Sociedad, partido y Gobierno

Por Antonio López Guzmán Lunes 27 de Marzo, 2017

En la militancia y la dirigencia del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) existe un consenso en torno a reconocer que el Partido se ha venido desvinculando, de manera progresiva, de la sociedad, también hay acuerdo en relación a las causas de tal desvinculación: el ejercicio del poder y la masificación de su membrecía a partir del año 2002.

En adición a lo anterior es pertinente destacar que de manera paralela y progresiva se ha estado verificando una desvinculación de la dirigencia, en sus diversos niveles, y la base partidaria.

Entendemos que esta última modalidad de desvinculación está ligada a lo que Robert Michels llama la Ley de Hierro de la Oligarquía, la cual enuncia en los términos siguientes en su libro Los Partidos Políticos: “La organización es lo que da origen a la dominación de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegadores. Quien dice organización, dice oligarquía.”

Michels plantea que a medida que el Estado moderno se torna cada vez más complejo, los partidos políticos, sobre todo si son mayoritarios, y más aun si ejercen el poder, aumentan también su grado de complejidad y por razones técnicas, administrativas y practicas deben desarrollar un liderazgo fuerte y una amplia burocracia partidaria, la cual, por las mismas, razones, tiende a la especialización y a la profesionalización y en su ejercicio va adquiriendo una serie de competencias, vínculos y conocimientos que no están al alcance del simple simpatizante o militante, todo lo cual lo va separando de este. Es así como se va conformando una oligarquía partidaria que se apega a sus posiciones de poder, limitando la democracia y la participación de todo el que sea percibido como ajeno a ella.

Lo anterior implica el desarrollo de un proceso de burocratización y oligarquización que Robert Michels explica en los términos siguientes: “en un principio los líderes surgen espontáneamente, sus funciones son accesorias y gratuitas. Muy pronto, sin embargo, se convierten en líderes profesionales, y en esta segunda etapa del desarrollo son estables e inamovibles” y de este modo, a juicio de Michels, “la democracia acaba por transformarse en una aristocracia por la imposibilidad de la masa de adquirir las competencias necesarias y su dependencia de un liderazgo”.

Si bien los referidos planteamientos de Michels enuncian lo que puede considerarse una tendencia organizacional, la misma no constituye una necesidad ineludible; por el contrario, creemos que tal tendencia, en general y en el caso especifico del PLD, puede ser contrarrestada con la adopción y aplicación de una normativa adecuada orientada a la ampliación de la participación en la conformación de la voluntad de la organización, la democracia interna y el establecimiento de mecanismos de renovación de las estructuras internas que no puedan ser burlados por la elite partidaria.

El referido proceso de desvinculación (del Partido con la sociedad y de la dirigencia con la base) se ha dado de manera paralela con una virtual paralización de la vida orgánica (los organismos, exceptuando el Comité Político, ni siquiera se reúnen) y un proceso de pérdida de la esencia ideológica originaria que le imprimiera Juan Bosch al PLD desde su fundación, conformándolo como una organización democrático-liberal identificada con el cambio social y con los intereses de la mayoría.

Todo este proceso de transformación regresiva del PLD lo ha llevado a convertirse en una maquinaria electoral que solo se activa en tiempos de elecciones.