Tasa cero y especulación

Por Manuel Hernández Villeta

La política de tasa cero dará pocos resultados, si primero no se controla el agiotismo y la especulación. Bajar o no cobrar los impuestos a la importación de diferentes rubros solo logrará mantener sus precios de acuerdo a los estándares de los países   procesadores.

Por consiguiente, la tasa cero no significa que se va a producir automáticamente una rebaja en los precios, sino que la lucha es para que todo se mantenga al nivel actual. Ya con esa ley en las manos, lo lógico es que se apure una línea de control del agiotismo y la especulación.

Los precios de todos los artículos, los de manufactura local y los  importados, suben todos los días, y eso se puede ver en los grandes supermercados, en los almacenes y los colmados. Hay un libre mercado, donde los productos deben fluir en precios de acuerdo a la demanda del mercado.

Pero el interés colectivo está por encima de los tratados de libre comercio y medidas de protección que se tomaron que  permitieron  la entrada al país de artículos fabricados en el exterior a bajos precios, pero que han cercenado la mano de obra local y cerrado fuentes de empleo.

Muchos temen que con la tasa cero se ahogue a la producción local,  y que los agricultores y ganaderos dominicanos  sufriran de inmediato los resultados de una competencia que no podrían mantener. Si se ven las reglas del libre mercado, a ellos les toca prevenir  el tener que sufrir consecuencias.

Hay que seguir dando protección al productor local. Lo ideal es la tasa cero combinada con la protección de los ganaderos y hacendados locales. La agroindustria demostró tener fortaleza en la pandemia, y no ocurrió desabastecimiento de alimentos en el país.

Los subsidios que tienen ahora los parceleros y los agroindustriales no deben ser eliminados. Se tienen que combinar con la tasa cero para optimizar calidad y precios. Tiene que ser una labor combinada, donde todos los sectores estén involucrados.

Sea el producto en procesamiento final, o la adquisición de los abonos, alimentos del ganado y los pollos, obligatoriamente se tiene que ir al mercado internacional, pero no abandonando al campo dominicano. Estamos en una amplia crisis económica global, y pocos van a poder transitar por ella, sin entrar  en desniveles y en pérdidas económicas.

La obligatoria línea que hoy se impone es protección del mercado nacional, implementar la tasa cero, pero al mismo tiempo tener que pensar en el consumidor. Un recién salario mínimo reajustado no ha servido de nada, ante el aumento escalonada de la canasta familiar.

Los precios de los artículos de primera necesidad, las medicinas y los servicios están ahogando a los dominicanos, y lo que se necesita es que se implemente una real línea de vigilancia para acabar con el agiotismo y la inflación desmedida. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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