Trabajar y servir con honestidad

Por Enrique Aquino Acosta miércoles 14 de octubre, 2020

Dios no creó al hombre para trabajar. Lo creó para que tuviera  señorío sobre los peces del mar, las aves, las bestias y los animales que se arrastran sobre la tierra.  También lo creó para que comiera y se alimentara de las plantas que dan semillas, de los árboles que dan fruto, de toda planta verde y de las aves, peces y algunos animales (Génesis 1:26, 29,30)

Sin embargo, el hombre menospreció esas bendiciones, al desobedecer y pecar contra Dios posteriormente, acto  que dio lugar a que la mujer le aumentaran los dolores del parto, que su marido tuviera señorío sobre ella y que Dios maldijera la tierra para que el hombre tuviera que trabajarla y comer de sus frutos con dolor, mientras viva (Génesis 3:16 ,17)

Se puede apreciar que el hombre se convirtió en merecedor de esos castigos, por desobedecer las disposiciones de Dios y como expresan las letras del popular merengue, “El Negrito del Batey”, el  trabajo fue uno  de ellos.

Además, el establecimiento del trabajo puso fin al estilo de vida ocioso en que vivía el hombre, razón por la cual tuvo que mantenerse del sudor de su frente y  no  del ajeno, como acostumbra mucha gente. Incluso, Dios le advirtió, que si no trabajaba, que tampoco comiera. ¿La razón? Dios prohíbe el ocio y la vagancia (Génesis 3: Dios  19 y 2 Tesalonicenses 3:10)

Otra práctica contraria a la Ética y la Moral que Dios prohíbe es la adquisición de ganancias deshonestas. Entiéndase, aquellas riquezas que son producto de los actos de corrupción o fraudes que se cometen, a la luz del día y en la oscuridad de la noche, dentro de las instituciones del Estado y en los sectores empresariales y comerciales.

De ahí, que la palabra ganancia derive del gótico ganan, que se traduce como “codiciar” y del sufijo cia, que equivale a la “cualidad” o característica de una persona codiciosa de ganancias deshonestas.

A propósito del significado etimológico de la palabra ganancia, hay que aclarar que la suma de dinero que recibe una persona después de realizar un determinado trabajo o actividad comercial lícita no guarda relación con las ganancias deshonestas. Sin embargo, esta aclaración no impide reconocer que las ganancias deshonestas tienen consecuencias legales y espirituales.

Por eso, las personas que desempeñan funciones de liderazgo, como los obispos, pastores, diáconos, políticos, comerciantes y funcionarios del gobierno deben rechazar las ganancias deshonestas.

Por ejemplo, los obispos no deben amar las ganancias deshonestas ni ser  soberbios, iracundos, borrachones ni pendencieros. ¿Por qué? Porque deben ser irreprensibles como  administradores de los asuntos de Dios (Tito 1:7-9 )

De igual modo, los pastores deben negarse a obtener ganancias deshonestas, ya que su misión es organizar la iglesia, predicar el Evangelio de Jesucristo, enseñar la sana doctrina y  vivir en santidad (Jeremías 3:15,Juan 10:11,14,16)

También deben probar a  los diáconos, antes de elegirlos. ¿Para que?  Para asegurarse  que son personas honestas, serias, prudentes, sanas en fe,  amor,  paciencia, que no son alcohólicas  ni aman las ganancias deshonestas (1 Timoteo 3:8)

Incluso, compete a los pastores evitar que determinadas personas enseñen lo que no deben a las familias para obtener ganancias  deshonestas. Tal es el caso de quienes predican el llamado “evangelio de la prosperidad”. A los tales no se debe escuchar ni seguir (Tito 1:10-12)

En lo que respecta al área  comercial, se recomienda a los hombres y mujeres de negocios preferir un poco de ganancia  justa y no mucha con  injusticia. ¿Por qué? Porque la codicia  mata a quien la posee (Proverbios 1:19 y 16:8

 

Por último,  se exhorta al pueblo dominicano a que vote  siempre por hombres y mujeres temerosos de Dios, capacitados, veraces y  que tengan  vocación  para trabajar y  servir con honestidad (Éxodo 18:21-23)  

 

Por: Enrique Aquino Acosta

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