Suspenden la democracia hasta nuevo aviso

Por Camila García Durán lunes 17 de febrero, 2020

EL NUEVO DIARIO; SANTO DOMINGO.- Quisqueya despierta hoy con la resaca electoral de una fiesta que no fue, del mal sueño de saber que le han arrebatado el instrumento de soberanía más poderoso que pueda tener un ciudadano y, con ello, la última gota de voluntad democrática que le quedaba. Ya solo faltaría que nos quiten lo baila’o.

Difícil no adoptar una posición cínica ante el reiterativo espectáculo de mala calaña de las elecciones, imperio de la ley y separación de poderes, tres pilares pensados para garantizar el equilibrio de un sistema en tensión constante.

Pero lo ocurrido el domingo en República Dominicana no tiene precedente en los anales de la inmoralidad, cuando la Junta Central Electoral (JCE)  anunció la suspensión, sin fecha, de unos comicios que dejaron cerca de 7,5 millones de electores perplejos en las filas, o con el dedo pintado de una tinta indeleble que se convirtió, más bien, en una mancha de ignominia.

Hay que ser muy antipatriota para atreverse a entregar su país a la incertidumbre a cambio, tal vez, de saberse triunfador; hay que ser cabalmente corrupto de corazón para burlarse del civismo de un pueblo perpetuamente indignado que no sabe ya cómo defenderse de tanto atropello, pero la política tiene una lógica ambigua: casi nunca gana el mejor.

A la basura fueron a parar ciento quince millones de dólares del bolsillo de los contribuyentes que pagamos todo y no tenemos nada, basura que se juntó con la de los candidatos que llegaron a las municipales gateando económicamente, sin saber que el dinero con el que compraron la consciencia de los miserables, no incluía garantías.

A esta hora, cuando los politiqueros disimuladamente siguen caminando por el sendero de las ambiciones personales, lo único claro es que el tollo plebiscitario no fue producto del azar y que en esta guerra electoral morimos todos, recibiendo la democracia, que ya agonizaba, el más agudo golpe letal.

Las elecciones, que en países como el nuestro la mayoría de las veces son la venganza del ciudadano, también son lo único que nos separa de una dictadura; queda hoy, en cada uno de nosotros, revitalizar los anhelos de libertad y dignidad, y recordar que, más allá de la inmundicia de la politiquería, somos, por sobre todas las cosas, dominicanos.

Sepan los responsables de esta ruindad, que si lo que hace falta ahora son ciudadanos dispuestos a morir para salvar el pundonor por la madre patria, muchos, que no albergamos ambiciones infames, nos ofreceríamos con gusto.

Por: Camila García Durán

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