Sobre la política exterior dominicana

Por Víctor Manuel Peña lunes 14 de septiembre, 2020

Por:  Víctor Manuel Peña

En la actualidad la política exterior de Estados Unidos está centrada en una guerra comercial abierta contra China Popular y la Unión Europea. Incorrecta o no, la guerra comercial que el gobierno de Trump le ha declarado a China Popular y a la Unión Europea constituye el centro de gravedad de la política exterior de Estados Unidos en la actualidad.

¿Debe ser ésa la política exterior de República Dominicana o debe ser otra nuestra política exterior?

Nuestro país es un país pequeño, pobre y subdesarrollado, además, que no está en capacidad de decidir nada en el mundo: solo las potencias están en capacidad de decidir cosas en el mundo o de influir en el mundo.

Si República Dominicana no está en capacidad de decidir nada en el mundo, entonces su política exterior no puede ser ni debe ser una reproducción o una fotocopia de la política exterior de ninguna potencia o superpotencia. La política exterior de un Estado pequeño como la República Dominicana debe ser una política exterior de buena vecindad con todos los Estados soberanos del mundo sean potencias o no.

El Estado dominicano está moral y jurídicamente obligado o llamado a ejercer su soberanía en la definición y aplicación de su política exterior.

El hecho de que Estados Unidos sea nuestro principal socio comercial no es causa ni razón ni motivo para que la República Dominicana renuncie al ejercicio de su soberanía en materia de política exterior, es decir, no debemos reproducir o fotocopiar la política exterior de Estados Unidos.

En caso de que nos dedicásemos a fotocopiar la política exterior de Estados Unidos no tendríamos nada que hacer frente a Haití: ¡no podríamos ejercer nuestra soberanía frente a la nación que comparte la isla con República Dominicana!

Por primera vez a un presidente de Estados Unidos se le ha ocurrido imponer a un norteamericano como presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, cuando ese puesto hasta el día de hoy lo había ocupado una persona de Iberoamérica o de América Latina.

La República Dominicana está entre los 23 países, de los 30 de 48, de Iberoamérica y del Caribe que votaron por el candidato de Donald Trump. De esos 23 países de Iberoamérica y el Caribe sólo se abstuvieron de votar Chile, México, Perú, Argentina, Trinidad y Tobago y los países de la Unión Europea.

¡Muy lamentable que la República Dominicana no se ciñera la bandera de la dignidad o de la dignidad latinoamericana en el ejercicio de su soberanía en la elección del nuevo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo!

El Estado de América Latina y el Caribe que esté postrado ante la administración Trump va a ser un gran recipiendario o beneficiario de la política de financiamiento del BID.

Pero, además, Trump quiere proyectar la falsa imagen, de cara a las elecciones presidenciales del 6 de noviembre en Estados Unidos de que tiene buenas relaciones con América Latina y el Caribe.

El Estado dominicano no debe entrar en el juego de la geopolítica mundial de las grandes potencias.

En el orden de la globalización Estados Unidos y China Popular se han estado necesitando mutuamente: no hay manera de que Estados Unidos pueda excluir a China Popular de participar en el proceso mundial y viceversa

Esa confrontación dominante entre las dos superpotencias no es ideológica como ocurrió en la Guerra Fría entre Estados Unidos y la exURSS, sino una confrontación en el marco de las dimensiones económicas, tecnológicas y financieras propias del orden de la globalización, es decir, en el marco de la matriz ciencia – tecnología de punta- innovación- productividad- competitividad.

No se trata, pues, de una confrontación entre dos sistemas sino de una confrontación entre dos superpotencias en el marco de la economía de mercado vigente en el orden de la globalización. Claro, que subyace en el fondo una lucha por la supremacía de la hegemonía de una u otra superpotencia en el escenario o contexto del orden de la globalización.

Lo novedoso o extraño de todo este tinglado de la geopolítica mundial es que nadie creía que 41 años después del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y China Popular en 1979, China Popular iba a estarle disputando a Estados Unidos su supremacía en el orden de la globalización, es decir, en su propio terreno.

China Popular tuvo que valerse de la economía de mercado para alcanzar los niveles de industrialización, de modernización y de desarrollo que hoy exhibe, siendo una sociedad que exhibe también acentuados y crecidos índices de desigualdad social y de pobreza extrema.

Estados Unidos y China Popular son los campeones de la contaminación en el mundo.  El cambio climático no hubiese sido posible sin la contaminación del medio ambiente y de la atmósfera, específicamente de la capa de ozono. El Estado dominicano como Estado soberano, libre e independiente no tiene vela en esa beligerante confrontación entre las dos superpotencias.

Lo correcto es que la República Dominicana siga ejerciendo su soberanía en su política exterior estableciendo y fortaleciendo sus relaciones diplomáticas y comerciales con todos los Estados soberanos del mundo. República Dominicana debe mantenerse al margen de esa confrontación entre Estados Unidos, China Popular y la Unión Europea.

En definitiva y siempre la política exterior dominicana tiene que expresar y reflejar la soberanía del Estado nacional.

 

 

 

 

 

 

 

 

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