Sueño pendiente

Por Manuel Hernández Villeta martes 17 de enero, 2017

La discriminación y el racismo entre los seres humanos es la más oprobiosa y humillante de las relaciones que se pueden dar en el marco de una sociedad civilizada. Esa discriminación entraña el principio malsano de la esclavitud. Fueron las grandes potencias coloniales las que convirtieron la trata de personas en uno de los negocios más lucrativos de los imperios de los blancos.

Desde su colonización, los pueblos del llamado Nuevo Mundo conocieron en carne viva la violencia de las castas reales, despiadados reyes y gobernantes que con solo un guiño de sus ojos terminaban con la vida humana de todo un pueblo. Los que falsean la historia hablando del descubrimiento de América, presentan una conquista para el cristianismo y para la civilización. No pasó de ser una simple cacería para abrir nuevos mercados. Fueron despiadados conquistadores que exterminaron a los indígenas.

Haití fue fundada como una colonia donde el trabajo fuerte y que no resistían los animales de carga, fue echado sobre los hombros de los africanos transportados en condiciones de esclavos, sin ningún derecho a la libertad, y mucho menos a la vida.

Fue Haití el primer reducto del Nuevo Mundo que se lanzó a defender su derecho a la vida en libertad. En medio de una cruel dominación, los mulatos y los negros puros derrotaron al conquistador Francés, y a uno de los ejércitos más temibles de ese momento.

Hoy es bueno pasar revista a lo que fue la esclavitud, madre de la discriminación y el racismo moderno. Se conmemora una semana de recordación mundial a Martin Luther King, el mártir de los derechos humanos en los Estados Unidos, asesinado por la intransigencia de blancos apegados al estatus tradicional norteamericano.

Lejos se está de qué se convierta en realidad el sueño de Martin, ni siquiera la llegada de un presidente de color pudo salvar la pesadilla. Hoy hay una amplia discriminación en los Estados Unidos, basada en el color de la piel, el idioma, los factores étnicos y la falta de oportunidad, en la que se llama la gran tierra de la esperanza.

En el mundo hay que dar por terminada la discriminación, en cualquiera de sus manifestaciones. Los hombres deben ser libres e independientes, sin cadenas que le estorben su desarrollo y sin penas infamantes que le quitan la vida, por designios de poderosos.

Saludamos hoy la Memoria de Martin Luther King, y en el mundo entero hay que seguir trabajando para que su palabra se pueda convertir en realidad. Tenemos un sueño de un mejor mundo para todos. Que se acabe la esclavitud y todos seamos libres.