Sobre la Ley 630‐16  del MIREX y la diplomacia en República Dominicana

Por Nelson J Medina jueves 8 de agosto, 2019

La  Ley Orgánica 630‐16 del Ministerio de Relaciones Exteriores (MIREX),  ha sido sin duda el instrumento jurídico más amplio e innovador desde el nacimiento de la institución. En tal sentido, este componente legal surge por la necesidad de realizar una transformación no solo dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores, sino también en todo el servicio exterior; igualmente, adecuarla al contexto normativo actual de la administración pública dominicana. No obstante, la misma ley, por primera vez en la historia establece explícitamente los lineamientos y objetivos por los cuales se guiará la política exterior de nuestro país.

Asimismo, existen dos instituciones para llevar a cabo una mayor eficientización dentro y fuera del Ministerio, estas son: el Instituto de Educación Superior en Formación Diplomática y Consular (INESDYC), y el reciente Instituto de Dominicanos y Dominicanas en el Exterior (INDEX).

El primero nace con la finalidad de darle una formación sólida a los recursos humanos que se encuentran  laborando allí, así también como aquellos que aspiran a ingresar a la carrera diplomática; el segundo, como método de promover la defensa y el apoyo a la diáspora dominicana en el exterior.

En efecto, la institución que dirige la política exterior y se encarga de posicionar a la República Dominicana en el contexto global, cuenta con un marco normativo que le permite desarrollarse a la vanguardia del presente siglo. Como consecuencia, sería pertinente iniciar un proceso de readecuación  de todo el servicio exterior y el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Es decir, evaluar, amparándose en la ley, qué cantidad de funcionarios efectivamente se necesitan y qué tantas son sus competencias intelectuales  y profesionales. Así también, limitar el tiempo que duran en el exterior  y  velar por su buen desenvolvimiento, para de esa manera  adaptar a la práctica real, lo que manifiesta la Ley  630‐16.

De manera que, sostener firmemente en el tiempo la aplicación de la ley, en todos los estratos de la institución, permitirá tener la prestigiosa, funcional y eficaz Cancillería que tanto merece nuestro país.

 

Diplomacia dominicana

En la Era de Trujillo la diplomacia dominicana gozaba de un clima de disciplina y prestigio en todas partes. Esto se debía, probablemente, a que para la época afamados intelectuales dominicanos eran quienes ostentaban los altos cargos diplomáticos. Por ese motivo, desempeñaban sus funciones al nivel más óptimo en aquel entonces.

Actualmente, la diplomacia dominicana ha sido víctima de una tergiversación notoria en cuanto a la funcionabilidad de algunas de sus misiones se refiere. Por causa de que ha habido una masificación constante al ingreso en el Ministerio y el  servicio exterior en los últimos años.

Esto sin importar, cuáles conocimientos y habilidades pueda tener un individuo para cumplir con una determinada función. Dicha situación trae como consecuencia un desarrollo contrario a lo que establecen los parámetros diplomáticos tradicionales y, además, los más modernos.

Es por eso que debemos de hacer énfasis en que se ejecute la ley en todas sus dimensiones, no solo para tener un servicio exterior a las alturas de las demás naciones, sino también,  para ostentar el orgullo de que nuestra Cancillería goza de participación organizada e inclusiva y además altamente calificada.

Muchos alegan que la diplomacia es la parte elegante y transparente de la política. Por tanto es exportada al ámbito internacional. En tal sentido, ha de ser llevada con el mayor grado de dignidad, decoro y capacidad en todos sus niveles a los países del mundo, a través de sus respectivas delegaciones. Por consiguiente, diplomacia es mucho más que acudir a glamurosas cenas, degustar buenos vinos, codearse con personalidades influyentes, entre otras cosas.

Hoy día, la diplomacia implica la responsabilidad de defender los intereses de la nación en todas sus facetas ante cualquier territorio u organismo internacional. Es un compromiso serio que busca las mejores alternativas para la resolución de controversias, la integración entre regiones que permitan un desarrollo equilibrado, el intercambio comercial, la negociación y cooperación intergubernamental; en fin, un sinnúmero de tareas completamente sensatas.

Sin duda, Kofi Annan acertó cuando pensó que la diplomacia amparada en el conocimiento, el adiestramiento constante y la prudencia; hacían más fuertes las naciones.

Así  debe ser  la diplomacia en la República Dominicana siempre.

Por Nelson J. Medina

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