Sociología de la pandemia del Coronavirus

Por Víctor Manuel Peña martes 8 de septiembre, 2020

Por sus altísimos niveles de contagio y de propagación en el mundo, la pandemia del Coronavirus les ha estado dando en la madre a los fundamentos sociológicos de las sociedades humanas.

Nunca nadie se imaginó que una pandemia pudiera tener o alcanzar tal capacidad de destrucción, por lo menos de manera transitoria, sobre las esencias sociales de las sociedades modernas.

Y decimos transitoria porque la vacuna primero y luego el medicamento que se invente para curar el Coronavirus no permitirán que se extinga o que zozobre la especie humana, no obstante la caótica y crucial encrucijada por la que atraviesa actualmente.

La socialidad y la sociabilidad, ínsitas al proceso de socialización de los seres humanos, se vienen desarrollando desde tiempos inmemoriales incluyendo las diferentes etapas de la comunidad primitiva –salvajismo y barbarie-; comunidad ésta en la que comenzó el proceso de formación de la familia.

Históricamente la socialidad y la sociabilidad se han desarrollado en el contexto de las relaciones de producción y de propiedad, de la división del trabajo y de las relaciones de interdependencia que se establecen vía el funcionamiento de los mercados y sus mecanismos de operatividad.

La socialidad y la sociabilidad implican el desarrollo de vínculos y afectos entre los seres humanos incluyendo los esquemas de saludos, conversación e interacción entre los seres humanos.

En definitiva y en esencia, el ser humano, producto de la sociedad, es un ser eminentemente social  y sociable.

La pandemia del Coronavirus interrumpe y lacera violentamente la socialidad y la sociabilidad del ser humano.

Para obviar el contagio del Coronavirus hay que sumergirse en la esclavitud moderna del confinamiento y en el distanciamiento físico.

Para evitar el contagio también han sido prohibidas todas las prácticas sociales: ir al cine, ir a restaurantes, los cumpleaños, las prácticas deportivas, los bailes, los conciertos en vivo, etc., etc., etc.

Y esas prácticas sociales se han evaporado hasta entre los miembros de una misma familia: entre esposos, entre padres e hijos, entre hermanos, etc.

Hasta cuando muere una persona, por la causa que fuere, los familiares y amigos no pueden expresar plenamente sus sentimientos de dolor y de solidaridad debido a las restricciones impuestas por el Coronavirus.

Pero al mismo tiempo el Coronavirus ha profundizado hasta más no poder el distanciamiento social, es decir, el distanciamiento entre las clases sociales.

Está claro que el contagio producido por el Coronavirus no discrimina entre clases sociales. Pero sí son diferentes las actitudes y capacidades de las diferentes clases para hacer frente a los contagios.

Y naturalmente las reacciones y comportamientos de los centros hospitalarios, clínicas y hospitales, no son los mismos frente a un ricachón que frente a un pobre diablo!

O sea que el Coronavirus se ha encargado de enterrar la socialidad y la sociabilidad de los seres humanos, es decir, la esencia de los fundamentos de la vida humana y de la vida en sociedad.  Y el toque de queda implica de por sí una tremenda limitación del ejercicio de la libertad.

Definitivamente el desarrollo de la vida humana y de la vida en sociedad no es posible con tantas restricciones.

Ya hay sectores de la población en Inglaterra, en Alemania y en otros países que han comenzado a manifestarse públicamente en contra de las restricciones de la pandemia. En el caso de Alemania, se dice que esas marchas están siendo promovidas por sectores de la ultraderecha.

El mundo de la post-modernidad está asediado y golpeado por la esclavitud del racismo o la discriminación racial, la esclavitud de las desigualdades, la esclavitud de la pobreza extrema, la esclavitud de la contaminación y del cambio climático y desde diciembre de 2019 tenemos la indeseada presencia de la esclavitud excepcional del Coronavirus.

La superpoderosa esclavitud del Coronavirus no solo ha estado borrando los fundamentos y cimientos de la vida humana y de la civilización pos-moderna, sino que ha estado acabando con la vida humana.

Ya las estadísticas mundiales registran más de 800 mil muertos y más de 27 millones de contagiados en nueve meses de vigencia de la pandemia en el mundo!

Es lógico que la especie humana sobrevivirá a esta pandemia: en el mundo hay 7 mil 700 millones de habitantes, y todavía no está contagiado ni siquiera el 1% de la población mundial.

Aún así los efectos sobre la vida han sido y son escalofriantes y muy torturantes pero, además, con secuelas imborrables sobre la mente, la conciencia y los sentimientos de las gentes.

El ser humano de la modernidad y la pos-modernidad no nació para vivir aislado y en soledad: nació para vivir en interacción permanente con sus congéneres

La reproducción social del ser humano está en la sociedad: con la sociedad cerrada está cerrada o bloqueada la reproducción social

El mundo post-pandemia o el mundo nuevo que hay que reconstruir sobre las cenizas del Coronavirus tienen que tomar lo mejor de las tendencias de la vida humana en la post-modernidad.

La sociedad post-pandemia no será diferente en esencia de la sociedad antes de la pandemia.

Pero la sociedad antes de la pandemia del Coronavirus y la sociedad pos-pandemia son preferibles a la sociedad enclaustrada y esclavizada (enjaulada) que tenemos en medio de la pandemia.

En la sociedad de la pandemia, asaltada y cruzada transversalmente por el pánico y la desconfianza total, nos tenemos miedo los unos a los otros!

Autor: Dr. Víctor Manuel Peña

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