Sociedad libre de patógenos

Por Carlos Martínez Márquez lunes 16 de enero, 2017

‘’La corrupción del alma es más vergonzosa que la del cuerpo. ’’ Vargas Vila

No todo el que delinque o atenta contra el erario público o privado, necesariamente, no fue porque no tuvo una crianza de rigor. Nos pasamos toda una vida dando seguimiento a nuestros hijos y ver su comportamiento de cómo evolucionan en la sociedad. Yo, particularmente, me fue imposible hacer desmadres que no estuvieran dentro de las expectativas de mis progenitores. El temor a las consecuencias del que dirán, me ha servido, a nunca caer en tentaciones. Y me siento súper satisfecho de ser quizás, un gran aventajado, por haber exhibido una conducta de portafolio para orgullo de mis hijos.

Quiero significar que la sociedad tiene que trabajar en esa dirección, que en estos nuevos tiempos, el hacer riqueza constituye un instrumento que hace perder el juicio y genera enfermedades físicas y existenciales. No pueden conciliar el sueño aquellos que tienen rabos kilométricos que les puedan pisotear. Esta sociedad está viviendo más rápido que inmediatamente. Debemos aprender a vivir de los procesos. Todo ser humano tiene derecho a una vida holgada y sosegada, que las cosas no nos lleguen en contra del tiempo. La probidad es lo más excelso que pueda uno tener en la vida.

La corrupción es una gran realidad, de que la misma, forma parte de una cultura que atenta contra la dignidad de una persona, grupo o nación: de ahí, la mentira, el engaño y el soborno, etc. La gran preocupación de todo esto, es que la sociedad está asumiendo estos malos hábitos como algo normal. Es difícil detectar los casos de corrupción por esa apatía que obnubila a quienes entran en el juego de la prisa por lo ilícito y lo fácil.

La corrupción éticamente, denota, todo aquello que va en contra de la norma que cada grupo humano adopta y consagra, para poder estimular su acción colectiva, que nos haga sobrevivir en una sociedad civilizada y desarrollada. En síntesis, la corrupción atenta y daña la dignidad de una persona que exige ser respetada. Para no caer en los tentáculos y en la trampa de la ambición (…) debemos trabajar en la prevención de lo ilícito y anti valores; educando a nuestros hijos, en la que su hábitat y zona de confort sea un ambiente sano, en donde la ignorancia no sea un impedimento que les genere conciencia de transparencia. Los ciudadanos hemos sido víctimas de este flagelo generacional, porque nos han robado millones y millones de razones, que bien pudieron haber sido útiles para hacer mejores propuestas en torno al desarrollo educativo del que todos soñamos.

Todavía estamos a tiempo de rescatar la sociedad, señores. Emulemos lo bueno de los países desarrollados. Este es un país bueno y el que todos queremos. Los paraísos fiscales de una minoría, están matando la ilusión y la moral de países pequeños como el nuestro. Somos más los que podemos cambiar el rumbo de esta pequeña isla. La conciencia ciudadana, es importante, para llamar la atención con carácter profundo de seriedad a los gobernantes y a los administradores y hacedores de leyes.