Terror sobre ruedas

Por Enrique Alberto Mota viernes 2 de agosto, 2019

Muchos de los que lean el título de este artículo podrían pensar que se trata de una película de acción protagonizada por uno de  los más afamados actores de Hollywood.

Nada más falso. Los protagonistas son personas comunes, principalmente de extracción muy humilde, que se dedican a distintas labores, teniendo como herramienta de trabajo sus motocicletas.

Esas personas, hombres en una gran mayoría, realizan las más diversas actividades, no todas ellas lícitas y en una cantidad alarmante de casos contraviniendo las más elementales reglas que norman el movimiento vehicular y la convivencia armónica.

Esos “motoristas o motoconchistas”, como se suelen llamar, cumplen un cometido como medio de transporte público, sobre todo en zonas apartadas en las que no existen líneas de carros de concho ni de autobuses.

Tambíén se dedican a labores de mensajería de empresas de muy distinta naturaleza y al relativamente nuevo oficio de “deliverys” de colmados y otros negocios, principalmente de comida rápida, farmacias,…etc.

En eso no hay nada malo. Lo que sí es contraproducente desde todo punto de vista es que muchas de esas personas consideran que poseen una patente de corso para ignorar todas las normas relativas al sentido en que se debe circular en determinadas vías así como las señales de los semáforos e invaden las aceras, bajo el alegato de que deben hacer sus entregas con celeridad.

Esa actitud desaprensiva ha convertido en un verdadero caos el tránsito en nuestras principales ciudades, y son los principales protagonistas de accidentes que, en muchas ocasiones, tienen un costo en pérdida de vidas y daños a la propiedad pública y privada.

Pero la cosa no queda ahí. Los motoristas se han convertido en un verdadero terror también en el sentido de que son las personas que se transportan en esos vehículos quienes cometen la mayoría de los atracos que a diario se producen en contra de transeúntes y establecimientos comerciales.

La situación ha llegado a extremos que tan pronto un peatón o dependiente de establecimientos comerciales y bancas de apuestas, por solo citar algunos casos, advierte la presencia de un motor experimenta un sentimiento de miedo, terror.

O sea, que no solo son fuente de daños físicos, que en ocasiones llegan hasta la muerte, sino que sus acciones también producen consecuencias sicológicas entre la población.

Pese a la gravedad de la situación  hasta el momento las autoridades no han encontrado una respuesta efectiva a esta problemática.

No están en consonancia con el sentir popular,  los reiterados anuncios de la Policía sobre una alegada reducción en los casos de   delitos como los que describimos como tampoco las también repetitivas declaraciones del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT) sobre los avances que se logran en el ordenamiento del movimiento vehicular en las vías de nuestras ciudades.

Se requiere con urgencia lograr respuestas efectivas a este terror sobre ruedas.

 

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