Sobre la verdad y la mentira

Por Borja Medina Mateo domingo 8 de diciembre, 2019

La filosofía antigua definió claramente lo que en la realidad se distingue como verdad o mentira. Aristóteles, lo explicó de la siguiente manera: “Lo que es y se dice lo que es; y lo que no es y no es: es la verdad. Lo que se dice que es y no es, y lo que se dice que no es y es: es mentira”.

Sin embargo, es todavía más complejo. Ya que, otra corriente filosófica establecía que la verdad como tal no existe, sino, más bien, una percepción de la verdad. Por tanto, la realidad en sí no existe, por el contrario, lo que se da es una construcción social de la realidad. Es decir, lo que individualmente se percibe de una manera u otra, es lo que socialmente queda determinado como realidad. Sea entendido como verdad o mentira.

La concepción Marxista lo planteó en los siguientes términos: “El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico”.

Ese planteamiento nos ubica, entonces, en un contexto práctico de las ideas. Eso significa, que, nos coloca en la manifestación apreciable de la verdad o la mentira, conforme a la premisa inicial.

Pero, decía Ortega y Gasset que: “el hombre es él y sus circunstancias”. O sea, según la circunstancia en que el individuo se encuentre su percepción será interpretada como verdad o mentira. Más aún, si hay una conscienciaprevia de la finalidad de su expresión.

Por tanto, de acuerdo a las intenciones e intereses que acompañen una expresión del pensamiento o ingenio humano, se puede calificar concluyentemente de verdad o mentira.

Ahora bien, puede darse un hecho real y probado que seutilice para construir una verdad presentada como un acto mentiroso con el objetivo de dañar la honra y la dignidad de una persona. Es decir, con elementos verdaderos fabricar un escenario ficticio con el fin de cuestionar a quien articuló “la mentira”.

Asimismo, puede ocurrir, que una persona eluda decir la verdad de una acción noble porque en el momento en que se efectúa no sea propicio o conveniente. Pero, eso no implica, por consiguiente, que tal persona sea “mentirosa”. Sino, más bien, habría que calificar y justipreciar en la praxis la nobleza de la acción final, según la citada definición Marxista. Así se sabe, efectivamente, si lo que se hizo y quien lo hizo corresponden a la verdad o a la mentira.

En cambio, ignominioso, inmoral e indigno sería quien utiliza la mentira de forma viciosa y despiadada, para dañar u obtener intereses malsanos. Así como tampoco estarían correctos quienes mienten para que la verdad no resplandezca. Hay actividades, en la que estos últimosabundan, por ejemplo: la política.

Alan Moore, autor de “V for Vendetta”, dijo: “Los artistas mienten para decir la verdad mientras los políticos mienten para ocultarla”.

En palabras llanas, eso quiere decir que hay quienes ejercen la política sobre la base de premisas y cosas falsas a los fines de alzarse con alguna cuota de poder que, para mantenerla, usan la mentira como herramienta fundamental para ocultar la verdad. Puesto que, de saberse la verdad su cuota de poder o privilegios puede ser retirada por quienes les siguen y votan.  Eso, en algunos casos, significa el único método para procurarse la subsistencia en los estilos de vida que se autoimponen, los cuales, muchas veces, son parte de una construcción falsa e incierta. Ello así, verbigracia, porque se obstinan en penetrar a espacios sociales, de clase alta o de poder, como forma de negación psicológica sobre su propio origen.

En cambio, la afirmación de que: “los artistas mienten para decir la verdad”, se ajusta de forma exacta a los escritores, si son vistos desde la perspectiva de lo que implica “el arte de escribir”. Debido a que, quienes nos esforzamos mínimamente en hacernos de la cultura que sustente nuestros escritos, lo hacemos, muchas veces, para saber elaborar formas y maneras de expresar lo que conduzca a la verdad. Vale reconocer que, en ocasiones, con un nivel de ambigüedad que pudiese parecer mentira, pero, con el único fin de que se exprese y florezca la verdad.

En fin, en los siglos XV y XVI, en el trance entre la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna, muchos políticos se empecinaron en escoger a autores, artistas e intelectuales prometedores para acusarlos de “mentirosos compulsivos y sin arreglos”, en vez, por el contrario, de abocarse a la cultura, al estudio y conocimiento de los conceptos que ellos formularon para la humanidad. Pero, al final, sus creaciones quedaron establecidas como verdad y reconocidas universalmente como: El Renacimiento. Los acusadores quedaron desmoralizados, desacreditados e inutilizados políticamente. Ahí esta la historia.

Finalmente, para el siglo XIX, la literatura del realismo nos guarda al poeta, Ramón de Campoamor, quien, en su conocido poema, “Las dos linternas”, tiene una estrofa que dice: “De Diógenes compré un día la linterna a un mercader; distan la suya y la mía, cuanto hay de ser a no ser. Blanca la mía parece; la suya parece negra; la de él todo lo entristece; la mía todo lo alegra. Y es que en el mundo traidor nada hay verdad ni mentira: todo es según el color del cristal con que se mira.

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