Temor a las vacunas

Por Francisco Rafael Guzmán

No soy médico para opinar mucho sobre lo que no conozco, en este caso opinar sobre un tema que corresponde al saber científico del médico. Ahora bien, hay una gran incertidumbre en torno al uso de la vacuna o las vacunas, para supuestamente prevenir la entrada en el organismo humano del virus que provoca la COVID-19.   Ahora bien, ¿Quién es que tiene la culpa de que haya esa incertidumbre? A mi entender los grandes responsables de que esto esté pasando la tiene una elite económica mundial y el gran capital, porque el gran capital, con la burguesía financiera a la cabeza, ha generado un desorden mundial que bien puede llamársele tendencialmente caótico.

Una sociedad no puede escapar al colapso si se pierde la autoridad, individual o colectiva, porque la autoridad es necesaria a la sociedad. Nadie sensato, nadie racional, puede negar que las grandes industrias farmacéuticas hoy día son un gran negocio y que escapan a los controles de los Estados, pero de ahí a creer que las vacunas de la COVID-19, para acabar con la población mundial, parece muy atrevido, aunque no se descarte que exista un plan por parte de la elite capitalista mundial de administrar el planeta de manera caótica.

La de que las vacunas son para tal fin,  lo veo en un video que me envían, por parte de una mujer que aparentemente que es una cristiana católica española. Bueno, yo creo que es muy osado afirmar que las vacunas forman parte de un plan para reducir la población, pero hay mucha incertidumbre con las vacunas, porque es que el capital financiero con su hegemonía en casi todo el mundo ha creado casi un caos mundial. Nadie controla las grandes farmacéuticas y practican los chantajes con los, aparatos judiciales.

Las investigaciones científicas todo parece indicar que son nulas o no son tan rigurosas en la producción fármacos, ya que se valen de aplicar placebo de control, marketing y visitadores a médicos, para elaborar y promover ventas de sus productos. Esto parece ser una mafia organizada, pero la gran mayoría de los médicos recomiendan las vacunas. Nadie puede estar tan seguro o segura de los efectos de las vacunas, algún efecto positivo debe estar haciendo en la mayoría de los pacientes, pero hay pacientes en que los efectos secundarios no son deseables.

Ahora bien, este problema se ha provocado porque el neoliberalismo, impuesto por el capital financiero, ha generado un ambiente en que hay un vacío de autoridad a nivel mundial, porque en todo lo que se busca es lucro, la crematística, la ganancia, sin controles de nadie o con muy pocos controles eso es vacío de autoridad. Algo muy diferente a la actitud de Jonás Salk, el norteamericano hijo de rusos de origen judío  que trabajó para producir una de las vacunas, el cual no quiso reclamar derechos de patente. Debemos pensar  en que la autoridad del médico que se ha estado relajando debe ser recuperada, la culpa la tiene aquí y en todas  partes el Estado o los gobiernos, ya que lo que han sabido es vapulear a los médicos.

La peor incertidumbre la ha provocado el gobierno dominicano y las autoridades locales, en la  aplicación del número de dosis, porque se dijo que podía necesitarse de una segunda dosis de reforzamiento, pero ahora resulta que se ha puesto una tercera dosis a muchas personas, parece que con un interés de complacer a la farmacéutica Pfizer. Probablemente está ocurriendo algo parecido en otros países.  Lo que nadie debe creer es que las vacunas van a matar a todo el mundo y ni tampoco que a todo  el mundo se va a contagiar con el virus, porque eso parece muy exagerado.

Los que no somos médicos no podemos opinar mucho sobre muchas cosas relacionadas con el saber médico, pero es necesario que la sociedad política  delegue la autoridad a los científicos de la medicina, como se manejaba en otros tiempos, para lo cual debe abandonarse la politiquería. Esto último no se podrá dar hoy día si no se ponen regulaciones en la economía, si no se rompe con el neoliberalismo y no se destruye el gran capital. El planeta no podrá salvarse, si no rompemos con la hegemonía del capital financiero y no rompemos con el gran capital.

Sin embargo, no se puede afirmar como un hecho que los chinos crearon artificialmente en laboratorios el virus de la COVID-19, como se le atribuye en la red haber dicho a un médico  japonés (Premio Novel de la medicina), o sea, según se le atribuye en la red haber dicho para él la enfermedad no es una zoonosis. ¿Por qué no creer que la enfermedad pasó de los animales a los humanos? ¿Qué ganarían el pueblo y el Partido Comunista Chino con crear un virus así? ¿Quién gana con que un virus creado artificialmente sea capaz de destruir toda la vida humana? Ni siquiera ganaría nada la reducida elite  que tiene fortunas valoradas en miles de millones de dólares. Nada ganarían si ellos mismos corren el riesgo de morir. Aunque el capital es irracional en su afán de lucro.

Lo que la humanidad tiene es que abocarse a una lucha contra el gran capital y el capital financiero, lo que tiene que hacerse  desde cada país, es retornar a las regulaciones estatales de la economía, para lo que tiene que darse una gran alianza de clases y capas sociales entre las capas medias intelectuales, los trabajadores asalariados (proletariado), la pequeña y mediana propiedad (pequeña burguesía, incluyendo burgueses con no grandes volúmenes de capitales,  el campesinado y el artesanado). Si no es así no romperemos con el neoliberalismo, no tendremos salud para todos, no tendremos Estado de bienestar y no salvaremos el planeta. Esto supondría límites a la propiedad privada, además barrer con la clase terrateniente, el capital financiero privado y el gran capital.

Por Francisco Rafael Guzmán F.

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