relación de representación entre electores y elegidos es algo que difícilmente se podrá negar, desde el momento en que la opción de la democracia directa parece haber fracasado definitivamente, aun cuando pervivan algunos mecanismos de ésta, que en ningún caso pueden constituir una alternativa a la democracia representativa.”

Otro fragmento del trabajo anteriormente mencionado, cito: “Los críticos de los tránsfugas suelen plantear el debate desde el punto de vista de la “traición” impresentable, por supuesto a los partidos políticos, y al electorado. Como creemos que la primera no es tan grave como se presenta, y la segunda es más que discutible en muchas situaciones, vamos a ser moderadamente provocativos, intentando llamar la atención sobre algunos de los problemas que plantean unas construcciones excesivamente simplistas, como suelen ser las habituales cuando examinamos el fenómeno político, y constitucional, que aquí nos ocupa. En estos problemas de delicado equilibrio constitucional no conviene dejarse arrastrar por las primeras impresiones, ni apoyar ciegamente maneras de solucionarlos que pueden llevarse por delante valores importantes, valores que es necesario conservar para mantener abiertos los mecanismos de crítica y renovación del sistema. Este asunto del transfuguismo me parece un ejemplo paradigmático de cómo las reacciones desmesuradas amenazan con conducirnos a actuaciones propias de un elefante en una cacharrería, con consecuencias que no son de desear.”

Además de la relación entre representante y representados, también asocian el transfuguismo a la corrupción, cito otro punto de vista de María Alejandra Perícola: “¿Qué puede llevar a un político a realizar una maniobra así? En los casos más “puros” son diferencias con la dirección partidaria y la búsqueda de mayor autonomía. Pero muchos cambian persiguiendo objetivos menos confesables, como pasar a una fuerza con mayores aspiraciones, en busca de una salvación individual, o lisa y llanamente ganar algún tipo de prebenda. Muchas veces, el transfuguismo se relaciona con la corrupción, es raro que sea por una cuestión ideológica o por estar en desacuerdo con la línea partidaria. El cambio en la correlación de fuerzas se puede deber a determinados favores políticos o prebendas. El tema es que son cosas muy difíciles de probar.”

Cambiar de partido no es pecado, pecado es irrespetar y traicionar los ideales de una organización política desde adentro, asumiendo posiciones de genuflexión por prebendas. Por razones como esta es que la oposición se encuentra desconectada de la sociedad. Si no hay prebendas o ventajas pasajera de por medio ni existe la condición de representante, no se constituye el transfuguismo.

Concluyo con la siguiente frase de Winston Churchill, cito: “Algunos hombres cambian de partido por el bien de sus principios; otros cambian de principios por el bien de sus partidos.”

Por; Jesús M. Guerrero

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