¿Tomamos la decisión correcta el 5 de julio?

Por Rolando Robles martes 25 de agosto, 2020

La pregunta me asalta, no porque carezca de una respuesta clara sino, porque sé que un considerable sector de la sociedad tiene esta incógnita metida entre ceja y ceja. Digamos que, la población se manifestó mayoritariamente y que, por tanto, esa gente que tiene recelos por el porvenir que nos depararon las urnas, viene de ese 37.5% que no se arriesgó a enfrentar el inminente cambio que ya se sentía llegar.

Sin embargo, el gobierno que surgió el 5 de julio es de todos los dominicanos, e impactará a las futuras generaciones de todos los segmentos sociales. Esa clara realidad nos obliga -a todos- a poner los intereses nacionales por encima de las apetencias personales de unos y otros; de los que creen que “perdieron” y de los que se sienten “ganadores”.

No esperamos que el optimismo penetre hasta lo profundo, en el corazón de los desplazados del poder; pero, sí suponemos que entenderán la realidad: “el Sol sale para todos”, aunque, mientras media humanidad procura la luz de manera artificial en las noches, la otra mitad, recibe su ración imprescindible y gratuita de vitamina “D” durante el día. Es un asunto de “balance social” que nos impone la sabia naturaleza.

Visto este aspecto, pasemos ahora a la interpretación del “tablero político” que tenemos de frente. Pero hagámoslo con cautela y firmeza, como lo hace el capitán ante la posible tormenta que se avecina. Su preocupación, revestida de aparente tranquilidad, no viene por la magnitud del oleaje, que él sabe muy bien cómo manejar sino, porque la oscuridad no le permite otear el horizonte con la seguridad acostumbrada. En estos tiempos de borrasca, lo que menos necesitan

el timonel, la tripulación y los pasajeros, son esas decisiones que se toman con la prisa de la impaciencia.

Nuestro capitán, en esta oportunidad, parece haber comprendido la complejidad del momento y mueve la nave con sigilo, obligado a confiar en el buen tacto de su dotación, a pesar de que vienen de escuelas de formación muy diferentes entre sí. Ya pasaremos el mal tiempo, y se podrá ver con certeza, quiénes son los marinos de cubierta y cuáles los de caldera.

Por eso es necesario e imperante que, la marinería de confianza, desde los oficiales de puente y el jefe de máquinas, hasta los simples grumetes que acompañaron al capitán en sus primeros viajes, refuercen su fe en el buen temple de esas manos que, aunque jóvenes y enérgicas, siempre han mostrado seguridad y pericia.

Me permito hacer estas precisiones, en la primera semana de un gobierno por el que yo, particularmente, no hice nada para instalarlo. Pero, estoy convencido de que necesitará el respaldo de “todos los dominicanos de buena voluntad” para enfrentar con éxito las crisis de salud, económica y social en que estamos inmersos.

Paciencia y comprensión, son los factores que debe tener presente esa legión de militantes y trabajadores políticos que, desde el PRM, mantuvieron vivas las aspiraciones presidenciales de Luis Abinader durante más de veinte años. Dice el refrán que: “el que espera lo mucho, espera lo poco” y sólo han transcurrido unos escasos siete días desde la instalación del nuevo gobierno.

La paciencia debe venir porque todos gritaron a coro que querían “cambios” y los cambios necesitan tiempo, para que no resulten frustratorios. No hay que temer, el pastel es grande y aun con la crisis que nos acogota, alcanzará para que todos reciban la porción merecida.

La comprensión se explica por si misma. La alianza que llevó a Luis hasta la meta propuesta es la más grande asociación política jamás alineada detrás de una candidatura. El “vario pinto” resultante es el más graneado que se haya podido lograr en las lides políticas, desde Trujillo a la fecha. Los compromisos, por tanto, son de naturalezas muy disímiles.

Satisfacer todas las partes, no será tarea sencilla. Por ejemplo, pensemos en el tamaño que el clientelismo político le dio al Estado dominicano y que, en alguna forma, la candidatura se comprometió a reducir. Los millares de “puestos de trabajo” que el sentido común de la ciudadanía ha bautizado como “botellas”, no pueden ser reeditados para colocar en ellos a los activistas identificados con el proyecto ganador.

Pero hay, además, planes y compromisos de institucionalización del “qué hacer” desde el Estado-Gobierno que, en ninguna circunstancia pueden ser dejados de lado o abandonados, sin correr el riesgo de abortar las reformas prometidas a los votantes en campaña. El objetivo primordial de esta Administración debe ser la implementación de los cambios que garanticen la equidad y coadyuven a reducir la brecha social entre los dominicanos.

Me luce que esa es la ruta que parece recorrer Abinader, y probablemente todo su equipo. El problema es que su alianza es de naturaleza diversa y variada; y ésto, parece preocupar en los niveles más bajos de su partido. Fraternizar tales intereses, pienso que será la “piedra de toque” que definirá la suerte política de su gobierno.

Me decidí a escribir estas cuartillas porque percibo un aliento de cambios y deseos de redirigir el rumbo de la nación dominicana; y para conectar el título de este trabajo con el escenario político real, había que hacer estas explicaciones. En verdad, esas dudas han aparecido en la primera semana del “gobierno del cambio”; y lo menos que debo hacer yo es, ayudar a aclarar las cosas y evitar que se salgan de los límites de la racionalidad.

Para terminar, sólo me resta agregar que, el mundo no se acabará por el cambio de los actores. La comedia continúa y puede que resulte hasta más divertida que la anterior. No me quedan dudas, hay vida después del 5 de julio, ya lo veremos.

¡Vivimos, seguiremos disparando!

POR ROLANDO ROBLES

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