Subvención de alimentos

Por Manuel Hernández Villeta

A Pleno Sol

Lo básico y trascendental es aplicar el protocolo de fijar  la canasta popular alimenticia con artículos y precios bajos, antes de caer en las subvenciones. Si no hay un listado de comestibles de gran consumo para suministrar a precios asequibles, nadie podrá proteger a los consumidores.-

El agiotismo y la especulación se mezclan en todo el sector empresarial. Llama más la atención en el menudeo y la venta cara a cara en las pulperías de barrios y los colmados de clase media. Ese agiotismo también  ensombrece a los grandes supermercados.

La solución no es subvencionar a los artículos de primera necesidad y dar facilidades a los procesadores. Si se da la ayuda sin un previo análisis de mercado, poco se va a lograr.  Hay que tomar   50 artículos de primera necesidad para ser protegidos. En cada renglón hay variedades que siempre estarán a la oferta y la demanda, pero un tipo debe tener  una protección efectiva.

En un mercado donde la legalidad es la oferta y la demanda, y lo irregular el establecer precios obligados, la subvención beneficiará a los procesadores, pero no a los consumidores. Pasa con el pan. Este popular producto subió de precio y ahora se vende a dos por quince. Dos unidades por quince pesos.

Pero es bueno que todo el pueblo sepa que solo hay control en los precios de los llamados panes de colmado. El 90 por ciento de los panes procesados están en el renglón de la oferta y la demanda. Si se da subvención al saco de harina esto no va a detener el agiotismo y la inflación. Se estará subvencionando a variedades de panes que ya están a la oferta y la demanda y que no pueden ser rebajadas.

La subvención únicamente debe ser para las variedades de  colmado de los panes de agua y sobao. Con el arroz pasa lo mismo. Hay granos  populares del cereal  que deben ser subvencionados, pero ya el selecto, el pre-cocido y otros similares, se encuentran a la oferta y la demanda.

Con la globalización de la economía se dejó la flotación de mercado como la norma. Es un contra sentido ahora querer controlar a la fuerza los precios que antes se pusieron a flotar. Hay que establecer la canasta privilegiada, y a ella dar la subvención para mantener los precios estables.

Luego de que se estabilicen los precios de la canasta, entonces se tiene que fijar un régimen de consecuencias, de penas y de sanciones. Debe ser cerrado y multado, todo comercio que adultere la calidad del producto y suba los precios. Ante todo y sobre todo se tiene que proteger a los consumidores.

Las subvenciones sin control de mercado pueden solo servir para aumentar la especulación y el dolo, y hacer más difícil poder estabilizar  calidad y valor de los comestibles. Hay que trabajar con rapidez y autoridad. Que venga la subvención, pero primero a establecer cuáles son los productos que se van a proteger. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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