Taty Hernández Durán

Por Ramón Saba jueves 30 de noviembre, 2017

Nació en Jarabacoa el 8 de agosto de 1960. Su nombre real es Emilia Hernández Durán.

 

Poeta, abogada, narradora, articulista y gestora cultural. Completó grados académicos en la Universidad Abierta para Adultos e Inter American Development Bank (IDB) Panama, país en el cual residió por un tiempo, además de la Commercial High School Victor Estrella Liz, en República Dominicana. Ha ejercido el periodismo literario a través de importantes medios de su país.

Es miembro del Movimiento Internacional Metapoesía (MIM) que lidera el psicólogo y poeta dominicano residente en Estados Unidos de América, Jorte Piña. Desde el año 2002 organiza y coordina el Festival de Poesía en la Montaña, considerado como uno de los eventos literarios más importantes del país, al que en cada versión, asisten una cantidad considerable de artistas de la palabra, tanto residentes en nuestra patria como fuera de ella (La idea surgió durante una conversación que tuvo con la poeta Carmen Comprés, en el marco de la tertulia que realizaba la galería de arte Olimpo, en Jarabacoa.

La primera versión del festival reunió a treinta poetas, y aquello que comenzó como un encuentro de amigos para compartir poemas y experiencias, se ha convertido en uno de los encuentros literarios más esperados del año, en el que confluyen numerosos autores de distintas nacionalidades, generaciones y estilos.

Ha sido jurado de varios concursos literarios de proyección nacional. Formó parte de la delegación de poetas dominicanos invitados al primer festival internacional de poesía de Puerto Rico, junto a los hoy Premios Nacionales de Literatura, José Mármol y Mateo Morrison, ocasión en la que tuvieron el honor de representar el país en esa primera experiencia de los hermanos escritores de Borinquen. Administra en Internet la comunidad literaria El Patio de las Cayenas, y modera la lista de correos “Abecedario”, en la que confluyen autores de su país radicados en todo el mundo.

Taty Hernández Durán ha publicado el poemario “Temblor de la espera”, en el 2003, y en el 2005 produjo, junto a los escritores Noé Zayas e Ibeth Guzmán, la antología “Voces del Valle”, que es una selección de literatura cibaeña. Poemas y trabajos suyos han aparecido en antologías, periódicos y revistas de su país y el extranjero: Estados Unidos, Puerto Rico, Guatemala, El Salvador, Venezuela, Nicaragua y Panamá. Por su accionar cultural ha participado en ferias, congresos y festivales nacionales e internacionales.

 Ha sido altamente reconocida por su accionar frente al Festival de Poesía en la Montaña. Además, el 1992 obtuvo el primer lugar en el género de poesía por su poema “Jimenoa”, en el Concurso Municipal de su ciudad natal y en 1994 lo obtuvo en el género de cuento por “Esclava de las flores” del mismo concurso.

En lo personal, me siento muy honrado de cooperar con Taty Hernández Durán y su eficiente batería de colaboradores, integrantes casi todos de la Fundación Festivales de la Montaña (entre ellos Manuel Llibre Otero, Yolanda Ramírez, Ángela Hernández,  Rosa Silverio, Rafael García Romero, Pedro Antonio Valdez, Gini Cepeda y Maritza Leonardo, entre varios más); pues desde hace varios años imparto talleres de poesía para entidades académicas, auspiciadas por el festival, en el que, según el escritor dominicano Luis Martín  Gómez, “cada año, desde 2002, la poesía conquista las montañas de Jarabacoa. Temprano de un viernes empiezan a llegar los poetas, con mochilas que cargan más libros que ropa, y no reparan en la modestia de la habitación que les han conseguido a fuerza de colecta, interesándose más en la potencia del equipo de sonido. Quieren ser oídos, y deberán escuchar, aunque en desigual proporción.”

El escritor Arsenio Jiménez Polanco siente en los versos de Taty Hernández Durán, a la mujer filosofando sobre la vida; como mujer comprometida con la poesía, la percibe actuando conforme sus principios, y como gestora cultural, la respeta por su dedicación al “credo” adoptado, no por novedad, para ir en el carro de un delirio cónsono con este tiempo, sino como retribución a los adeudos con sus raíces.

La poeta puertorriqueña Belia E. Segarra opina que la poeta Taty Hernández Durán ha templado su verbo paulatinamente en un proceso depurador teñido por sucesiones sistémicas donde nos revela su alma como un vaso que lo contiene todo, desde un momento de hervidero enérgico y carnal hasta el pulido y rico respirar de la imaginación pausada y ardiente que disfrutamos en la mayoría de sus poemas.

Finalmente, el poeta y Premio Nacional de Literatura 2010 Mateo Morrison, resalta que Conoció a Taty Hernández Durán en las lides de la poesía y la gestión cultural y que desde el inicio se dio cuenta que estaba ante la presencia de alguien que sintetizaba la creatividad y la acción cultural efectiva y eficiente. Para la comunidad cultural, es mucho más conocida por encabezar el más prolongado y continuo de nuestros festivales, quince años de una experiencia en la hermosa Jarabacoa, que amerita el mayor de los reconocimientos, a ella que encabeza un equipo de excelentes animadores socioculturales y poetas que han demostrado que se puede desde cualquier espacio, no solamente desde la capital y Santiago, organizar actividades de primer nivel donde la creatividad y la diversidad son una clara expresión de la riqueza espiritual y de una claridad estética que no deja de ser plural, diversa y democrática. Ella es, sin duda, una pieza esencial de la vida cultural de la República Dominicana con proyección internacional y esto, hay que celebrarlo.

 

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un poema de nuestra gran poeta y gestora cultural Taty Hernández Durán:

 

Paisaje de la espera

 

Siempre retornas junto al arrecife.

Allí donde el sol te acaricia sin que intermedien las sombras.

No te llega la nocturnidad de una luna que propicie respuestas.

 

Y te quedas absorta en el palpitar de las olas

o en el juego de la espuma al reto de las peñas.

 

Quisieras que el sol fuese luna para revivir otro momento.

Donde hubo vino. Donde hubo risas. Donde entendiste que había

oculto un deseo.

 

Tan solo ves un paisaje, con un ancho mar, un barco distante,

dos pelícanos hambrientos y cuatro hombres, caña en mano,

inmóviles todos, como tú.

 

Un silbido interrumpe tus letras…

…te insertas en ese paisaje de la espera.

 

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