Stop COVID-19

Por Alcides Pimentel Paulino lunes 23 de marzo, 2020

¿Qué conocemos hasta ahora del COVID-19?

Que es una enfermedad infecciosa causada por un nuevo virus que no había sido detectado en humanos y poco más. Los coronavirus formen parte de una extensa familia de virus que causan enfermedades en humanos y en animales como explica la Organización Mundial de la Salud (OMS). Que es una afección respiratoria que se puede propagar de persona a persona.

-En la actualidad no existe una vacuna contra el COVID-19. Y sabemos que encontrar una puede tardar hasta 6 meses.

-Se suponía que con temperaturas altas, el virus disminuiría drásticamente. La aparición de casos en países tropicales plantea dudas.

-El contagio se produce de persona a persona. La propagación y capacidad de contagio es más rápida de lo que se pensaba, hay más de 170 países contagiados en todo mundo.

-Se creía desde la OMS que el periodo de incubación del coronavirus estaba entre los 2 y los 10 días. Ahora se dice que puede estar más de 14 días. Algunos virus pueden vivir fuera del organismo humano 24 horas, como ocurre con el norovirus, pero el máximo no lo sabemos.

-El índice de mortalidad, en China, se sitúa entre el 0,4% y el 2,3%. La edad de los contagiados y las patologías previas incrementan estos porcentajes de manera drástica.

-Los profesionales sanitarios tienen mayor riesgo de infección al estar sobreexpuestos al virus. En España hay más de medio millar de sanitarios infectados. No está directamente relacionado con su edad, sino con la carga viral.

A partir de aquí hay mucha confusión y pocas certezas. Se cree que la fuente es un animal, pero que se contagia de persona a persona. Existen teorías que afirman que se trata de un arma biológica, incluso hay quien dice que es tecnología 5G. Los pacientes con coronavirus presentan: fiebre, tos y dificultad para respirar. Los casos más graves ocurren en personas con enfermedades crónicas, como enfermedades del corazón, del pulmón o inmunodeficiencias. La letalidad no se sabe con exactitud, ya que los casos leves no son diagnosticados o no se registran. En ocasiones la enfermedad se pasa de manera asintomática. Si el virus muta como el de la gripe, la vacuna que descubramos, no nos servirá para la próxima mutación. Es decir, que tampoco sabemos, a ciencia cierta, si se trata de otra gripe diferente o de un coronavirus nuevo.

En algunos países, como España, se ha optado por decretar el Estado de alarma, por 15 días o más, e incrementar las medidas higiénicas. Evitar el contacto con personas infectadas. Evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca con las manos sucias. Cubrirse la nariz y la boca con un pañuelo desechable al toser o estornudar y tirarlo a la basura después de cada uso. Limpiar y desinfectar los objetos y las superficies que se tocan frecuentemente. Una cuarentena moderna. Por cierto, las mascarillas no sirven para pacientes sanos, solo para personas contagiadas.

De momento, las medidas que se están tomando van encaminadas a ralentizar los contagios y evitar que el sistema sanitario se colapse como afirma el director ejecutivo del Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS, Michael Ryan. Estas medidas, son paños calientes en un mundo globalizado, no pararán la pandemia. Su efecto puede causar un estado de “histeria colectiva” similar a la “Inquisición o la Caza de Brujas”. Algo similar ocurrió con el ébola o el SARS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio). El problema es que los gobernantes tienen miedo a equivocarse por temor a perder votos, y en última instancia el poder. Lo que están haciendo es la antigua “teoría del rebaño”, es decir, encajar en el grupo. Si muchos países hacen esto, se les copia para parecer que están tomando medidas, aunque sean equivocadas. Son medidas drásticas que se hacen para que los políticos se cubran las espaldas. Lo más razonable sería realizar pruebas masivas a toda la población y tratar a todos los contagiados más graves sin perjudicar lo mínimo posible al resto de la población. Fue lo que hizo Corea del Sur. El problema es que se trata de una tarea casi imposible.

Según los científicos, cada persona infectada puede transmitir el virus a entre 1,4 y 2,5 personas antes de que los síntomas aparezcan. La infección es muy fácil. Se transmite por contacto directo, por las gotas de saliva de menos de 5 micras de diámetro, cuando hablamos o cuando respiramos. También se pueden transmitir por el aire a largas distancias. Se cree que pueden transmitirse también a través de las heces de los contagiados. Las partículas virales pueden depositarse en objetos y superficies próximas.  Se dice que nos podemos contagiar a través de los ojos, nariz y boca. En España se han hecho tarde los tests; de ahí el crecimiento exponencial de los contagios. “Encontrar, aislar, testar y tratar a cada caso para cortar la cadena de contagios” es una estrategia a corto plazo. Por cierto, las autoridades deberían llevar Equipos de Protección Individual (EPI), ya que pueden contagiar a los que no lo estén y obligar a las personas, durante un tiempo prudencial, a llevar mascarilla y guantes.

Las medidas de distanciamiento e higiene pueden ayudar a reducir la transmisión, pero no terminaran con ella. Prohibir la entrada de otros países no servirá de mucho. Solo para detectar algunos casos. La tecnología CPR (que detecta el ARN viral), presente en muchos hospitales, permite confirmar la infección por el virus en unas horas. Una vez hecho solo podemos seleccionar los casos más graves y apartarlos. El coronavirus es como Internet, no podemos poner puertas al campo. No sabemos cuánto tiempo puede durar esto, pero seguro que no serán unos meses. La economía global no puede estar paralizada durante meses sin la certeza de que el virus desaparecerá tras los aislamientos. No sabemos con seguridad, ni de donde surgió el virus; si de murciélagos, pangolines, serpientes o pollos. Todavía hay mucho que aprender sobre el virus.

¿De no estar el coronavirus, no moriría nadie? Según el Instituto Nacional de Estadística, en España murieron 427.721 personas en el 2018 y cerca de 4.000 personas se suicidan al año. Hasta la fecha, los muertos por coronavirus en España superan los 1.000 fallecidos. Atribuir todas las muertes actuales al coronavirus es una falacia y mucha gente lo sabe.

El virus es más letal en personas con problemas de salud previos y personas mayores. Los políticos deben ser valientes y explicar a la población, como dijo Ángela Merkel, que habrá que hacer “sacrificios”, ser pragmáticos y dejar la moral y la ética a un lado por el bien común de la humanidad. Nadie quiere perder a sus seres queridos, pero la realidad es dura y compleja. Si todos los países fuésemos a una en este asunto, se podrían entender las medidas que se están tomando, pero eso no ocurrirá. La supuesta conciencia colectiva está en entredicho. En el ser humano es más fuerte el egoísmo que la solidaridad, de ahí las distintas estrategias a seguir en los países. La estrategia de Brasil, no tiene nada que ver con Reino Unido, México o Italia. El difícil equilibrio entre la economía, la salud y los derechos humanos, puede provocar que una parte de la población se niegue a seguir con las cuarentenas ante la escasa seguridad de que las medidas adoptadas funcionaran. Lo cierto es que no sabemos con seguridad cuanto tiempo duraran estos sacrificios.

En base a todo lo que conocemos, de momento, sobre el virus, lo más inteligente es dejar que la gente se contagie para que desarrolle defensas con el virus y reforzar las medidas higiénicas y de detección de infectados. Si es verdad que en China y Corea del Sur disminuyen los casos sin vacunas conocidas, esto quiere decir que el cuerpo se está defendiendo como hace siempre. Nuestras defensas naturales fabrican los anticuerpos para protegerse. Los contagios bajan en esos dos países porque fueron los primeros en infectarse, y por tanto los primeros en desarrollar inmunidad. Puede que mientras más tarde nos contagiemos, mas tardemos en curarnos, ya que la cadena de contagios puede ser eterna. Los humanos no somos 100% idénticos, existen pequeñas diferencias biológicas que provocan que algunas enfermedades sean más letales en algunos grupos étnicos. Recordemos lo que ocurrió en América con el descubrimiento, la gripe y la viruela. En Filipinas, la gripe paso, prácticamente desapercibida; ya que estaban acostumbrados a las enfermedades transmitidas por los cerdos.

La mayoría de la gente se recupera totalmente del virus entre las dos y las seis semanas, aunque en las personas graves, puede causar diabetes o cáncer. La tasa de mortalidad general, según el Centro Chino para el Control y Prevención de Enfermedades está entre 0,4 y un 2,3%. En las personas de más de 80 años, el índice de mortalidad es del 14,8%. Es evidente que si padeces enfermedades cardiovasculares, diabetes, enfermedades respiratorias crónicas, hipertensión o cáncer, la probabilidad de morir será mayor. Alrededor del 80,9 % de las infecciones del nuevo coronavirus son leves, el 13,8% graves y el 4,7% son críticas. Otros coronavirus como el SARS (10%) o el MERS (20-40%) son más letales. La mortalidad por coronavirus en pacientes sin enfermedades previas es muy baja. Solo del 0,9%.

Hay que admitir, sin parecer inhumanos, que las muertes serán inevitables, sobretodo, en personas mayores o enfermas. Aunque suene duro decirlo, esto es una especie de selección natural biológica. Todavía, no sabemos cuánto tiempo durara esta crisis global. Se calcula que alrededor del 80% de la población mundial se contagiará, y que el virus se convertirá en una enfermedad crónica como la gripe. Llegados a este punto lo más razonable sería levantar la cuarentena, tratar los casos graves, y dejar que la vida siga su curso. La naturaleza es sabia.

Si estás de acuerdo, pásalo y aporta más ideas.

Por Alcides Pimentel Paulino

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